¿Estoy gorda o es mi obsesión?

Renegar de una parte de nuestro cuerpo se ha convertido en una epidemia en los países desarrollados, y en una auténtica lacra para nuestra saludo mental.

22 Jun 2017 Ana Villarrubia

Y, ahora, con la llegada del verano, todos nuestros complejos salen a relucir. El calor, que nos obliga a sacar nuestros cuerpos de donde han permanecido bien ocultos durante el invierno y nos empuja a exhibirlos, desata los miedos obsesivos de quienes padecen una preocupación excesiva por su cuerpo, normalmente por un aspecto concreto del mismo que consideran un ‘defecto inaceptable’. Desear una imagen corporal perfecta o casi perfecta no es sinónimo de padecer una enfermedad mental, pero sí aumenta las posibilidades de padecerla.

¿Estás obsesionado con tu imagen?

La clínica de la obsesión por la imagen
El Trastorno Dismórfico Corporal (TDC) es un viejo conocido de la psicología y de la psiquiatría. Se describe como una constate disconformidad con la imagen corporal, que genera preocupaciones obsesivas con respecto a un aspecto que se considera un defecto físico/estético, a pesar de que la mayor parte de las veces ese defecto para desapercibido ante los ojos de quienes lo observan desde fuera. Quienes lo padecen sufren síntomas muy parecidos a los de un Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC), al dedicar una cantidad inmensa de horas y de esfuerzos a tratar de paliar el defecto y a comprobar si sigue o no presente. La vivencia de este trastorno es especialmente angustiosa e incapacitante.

Pero, por desgracia, este no es el único diagnóstico asociado a la disconformidad con la imagen del propio cuerpo. Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), que conocemos como Anorexia Nerviosa (AN) y Bulimia Nerviosa (BN, además de otros diagnósticos de TAC no especificado) han venido de la mano de la cultura de la delgadez y han proliferado en nuestras sociedades occidentales a partir de los años 70 y 80, hasta convertirse en una auténtica alarma social a día de hoy. También los problemas de lo que conocemos como Vigorexia, o el culto obsesivo por un cuerpo excesivamente musculado, han aumentado notablemente en las últimas dos décadas.

Los transtornos de la alimentación han venido de la mano de la cultura de la delgadez

Al final, cuando se diagnostica una patología en ese sentido, ocurre que esa preocupación obsesiva se ha convertido en el centro del mundo del individuo que lo padece y afecta al normal desarrollo de su vida cotidiana y a la salud de sus relaciones sociales, además de que suele acompañarse de manera concomitante la experimentación de graves síntomas de ansiedad y depresión. Desde los años 90, además, la incidencia de los TCA en hombres también ha aumentado considerablemente. Aunque los TAC siguen siendo eminente y alarmantemente mas femeninos que masculinos, ellos ahora también forman parte de estas amargas estadísticas.

En el fondo es muy amplio el abanico de personalidades que son susceptibles de padecer un problema relacionado con la no aceptación de su propio cuerpo, o de parte del mismo. Se calcula que el TDC afecta aproximadamente a algo más de un 1% de la población y las estimaciones de la población que padece un TCA no superan el 4,5%. Sin embargo, hasta llegar a padecer un verdadero desorden psiquiátrico, se recorre un angustioso y desagradable camino en el que nuestra vida se va deteriorando y escapa a nuestro control. Y aún sin llegar nunca a la patología, son muchas mas las personas que coquetean con los síntomas. ¿Cómo puedes saber que tienes un problema con tu imagen corporal?

Te miras demasiado al espejo y te torturas por aquello que no te gusta

Te preocupas en exceso: Si te encuentras en este grupo de personas que empieza a desarrollar un verdadero problema entonces le dedicas varias horas del día no solo a pensar sobre el defecto sino también a pensar sobre todas las opciones posibles para llegar a disimularlo o simplemente a lamentarte y a sentirte profundamente desgraciado a causa de ese elemento físico; sin tener en consideración ningún otro aspecto valioso de tu vida.

Te ensañas contigo mismo: Te torturas frente al espejo, el mismo al que acude varias veces al día para mortificarte, para observar la magnitud de lo que consideras una verdadera desgracia personal. De paso, con esas comprobaciones visuales, contribuyes sin darte cuenta a alimentar tu obsesión.

Piensas en pasar por el quirófano para conseguir un cuerpo perfecto

Piensas en pasar por el quirófano: El 50% de las personas que tiene un problema con la aceptación de su cuerpo ha pasado por el quirófano y el resto ha pensado decididamente en hacerlo pero se ha encontrado con una recomendación médica adversa o, sencillamente, no ha podido disponer de los medios económicos necesarios. Sin embargo, como estamos ante un problema que es mental y no físico lo cierto es que no puede solucionarse desde el exterior y tras una intervención se piensa en la siguiente. La satisfacción absoluta nunca se alcanza por esta vía.

Ya experimentas síntomas psicológicos añadidos: Cuando empieza a existir un verdadero problema las personas ya han sufrido algún que otro episodio de aislamiento, y ya han sentido que se deterioraban, en parte, algunas de sus relaciones sociales y familiares. Aparecen síntomas de ansiedad y depresión, fobias o síntomas propios de trastornos obsesivo-compulsivos que afectan a tu nivel de funcionamiento en la vida cotidiana, que restringen tu libertad de movimientos y deterioran aun más tu salud emocional.

Si te reconoces en este cuadro no lo dudes, pide ayuda antes de que el problema se agrave y se te haga inabarcable.

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