Eterno Redford

Cincuenta años en la profesión como actor, director y productor han sido “la disculpa perfecta” para otorgarle un reconocimiento que, tal vez, otros le niegan.

Icono de fecha 05 May 2015 Icono de autor Amalia Enríquez
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Robert Redford antes de recibir el Premio Chaplin. Foto: Chris Pizzello/Invision/AP
Robert Redford antes de recibir el Premio Chaplin. Foto: Chris Pizzello/Invision/AP

Acaba de recibir en Nueva York el ‘Premio Chaplin’ a toda una vida, prestigioso galardón concedido por la Asociación del Cine del Lincoln Center y que solamente poseen unos privilegiados como Sidney Poitier, Tom Hanks, Martin Scorsese y Clint Eastwood. Cincuenta años en la profesión como actor, director y productor han sido “la disculpa perfecta” para otorgarle un reconocimiento que, tal vez, otros le niegan. 79 años le contemplan y, aunque su rostro es ya un mapa de arrugas que reflejan sus vivencias, Robert Redford sigue conservando dos faros azules por ojos, que le permiten ser casi irresistible. 

Nunca he ocultado mi absoluta y rendida admiración por este “rubio de oro”. De niña me pasaba las horas viendo sus películas. Le sigo desde ‘El Golpe’ (1973), aunque conozco de memoria su etapa anterior. Mientras mis amigas bebían los vientos por su eterno amigo Paul Newman, yo prefería fijar mi mirada en esa cara plagada de pecas que, sin destacar tanto como su acompañante de aventuras, siempre se acababa llevando a la más guapa del baile.

Paul Newman y Robert Redford en 'El Golpe'. Foto: Tumblr
Paul Newman y Robert Redford en ‘El Golpe’. Foto: Tumblr

Nunca imaginé que acabaría teniendo el privilegio de conocerle. La primera vez que le tuve delante fue en Munich. Presentaba a la prensa europea ‘La leyenda de Bagger Vance’ (2000). No fue su mejor trabajo detrás de las cámaras y así lo reflejó la taquilla, pero a mí me sirvió para conocer “en la distancia corta” a uno de los grandes. Con el pelo rubio, entremezclado de canas y gafas de pasta oscura que le daban un aire de intelectual, Redford me habló de su pasión por el golf, del placer de sacar lo mejor de un actor desde detrás de la cámara, de su fascinación por las artes escénicas y por la pintura, profesión de su actual pareja. Cuando la publicista me indicó que me faltaba un minuto para terminar la entrevista, quise que – como ocurre en algunas películas- se parara el tiempo para poder seguir disfrutando de aquella conversación.

La profesión me regaló, después de aquella, unas cuantas entrevistas más en las que el hombre al que mejor le sientan los vaqueros del mundo, me dedicó parte de su tiempo libre para hablarme de su época hippie en Marbella y de sus andanzas por Mallorca, cuando apenas era conocido. Nos encontramos, por última vez, en el Festival de Venecia hace dos años, donde me saludó con ese habitual rostro, cincelado por esos surcos que reflejan sus experiencias vitales y una sonrisa cercana, ausente de vanidad, que le hace adictivo.

Robert Redford. Foto: biografias.com
Robert Redford. Foto: biografias.com

Creador, hace 20 años, del Festival de Cine Independiente de Sundance, Redford es hoy uno de los máximos exponentes del cine de Hollywood. Respetado por unos, envidiado por otros, ningún actor deja de responder a su llamada. Dicen que detrás de la cámara, junto con Eastwood, es quien mejor entiende a los intérpretes. Motivo añadido para que los que más saben de cine le hayan otorgado el ‘Chaplin’ y le hayan subido al Olimpo de los elegidos.

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