Sal del armario, empezando desde casa

Acabar con la discriminación por razón de condición sexual es una responsabilidad social y hacen falta modelos y referentes públicos que ayuden a derribar algunos tabúes.

05 May 2017 Ana Villarrubia

La toma de conciencia de la condición sexual es un proceso que todos podemos y debemos vivir con la naturalidad de cualquier etapa evolutiva. Sea esta condición del tipo que sea. Porque el despertar sexual forma parte de nuestro desarrollo madurativo: con el final de la niñez y el paso a la edad adulta se transforman nuestros impulsos y también nuestras emociones.

Sin embargo, cuando uno se da cuenta de que su orientación sexual es diferente a la de las personas que le rodean (al menos en apariencia) y que coincide, además, con ciertos estereotipos que la sociedad en la que ha crecido ha asociado a vergüenza o desprecio, eso ya es otro tema. La autoestima, que en la adolescencia sigue en plena formación, se nutre de la imagen que otros nos devuelven acerca de nosotros mismos, del afecto que recibimos, de las capacidades y limitaciones personales que percibimos y de la aceptación (sanamente incondicional, en el caso de la familia de origen) que otros nos demuestran y con la que nos hacen sentir seguros y valiosos.

Es fundamental que la familia trate con naturalidad cualquier tema relacionado con la sexualidad

Por todo ello cualquier demostración de rechazo en esta delicada etapa del desarrollo se vive con intenso sufrimiento, especialmente si proviene de las que han sido figuras de apego o de protección, modelos y referentes de vida. La normalización de la sexualidad empieza en casa. Y gracias a la información y a la seguridad que le confieren sus modelos educativos, el adolescente que empieza a sentirse atraído hacia personas de su mismo sexo (como podíamos hablar también del desarrollo de otras orientaciones o identidades de género) aprende a convivir en un mundo que no siempre le será amable pero ante el cual se sentirá digno, capaz de capear la hostilidad que pueda encontrarse o de reivindicarse cuando así lo considere oportuno.

Los estereotipos sexuales dificultan la aceptación de la propia sexualidad por parte de los homosexuales

En el año 2011, 7 años después de la aprobación de la ley que reguló el matrimonio homosexual (y que entraría en vigor unos pocos meses después, en junio de 2015), un estudio encargado por un conocido portal de divulgación de noticias de la comunidad LGTB (entonces ociogay.com, hoy ocioxocio.com) desvelaba que, por muchos avances de los que hayamos sido testigo a lo largo de lo últimos años, aún queda mucho por hacer en cuanto a progreso social e igualdad de género se refiere.

Reflejo de esta realidad es que en el año 2011 mucho más de la mitad de las personas homosexuales no habían salido del armario en muchos de sus ámbitos de vida más relevantes (el 64,9% de las mujeres y el 55,4% de los hombres no se habían declarado homosexual en alguno de sus entornos más frecuentes). El trabajo resulta ser un área especialmente conflictiva y difícil de manejar, donde más de la mitad de las personas homosexuales se inhibe o reprime la expresión de sus emociones antes que airear ni un solo detalle acerca de su orientación sexual, entendiendo que es este un ámbito en el que la discriminación es más temida porque también sus consecuencias pueden colocar en una posición de mayor vulnerabilidad a la persona no heterosexual.

‘Salir del armario’ en el ámbito laboral es complicado por temas de discriminación

Otro dato muy relevante es que el 50,3% de las mujeres homosexuales se habían sentido discriminadas a lo largo de su vida  por el mero hecho de ser lesbianas, como también se sintieron directamente discriminados el 37,7% de los hombres gays. Es lamentable que a una persona se le prive de esta libre expresión de su orientación sexual, porque se le priva con ello de una parte de su identidad, como es lamentable también que exista esta disparidad de cifras entre hombres y mujeres. Nuevamente queda de manifiesto que en contra de la mujer existe discriminación incluso en el contexto de un colectivo ya discriminado.

En esto de la naturalización de la condición sexual de gays, lesbianas, transexuales, bisexuales o de cualquier otro colectivo, se trata de que todas las personas puedan llegar a aceptar y entender con dignidad y cotidianeidad el despertar de sus impulsos sexuales, sigan o no la estela mayoritaria o el convencionalismo mayoritariamente aceptado. Se trata de que la persona viva este proceso como el desarrollo sexual lícito y normal que es.  Por eso es importante que este proceso empiece en casa: porque lo doloroso es tener que enfrentarse a los convencionalismos sociales más rancios encarnados por las personas a las que uno está más estrechamente vinculado.

Más de la mitad de los homosexuales no han destapado su condición sexual en algún ámbito de su vida

No es que sea necesario airear la vida íntima de cada uno, pero sí es verdad que la reivindicación de una identidad propia implica no tener tabúes a la hora de aceptar y reivindicar cualquiera de los componentes de esa identidad. Y eso es solo el principio, porque después el compromiso con la pareja pasará también necesariamente por su reivindicación social.

Por todo ello, es fundamental que el colectivo LGTB y, en general, toda la diversidad sexual tengan una importante y rigurosa visibilidad social. Para que el niño o el adolescente con miedo, y que empieza a esconderse, disponga de modelos fuertes y accesibles en los que poder fijarse y sobre los que poder apoyarse; referentes que hagan que la persona que se siente vulnerable ante sus emociones pueda transitar entre ellas con naturalidad y pueda vivir su despertar sexual libre de complejos.

Aparte de la familia, la escuela es una institución fundamental para promover la igualdad de género

Hacen falta modelos fuertes, como también es imprescindible una buena y auténtica educación en valores que promueva la igualdad por encima de todo. Esta es la mejor prevención contra el rechazo social. Una vez más, todo queda en manos de la familia.  Después, también queda en manos de la escuela y, en última instancia, acabar con la discriminación por razón de condición sexual es una responsabilidad social.

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