#CloseTo Inma del Moral: “Soñé ser modelo. Lo demás se cruzó en mi camino”

Saltó a la vida pública por su trabajo en 'El Informal'. Hablamos con ella de esa etapa y de su nuevo libro, 'Vivir sin gluten'

Icono de fecha 28 Mar 2017 Icono de autor Amalia Enríquez
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Tenemos que remontarnos casi veinte años atrás para recordar la revolución mediática que supuso la irrupción en televisión de Inma del Moral. Las redes sociales, que ahora encumbran o defenestran a un personaje, eran un mero proyecto. Su descaro como reportera de ‘El informal’, unido a una belleza que aún hoy conserva, fueron sus mejores armas de seducción. Nos reencontramos al amparo de una buena mesa, en ‘El Qüenco de Pepa’, y no pasan desapercibidas las miradas de otros comensales, que recrearon su vista durante todo el almuerzo. Ya reza el refrán que “la que tuvo, retuvo”

Inma conserva la belleza de cuando trabajaba en ‘El Informal’

The Luxonomist: Muchos se estarán preguntando qué ha sido de tu vida en todo este tiempo…
Inma del Moral: Si no estás en televisión parece que no existes, pero aquí estoy (risas).

TL: ¿Qué fue de tu vida desde el momento en el que tu presencia mediática se quedó aparcada?
IDM: Imagino que te refieres a la etapa de ‘El informal’. ¿Sabes lo que pasa? Cuando tienes un éxito tan grande, todo lo demás se hace poco. En ese programa estuve solo un año, aunque haya parecido que toda una vida.

TL: Yo creo que tenemos esa sensación porque era un momento muy especial, no había ese tipo de programas en las televisiones, como ocurrió después, y no pasabas desapercibida. Tu físico era algo también determinante…
IDM: El impacto estuvo en la novedad. No había nada igual y la atención estaba concentrada en ese programa. Los que vinieron después tuvieron ese foco mediático más disperso.

Con 17 años se fue a vivir a Italia donde trabajó como modelo

TL: Después de esa etapa de una popularidad desbordante ¿cómo reciclas tu vida?
IDM: Nunca enfoqué esa etapa como una ruptura. Mi vida, después del programa, fue una continuidad. Seguí trabajando en la tele, hice muchos programas después de ‘El informal’. Hice cine, series y la vida continuó su camino.

TL: ¿Nunca echaste de menos, con el paso del tiempo, lo vivido en aquel momento?
IDM: La verdad es que no. A pesar de la repercusión que tuvo y el recuerdo que le queda a la gente, para mí no fue tan determinante. Fue un año en el que viví una gran experiencia, pero no te creas que es lo más intenso que me ha pasado en la vida (risas).

TL: No tengo la menor duda, pero lo que viviste no sé si fue fácil de gestionar…
IDM: La verdad es que alguna vez me he preguntado cómo no perdí la cabeza. Lo gestioné con naturalidad. Cuando terminó, me pasé un año pseudo sabático en casa con quien hoy es mi marido, al que gracias a Dios conocí en aquella época y con el que sigo hoy en día. Mi vida personal era super sólida y eso es lo que me hizo tener los pies en la tierra. Con el paso del tiempo, tiendes a quedarte con lo bueno pero, no cabe duda, sufrí momentos de mucho agobio, acoso y de cosas que no me quiero ni acordar, pero son etapas.

Así se hizo el selfie de la portada con nuestra compañera Amalia Enríquez

TL: ¿Fue lo peor de la fama?
IDM: Yo creo que sí pero, con el tiempo, tiendes a relativizarlo todo, te haces adulto y la madurez es maravillosa para gestionar todo esto. Se pone cada cosa en su lugar y yo he situado esa etapa como una anécdota más de mi vida.

TL: Los demás no lo veíamos así…
IDM: La perspectiva vuestra y la mía es muy distinta. Tenía 24 años y ojalá hubiera tenido más madurez y fortaleza en aquel momento para digerirlo de otra forma. Yo no lo viví como algo tan desorbitado. Me lo pasé muy bien, lo disfruté muchísimo y ya. Ahí se queda.

TL: ¿Eres de volver la vista atrás?
IDM: No tanto, la verdad… pero, si lo hago, te reconozco que tengo una mirada al pasado muy amable. Al final me quedo con lo positivo. Hay cosas que se me olvidan porque, por suerte o por desgracia, tengo bastante mala memoria. Mi madre se acuerda de todo y la mayoría de las cosas me las dice ella.

La fama no la cambió

TL: ¿Qué habrías dado, en el momento de mayor popularidad, por salir a la calle y ser tú la que miras y no a la que miran?
IDM: Si te digo la verdad, no tenía tiempo para reparar en eso. Iba todo muy rápido, trabajaba muchísimo, incluso fines de semana y, por encima de todo, lo que quería era disfrutar con lo que hacía y lo logré, porque me divertí mucho. Yo venía de una vida anónima y me tomé aquello como algo pasajero. Nunca pensé que iba vivir de eso siempre y con esa intensidad mediática, tenía claro que podía dejarlo cuando quisiera. Y es lo que hice.

TL: ¿Cómo llegaste a esa aventura?
IDM: Fue algo casual. Ni lo busqué, ni lo imaginé. Surgió la oportunidad y me subí en un tren al que me trajeron, porque yo vivía en Italia en esos años. Trabajaba de modelo, vivía allí y no tenía ni idea de la televisión que se hacía en España. Vine a probar a ver qué tal, lo hice durante un año, cundió mucho… y lo que ocurrió después ya lo sabéis.

TL: ¿Dónde busca el ocio Inma del Moral?
IDM: Cuando trabajaba de modelo, que pasaba muchísimo tiempo sola y viajando mucho, leía un montón. Me encantaba leer. No veía nada de televisión. Al viajar tanto, cuando llegaba a una ciudad nueva lo que quería era conocerla. No teníamos estos móviles con gps, así que yo me compraba un mapa, me ponía a caminar y me encantaba perderme. Solo miraba el mapa cuando me tocaba regresar al hotel o el apartamento de turno, pero la vida cambia a tal velocidad que ahora ya ni tengo esa soledad. Ya no voy sola por el mundo. Esa fue mi juventud, me encantó, la disfruté y ahora estoy en otra etapa que me llena absolutamente.

En su libro explica cómo es la vida de un celíaco

TL: ¿Te sentiste respetada en esa época de modelo?
IDM: Tengo que decir que he tenido mucha suerte en este sentido. Me he encontrado siempre con gente muy profesional, buena gente, nunca me ha pasado nada malo. Ahora que soy madre y pienso en esos años, no te creas que no me asusta pensar qué locura, mezclada con temor, de ser tan jovencita y andar sola por el mundo con el mapa en el bolsillo. La verdad es que he sido muy afortunada.

TL: ¿A qué edad decidiste ‘volar sola’?
IDM: A los 17 años me fui a Milán. Iba para tres días a unos desfiles. Estando allí me salió más trabajo y llamé llorando a mi madre para decirle que me tenía que quedar más tiempo. Le pedí que me comprara ropa y me la enviara porque no tenía suficiente con lo que me había llevado. El nivel de libertad que me dieron mis padres para poder vivir esa aventura, es de una generosidad que yo, ahora que soy madre, me da vértigo plantearme.

TL: ¿Fue un disgusto en casa? Porque el mundo de la moda siempre asusta a los padres…
IDM: Fue duro, muy duro. No te voy a engañar. Embarcarse en esa aventura siendo tan jovencita… era difícil de asimilar. En esa época coincidía con Esther Cañadas o Almudena Fernández en París, Milán… había que aprovechar las oportunidades, porque las modelos siempre tenemos la espada de Damocles encima de que “esto se acaba, esto se acaba”.

Perdió 12 kilos hasta que le diagnosticaron la celiaquía

TL: Y se acabó para bien. Vives la aventura de la tele, del cine, de las series… Y ahora de la escritura. Descubrir que eres celíaca te ha abierto un nuevo mundo…
IDM: No lo dudes. Lo supe tarde. Es algo genético que, con el paso de los años, se puede despertar o no. Puedes tenerlo ahí, no se hace evidente y, de repente, se manifiesta. Y eso es lo que me pasó a mí. Después de tener a mi hijo (tiene 10 años ahora), cuando terminé de darle el pecho, empecé a sentirme mal. Tardaron como unos dos años en descubrir lo que era.

TL: ¿Cuáles eran los síntomas?
IDM: Problemas digestivos. Toda la comida me sentaba mal y, al ocurrir eso, el cuerpo va pillando de reservas. Siempre he sido muy deportista y eso me ayudó, pero perdí unos 12 kilos, me quedé muy delgada y cogí una anemia increíble. Me hacían análisis y esa anemia gigante era lo único que salía. Los dolores eran terribles, como cuando comes algo en mal estado, un día tras otro.

TL: Cuando te lo descubren ¿a qué renuncias?
IDM: Al gluten por completo. Y, si te digo la verdad, encantada. No quiero volver a verlo en la vida (risas). Ahora da gusto ver la variedad de productos que ya no lo llevan. A los deportistas de alto rendimiento, como Djokovic por ejemplo, les han quitado el gluten de sus dietas y se ha comprobado que rinden mucho más.

Le encantaban las películas de Fred Astaire

TL: ¿En qué te cambió la vida a ti saber que eres celíaca?
IDM: Básicamente a la hora de comer, con todo lo que eso conlleva. Ahora es más fácil que en los restaurantes tengas menús para nosotros, pero antes te miraban hasta raro. Yo recuerdo que al principio, se negaron a darme de cenar en un restaurante. Pedí una pechuga a la plancha, sin rebozar porque era celíaca y al camarero se le pusieron los ojos como patos, le dio miedo porque no debía tener ni idea de lo que era y me negó la cena. La gente ahora ya sabe lo que es, no tengo que explicarlo. Todas las comidas tienen su versión sin gluten.

TL: Eso lo descubres cuando te pones a investigar, entiendo…
IDM: Claro. Cuando me lo detectan, me empapo de todo. Al principio te asustas porque no sabes qué vas a poder comer y qué no. Dentro de la prudencia, inicialmente te agarras a las cuatro cosas que no llevan gluten y, poco a poco, vas investigando y descubres que puedes comer carne, pescado, fruta, verdura. Todo lo bueno lo puedes comer. No te tienes que privar ni de un bizcocho, simplemente hay que hacerlo con otro tipo de harina. Hay opciones más allá de la harina de trigo, que es a lo que estamos acostumbrados. Hay un montón de variedad de harinas.

TL: Eso lo he descubierto hace poco en Pontevedra. Un día me llamó la atención una tienda de especies, con multitud de sacos y unos colores espectaculares en el interior. Allí conocí el harina de garbanzo para rebozar pescado, por ejemplo, o la de canela para los bizcochos…
IDM: Hay harina de coco, de arroz… En mi libro ‘Vivir sin gluten’ hay un apartado de harinas en el que ves todos los tipos que hay y te explica la composición que tienen. Utilizarlas no debe ser patrimonio solo de los celíacos, sino también de todo el mundo. Encontrarás también todo tipo de semillas, de germinados, cereales…

De las películas actuales, le ha seducido ‘La la Land’

**Me habría encantado poder compartir con vosotros algunas de las fotografías que, en el interior del libro, reflejan con nitidez todo el trabajo realizado por Inma y una nutricionista especializada, pero por muchos intentos que hemos hecho con la responsable de prensa de la editorial, no hemos conseguido que nos mandara ninguna de esas instantáneas.

TL: Siendo hereditario ¿hay posibilidad de que tu hijo lo sea también?
IDM: Posibilidad sí, pero no lo es. Ya se lo he mirado. Es un alivio, pero también es cierto que podría comer de todo y, al estar elaborada la comida de manera más limpia, comes con mejor calidad. Ya no es un drama ser celíaco, todo lo esencial y bueno puedes comerlo.

TL: ¿Escribes el libro como terapia?
IDM: Ese no fue el fin, pero ayudó. En mi búsqueda para saber qué debo o no comer, me sirvieron mucho los testimonios. Me ayudaron muchísimo las experiencias de gente que estaban pasando por lo mismo que yo. Aprovechando que a mí me conoce la gente, creo que es bueno contar en primera persona cómo es y vive un celíaco. La fama es un plus para estas cosas y debemos aprovecharlo. El libro es positivo y está dedicado a aquellas personas que ven en una dificultad, una posibilidad de crecimiento.

TL: ¿Siempre has sido de vaso medio lleno o lo eres desde que conoces la celiaquía?
IDM: Siempre he sido bastante positiva, no me derrumbo con facilidad. He visto en esta circunstancia la posibilidad de aumentar mi calidad de vida. Ten en cuenta que yo me he sentido muy enferma y mi cura ha sido solamente cambiar la dieta. A mí me parece un regalo. Ojalá todas las enfermedades tuvieran esa prescripción. Yo para curarme no tengo que tomar medicinas, solamente necesito comer bien. No tomo nada con gluten y esa es mi cura.

Reconoce que le gustaban las películas de miedo como ‘El Resplandor’

TL: Comer sin gluten se está poniendo de moda…
IDM: Yo no lo interpretaría así. Hay que comer sano, evitar el trigo y sustituirlo por otro tipo de harinas más sanas, que cuidarán mucho más nuestro organismo. Ahora bien, también te digo que yo aconsejo comer alimentos sin gluten hechos en casa. Yo he conseguido no privarme de nada, ni siquiera de los donuts que me vuelven loca, pero los hago en casa, al igual que la leche vegetal. No tomo leche de vaca, la sustituyo por leche de almendra o de soja y las hago en casa, porque las que venden llevan azúcar y ese es otro tema a tener en cuenta. Es muy importante cuidar el aparato digestivo, que es donde tenemos las defensas y los anticuerpos. En el libro te cuento cómo mantenerlo sano.

TL: Vamos a cambiar de tercio completamente. ¿Recuerdas la primera película que viste de niña?
IDM: Recuerdo de niña ver a mi familia viendo la tele, yo en mi habitación, que estaba justo al lado del salón, y haciendo algo completamente diferente porque nunca he sido muy de ver televisión. Sin embargo, en el cine, me encantaba Fred Astaire. Veía todas sus películas y, cada vez que terminaba una, me ponía a bailar (risas). Y, como te puedes imaginar, de las de ahora me ha encantado ‘La la Land’. Entre una y otra, he tenido mis fases. Me gustaron mucho las películas de miedo y ahora no puedo con ellas. ‘El resplandor’ fue una película que me encantó, en esa etapa en la que tenía el valor de verla.

TL: Y esa niña, a la que le gustaba bailar después de ver a Fred Astaire, ¿qué pensaría de la mujer que hoy eres?
IDM: ¡Vaya pregunta para terminar!

TL: Es obligada en estos encuentros. Piensa un poco…
IDM: La verdad es que es una super pregunta, tiene un fondo bonito. Supongo que nos caeríamos bien (risas). Me llevaría bien con ella, porque me muevo muy bien en el mundo de los niños. Se sorprendería al ver lo que he conseguido. Lo único que soñé en mi vida fue ser modelo. Lo demás se cruzó en mi camino, han sido los regalos que me ha ido dando la vida.

*Localización: El Qüenco de Pepa. *Próxima semana: Belén Rueda.

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