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#CloseTo Andrés Velencoso: “Me tuve que ir. Aquí no me daban oportunidades”

Hoy conocemos de cerca a Andrés Velencoso, modelo reconocido internacionalmente que comienza a hacer sus pinitos en la interpretación.

Amalia Enríquez. 20/06/2017

Tuvo que llegarle una campaña de Louis Vuitton, al lado de Jennifer López, para que los gurús de la moda le tuvieran en cuenta. Era el año 2003. A partir de ese momento, le empezaron a venerar. Atrás quedaban cinco años de castings, pasarelas y viajes por el mundo, siendo “uno más de la lista”. Lo que ganó, en reconocimiento y prestigio, lo perdió en cercanía y accesibilidad con algunos, que es uno de los peajes del éxito. Aun así, reconoce no ha pagado un tributo muy alto por lograr su sueño. Sigue ligado a la moda, pero su objetivo hoy es la interpretación. Acaba de estrenar ‘Señor, dame paciencia‘ y, durante un tiempo, estará rodando al otro lado del charco porque Netflix le ha fichado para su nueva serie, ‘Edha’. Argentina será “su casa” en los próximos cuatro meses.

Le rechazaron en muchas ocasiones por ser “demasiado guapo”

The Luxonomist: Estas conversaciones de amigos van de recordar. Mucho material tenemos.. ¿Mereció la pena “liarse un día la manta a la cabeza” y dejarlo todo?
Andrés Velencoso: Sin duda alguna. Lo decidí un verano, hace unos cuantos años. Estaba cansado de trabajar en el restaurante de mi padre, los estudios no me motivaban… Mi vida se limitaba a trabajar y estudiar. Había trabajado un poquito como modelo en una agencia pequeñita en Barcelona, para ganarme cuatro duros, y la experiencia me gustó.

TL: Abriste una puerta sin pretenderlo…
(risas) La moda llegó a mi vida por azar. Lo que yo quería era hacer Educación Física, que era lo que realmente me gustaba pero, justo antes de hacer las pruebas de acceso, me rompí la tibia, el peroné y los ligamentos cruzados, así que tuve que desistir. Me matriculé en Turismo y empecé a hacer cosas en serio como modelo.

TL: Y llegó el momento de decirlo en casa…
Mi madre fue la que realmente creía en mí. Ella me animó, me veía guapo… ¡era mi madre! (risas) y se puso tan pesada que terminé yendo a una agencia. Con mi padre fue distinto. Me aburría estudiando, no me gustaba la vida que estaba llevando y veía que, con la moda, se me abría la posibilidad de viajar, algo que siempre me ha encantado. Así que me armé de valor y se lo dije cenando, días antes de matricularme. Fue duro. Me dijo que yo era responsable de lo que hacía con mi vida, que en esta profesión no tenía ningún futuro. Me costó convencerle y, de hecho, me fui a Milán sin hablarle. Estuvimos enfadados mucho tiempo.

Sus comienzos en el mundo de la moda no fueron fáciles

TL: Muy visionario no fue, la verdad. ¿Ahora qué dice de todo lo vivido en aquel momento?
Está orgulloso. Es el primero que enseña mis fotografías. Cuando, hace años, hicieron una exposición retrospectiva sobre mí y mi carrera en Tossa del Mar, todo el pueblo se llenó de carteles anunciándola… Mi padre era el primero que sacaba las fotos y regalaba las promociones a los clientes en su restaurante. Ahora sé que es feliz y, aunque no me lo dice, sé que lo comenta por ahí y guarda todo lo que sale publicado sobre mí.

TL: ¿Te has arrepentido en algún momento de haber “colgado los libros”?
Me arrepiento de no haber estudiado lo que me gustaba y de haber escogido una carrera “sin pies ni cabeza”. Cogí una carrera fácil, con un futuro previsiblemente hecho y ¡así me fue! No me gustaba mucho estudiar, todo hay que decirlo, pero si hubiera escogido Educación Física, seguramente habría sido un buen estudiante.

TL: Con la perspectiva que da el tiempo… ¿volverías a repetir todas y cada una de las decisiones tomadas?
Sin duda, las más importantes, sí. La decisión de dejar de estudiar, de marcharme a Nueva York, la de cambiarme de agencias y de booker… en todas ellas no hay ningún atisbo de arrepentimiento. Sin embargo, en otras sí habría cambiado algunos detalles.

Dice sentirse a gusto en soledad

TL: De Tossa del Mar a Manhattan. ¿Eras consciente del riesgo que asumías?
Antes de recalar en NY me pasé seis meses entre Milán y París. Eso me sirvió de entrenamiento para lo que iba a venir después. Desde el principio fui consciente de todo, pero me lo tomaba como una aventura, sin demasiada seriedad. Quería saber hasta qué punto era capaz de valerme por mí mismo. Quería vivir, conocer. No me tomé esta profesión como una carrera, sino como un trabajo que me permitía vivir en ciudades como Milán, París… pero en Nueva York sí me di cuenta de que podía ganarme la vida con esto.

TL: Toda aventura tiene su coste…
Separarme de mi familia y de mis amigos fue lo que más me costó, aunque procuraba venir bastante a Tossa, sobre todo al principio, cuando mi madre ya estaba enferma. Cuando empiezas a trabajar de modelo y las cosas no van bien, que es lo más normal, es duro. Hacía cosas que no me gustaban, procuraba gastar el menor dinero posible.

TL: Es decir, a punto de “tirar la toalla”…
Síiiiiiiiiiiiiiiiiii… muchas veces. A las dos semanas de llegar a Milán ¡ya quería dejarlo todo! En París ¡más de lo mismo! Había momentos en los que me preguntaba qué estaba haciendo. En Nueva York la primera semana fue tremenda: no sabía cómo funcionaban las tarjetas del teléfono, iba a la agencia a llamar a casa y me ponían malas caras. Fue duro. La ciudad me tragaba, me perdía en el metro, llegaba tarde a los castings, la agencia me echaba broncas. Fue tremendo.

TL: ¿Por qué te fuiste?
Me fui forzado por la situación. Aquí no tenía sitio. Me tuve que ir fuera porque aquí no confiaban en mí, no me daban oportunidades. Con el paso de los años, cuando regresaba, lo hacía “por la puerta grande”, pero no sentí nunca rencor. Creo que son circunstancias de la vida que se presentan así. Para mí es un sueño venir a España a trabajar, era una satisfacción que no te puedes ni imaginar. Me trataban de otra manera, me tenían más respeto.

TL: Cuando todo va bien, ¿se diluyen los recuerdos de los malos momentos?
No quiero perder la referencia de nada. Es cierto que mis comienzos fueron duros, difíciles y lo pasé mal. Dejé mi pueblo pensando que iba a conquistar el mundo enseguida y, más de una vez, estuve tentado de llamar a casa y decir que me volvía, pero el destino me recompensó.

TL: ¿Cómo se supera el lado oscuro de esta profesión?
Con ilusión ¡supongo!… porque yo veía algunas rendijas de luz. De lo contrario, lo habría dejado todo. En esos momentos, hasta mi madre me decía que volviera, que no hacía nada solo, pero el orgullo fue el que me hizo superarlo todo: el orgullo de haberme ido, de haberlo dejado todo, de decirle a mi padre que quería hacer eso porque iba persiguiendo un sueño. Mi sueño era dar vueltas y lo estaba consiguiendo. En ese poco tiempo había conocido más mundo que el que había conocido él en toda su vida. Así que el orgullo me salvó y, también, que las cosas me fueran bien porque, de la noche a la mañana, mi suerte comenzó a cambiar.

Así se hizo la foto de portada con nuestra compañera Amalia Enríquez

TL: ¿Uno aprende a convivir con la soledad?
Ahora sé compartir mi vida con ella. Ha sido un proceso lento, pero lo he conseguido. Al principio era mi peor enemiga: no soportaba estar solo, no quería, siempre buscaba estar con los compañeros de piso. Ahora la compañía me la gestiono yo. La soledad es una amiga y me aprovecho de ella: me gusta oír el silencio y descubrir que es realmente un placer hacerlo. Me fijo más en las cosas, visito las ciudades solo, algo que no hacía años atrás. Antes llamaba a los amigos para no estar solo. Ahora los llamo para cenar y poco más. Disfruto de la soledad, la sé aprovechar y sacarle partido.

TL: ¿Siempre?
Uno no es perfecto. A veces hay momentos de bajón en los que necesitas hablar con alguien, recibir una palmadita que te anime, desahogarte. Cuando estoy así, llamo a mi familia y a gente cercana… ¡y me quedo nuevo!

TL: ¿Alguna vez pensaste que te ganarías la vida con tu físico?
Nooooo, ya sabes que mi madre era la única que confiaba en mi talento (risas). Con el tiempo he encontrado natural ganarme la vida de esta manera. Yo saco partido a lo que tengo, que es un cuerpo que gusta y me pagan por ello. Lo que empezó siendo un hobby se ha convertido en mi modo de vida, en una profesión que me gusta. Creo que ha sido la mejor decisión de mi vida.

Salió de Tossa de Mar y conoció las ciudades más importantes del mundo

TL: A pesar de que puedan considerarte ‘hombre objeto’…
Lo he sentido muchas veces, incluso te diría que todos los días. Siento que lo soy, pero es trabajo. Todo depende de cómo lo enfoque cada uno. Yo no me considero una persona manejada, por ejemplo, ni que mi vida profesional se reduzca a unas cifras, que se ofrecen al mejor postor.

TL: ¿Ser guapo te crea problemas?
Puede, porque ‘chocas’ contra mil prejuicios de la gente. No siempre ha sido así. Tengo que confesarte que, en el colegio, las profesoras siempre creían que yo era un buenazo y siempre echaban de la clase al compañero de al lado. Tener este físico me ha abierto más puertas de las que me ha cerrado, pero he tenido problemas de celos de la gente de mi entorno personal y, también, de aquellos que no me conocen y, por el hecho de verme en las revistas, me catalogan de una u otra manera.

TL: ¿Y si esto no dura siempre?
Sé que, a lo mejor, se termina mañana. Lo asimilaré de la misma manera que asimilé dedicarme a esto de un día para otro. Me siento muy rico interiormente, porque hay gente que me quiere y a la que quiero, y eso nunca hará que me sienta pobre de espíritu. Sé que los que tengo a mi alrededor tienen que tener mucha paciencia conmigo… y con ella me demuestran cariño. Si un día tengo un accidente de coche -que lo he pensado- y me queda desfigurada la cara, pues tendré que dedicarme a otra cosa, reciclar mi vida. Y te aseguro que estoy preparado para hacerlo, porque me siento muy bien por dentro y eso me sobra.

Dice haber acertado con las decisiones importantes

TL: Eso es “tener los pies en el suelo”.
Yo mismo me los pongo. Mi familia y  mis amigos me ayudan a no perder la referencia.

TL: ¿A cuántos de los que te “cerraron las puertas” les has cerrado tú ahora la boca con la repercusión de tu trabajo?
A unos cuantos, esa es la verdad. Al principio iba a castings en los que me rechazaban por ser demasiado guapo, demasiado alto, demasiado grande. Supongo que ya les he cerrado la boca.

TL: ¿Cómo convives con esa fama?
No me preocupa que me conozcan. Lo que quiero es trabajar, que me dejen hacerlo, que me respeten en mi trabajo y que, lo demás, se quede para mí. Yo no entro en la rueda de los reportajes privados y de hablar de mi vida personal. A nadie le interesa dónde vivo, ni cómo es mi casa, ni lo que hago cuando bajo de la pasarela. Me halaga que me conozcan y no me escondo, pero también me cohibe mucho la presión mediática.

Recuerda E.T. como una de sus primeras películas

TL: ¿A qué has renunciado para lograr tu sueño?
Se ha quedado en el camino algún amigo que no ha sabido entender mis ausencias. También tiempo para haber estado al lado de mi hermana pequeña, haberla visto crecer y, también, tiempo de estar con mi madre en su última etapa de la vida. Ahora es cuando me estoy dando cuenta de esas carencias.

TL: ¿Has llorado en silencio por ello?
En cierta medida. Soy muy llorón, me hacen llorar los recuerdos, una película, un abrazo, un te quiero en el momento en el que lo necesitas.

TL: … pues llevamos recordando un rato (risas). Dime esa primera película que viste de niño…
Iba al cine de pequeño. Había dos en Tossa, ahora no queda ninguno, solo abren uno en verano. Una lástima. ‘ET’ la vi en casa, no en el cine, y es una película que me marcó. Yo creo que a todo el que la haya visto y tenga un mínimo de sensibilidad. Me recuerdo con unos lagrimones tremendos. ‘Drácula’ me gustaba mucho de niño, luego me iba muerto de miedo a la cama, pero me gustaba ver sus películas. Ahora, desde hace unos años, intento ver aquellas de las que pueda aprender, que me llenen, me motiven y, de alguna manera, me hagan soñar.

Le encanta ‘La Sombra del Viento’

TL: ¿De lecturas cómo andamos?
Leo muchos guiones (risas). Un libro que pueda recomendarte, sin duda alguna es ‘La sombra del viento’ (Carlos Ruíz Zafón), lo he regalado varias veces. Me encanta cómo describe Barcelona, sus calles y todos los pasajes del libro, que parece que los estás viviendo.

TL: Vamos terminando esta travesía de recuerdos. ¿Qué pensaría el niño Andrés del hombre que hoy eres?
¿Qué diría?… ¡Qué cabrón, qué suerte tienes! (risas). Algo así le diría, seguro.

*Localización: Gran Meliá Palacio de los Duques. *Próxima semana: Stany Coppet.


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