Cómo gestionar las rabietas de tu hijo

Las rabietas son normales en niños pequeños pero si no se gestionan de manera adecuada acaban siendo el instrumento de niños tiranos.

15 Jun 2017 Ana Villarrubia

Las rabietas son normalmente características de niños de entre un año y medio y tres años, coincidiendo con el inicio de la identificación de sus propios deseos y necesidades que, por primera vez en su corta biografía, no se encuentran identificados con los deseos y necesidades de su figura de apego. Las rabietas, a veces, empiezan antes incluso de que el niño hable. Y es que el pequeño empieza a diferenciarse de los padres y, en ese proceso su diferenciación, pasa necesariamente por el descubrimiento de numerosos conflictos de intereses y por el fracaso de sus pretensiones. El berrinche es el primer contacto de un crío con el duro mundo de la frustración.

Gestionar las emociones de los niños para evitar rabietas

Pero, por desgracia, las pataletas no son solo propias de niños tan pequeñitos. Las rabietas deberían ir mitigándose con el paso del tiempo, a medida que los pequeños van siendo capaces de gestionar sus emociones, inhibiendo algunas manifestaciones emocionales desproporcionadas para alcanzar la satisfacción de su voluntad mediante otros mecanismos progresivamente más asertivos. Niños (y no tan niños) que han aprendido que sus rabietas funcionan (porque surten efecto), que no se han enfrentado muy a menudo a la frustración de sus deseos (y que, por lo tanto, no han aprendido a gestionar la frustración) o que por diversas razones no han interiorizado habilidades y estrategias de resolución más maduras, continúan manteniendo rabietas como mecanismo de primera elección ante escenarios en los que sus expectativas se estrellan contra la realidad.

Debemos enseñar a los niños que no se puede tener todo

Por eso es muy importante gestionar de manera adecuada cada uno de estos desagradables episodios, de manera que se extinga toda probabilidad de repetición y, de paso, nuestros pequeños se lleven una lección de vida y un aprendizaje que puedan interiorizar. De lo contrario, cuando la rabieta sigue siendo una estrategia predilecta al final de la infancia o incluso en la adolescencia, podemos estar educando a jóvenes caprichosos e insatisfechos, inhábiles para hacerle frente a las vicisitudes de la vida y resolver sus conflictos de manera eficaz. Estos serían, por lo tanto, los pasos básicos para resolver adecuadamente una rabieta e impedir que se convierta en un problema mayor.

Ante una rabieta es fundamental que los padres mantengan la calma para detener la espiral de tensión
  • No te enfades. Aunque parezca imposible es importante mantener la calma, no seguir elevando el tono de la situación. No alimentes su rabia descontrolada con mas enfado porque, si tu reacción es medio parecida en las formas a la de él, entonces estarías dando por válida su forma de actuar ante la frustración.
  • No cedas nunca. Por muy harto que estés y por muchas ganas que tengas de mandarle a paseo (sí, tal cual, por mucho que sea tu hijo), no claudiques, mantente firme. Un paso en falso, una sola señal de que su forma de actuar surte efecto, y contribuirás a generar un modelo de aprendizaje en el que esta es una estrategia eficaz para que el niño consiga lo que desea.
Mantenerse firme sin alzar la voz es buen remedio contra las rabietas
  • Ignora sus provocaciones. Sacarte de tus casillas o hacerte perder el norte es también un objetivo suficiente (y casi necesario) para él una vez ha comprendido que eso que tanto ansiaba no va a poder tenerlo. Si no puede tenerlo, al menos quiere poder vengarse o hacerte sufrir con su descontento. No te inmutes, espera a que se calme y, mientras tanto, ve dándole las instrucciones que sean pertinentes en función de la situación en la que os encontréis.
  • ¡Tiempo fuera! Si prosigue en su intento de sembrar el caos, cambia al niño de escenario y no le prestes más atención que la del mero acompañamiento. O, incluso, déjale solo si estáis en casa o en un lugar seguro y puedes hacerlo, espera a que vaya regulando solo su propia emoción y no prestes atención a su desproporción.
  • Propón alternativas. Desde el diálogo calmado. Siempre desde el mismo rol de tranquilidad y contención. Señálale, según se vaya calmando o se haya calmado del todo, alternativas eficaces y resolutivas para comunicar lo que desea sin llegar a la rabieta. Y genera con él también alternativas ante eso que deseaba tener y no ha podido conseguir. Se trata de que empiece a tolerar la frustración y aceptar que no puede tener siempre lo que desea en el momento en el que lo desea, y que ser eficaz es pensar y actuar con flexibilidad.
  • Refuerza sus conductas alternativas. Refuerza, primero, la extinción de la rabieta. Pero, sobre todo, estate atento a reforzar a partir de ese momento cualquier incursión que el pequeño haga en patrones de conducta alternativos más adultos y eficaces, esos que has tratado de inculcarle y que poco a poco irá ensayando en caso de darse cuenta de que la pataleta es absolutamente ineficaz.

De 'Spice Girls' a 'Spice Moms'
Boeing y Airbus, el duopolio que triunfa