#CloseTo Pablo Casado: “Prohibir las puertas giratorias es malo para todos”

Hablamos de cerca con Pablo Casado, liberal del PP que dice sentirse "cómodo en su partido" y preparado para irse "cuando llegue el momento".

Icono de fecha 25 Jul 2017 Icono de autor Amalia Enríquez
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Nunca habíamos intercambiado una palabra hasta el día de nuestra entrevista. Le seguía la pista desde hacía tiempo y sentía curiosidad por conocer a la persona que se esconde detrás del político. Siempre he sido reacia a etiquetar y prejuzgar a la gente, así que fui al encuentro con mente abierta y actitud virgen. Pablo Casado es afable y buen conversador. Cuando consigues que aparque una timidez que no acierta a disimular, te encuentras con un hombre educado y respetuoso, que mantiene la compostura sin alterarse, dueño de un estilo clásico en el vestir y que se define, sin titubeos, como liberal. El reto era conseguir no hablar de política, algo harto complicado con quienes tienen en ella su modo de vida.

The Luxonomist: ¿Seremos capaces de evitar que la política se convierta en el centro de esta conversación?
Pablo Casado: ¡Vamos a probar!

TL: Es muy difícil sacar a los políticos de vuestra zona de confort…
PC: A mí no, te lo aseguro.

Pablo se considera que “tienes que ser profesional en la política y no de la política”

TL: Estupendo. Demuéstramelo entonces… ¿cuándo descubres que hay vida más allá del despacho?
PC: Mi zona de confort son mi casa, mis hijos y mi mujer. Esa es mi vida más allá de todo. La política es un trabajo, aunque te reconozco que también es una vocación. Es verdad que los que nos dedicamos a esto no tenemos horarios y nos cuesta encontrar la desconexión. Es inevitable estar conectado siempre a lo que está pasando y ver en qué puedes ayudar.

TL: Entonces sois como los periodistas. No sabemos dónde está el comienzo y el final del día…
PC: O como los médicos, que tampoco se desligan nunca de su trabajo. Yo, aunque esté de vacaciones en un pueblo donde no tengo ni idea de quién lo gobierna, cuando voy por la calle, estoy pendiente de si está encendida una farola o hay algo que corregir. Es inevitable. Otra cosa es que cuando estás en casa con tu familia, te centres y disfrutes de ella. Eso es lo fundamental. La política no es un fin, es un medio para mejorar la vida de la gente. Cuando alguien se la toma como un fin, lo que hace es ingeniería social. Los liberales lo que pensamos es que los políticos tenemos que molestar lo menos posible, tenemos que dejar a las personas desarrollarse sin poner palos en la rueda. Eso implica, económicamente, bajar impuestos y, socialmente, ayudar a quien ha tenido peor suerte.

TL: Cuando uno lee tu CV se da cuenta de que has sido de los que se ha dejado los codos en la mesa de estudio, ¿pudiste ser un adolescente vividor o te perdiste mucho por estudiar?
PC: Ni una cosa ni otra. Me crié en Palencia. La adolescencia en una ciudad pequeña la llevas con mucha tranquilidad. Nunca tuve esos problemas que ahora imagino que podría tener yo con mis hijos en una ciudad como Madrid. De niño, mi vida fue muy familiar, de ir al colegio andando, de desayunar, comer y cenar con mis padres y hermanos. Y ya de adolescente… ¿qué te voy a decir? Uno hacía lo que podía (risas). Desde pequeño me gustó mucho todo el tema internacional, así que me fui un año al extranjero. Acabé Derecho y Económicas y me formé en Política Internacional. Mi postgrado estuvo orientado en ese sentido, porque es lo que me gusta y me divierte. Y, muchas veces, lo que me quita las orejeras del último tuit o de la última crítica.

Dice no ser un usuario ideal de las redes sociales

TL: ¿Cómo te mueves en las redes sociales?
PC: Me voy manejando. Creo que son muy útiles, pero me muevo en ellas con cierta cautela. Últimamente, en Instagram, los domingos suelo poner un post más personal, pero escribo más en Twitter y es sobre temas de política. Reconozco que, a pesar de haber sido la persona que montó el equipo de RRSS en Génova y, modestia aparte, creo que lo hemos hecho bien en las últimas campañas, no soy un usuario ideal. Un buen tuitero o facebookero es el que habla de su vida.

TL: Bueno, no necesariamente. Depende de las prioridades y uso que cada uno se proponga, ¿no?
PC: Me refiero a que la persona más interesante para las redes sociales no es aquella que emite política u opinión, incluso la que personaliza más su opinión. En ese sentido, yo no soy el idóneo. Reconozco que tiro mucho de agenda y de lo que he estado haciendo. No obstante, creo que he mejorado y he llegado a los 66 mil seguidores, que no está mal.

TL: ¿Te cortas a la hora de escribir algo, sobre todo por el tema de los haters?
PC: Soy un usuario poco interactivo. Eso me lleva a no leer a los haters y, en consecuencia, a no contestarles. Si te soy sincero, el 90% de los comentarios que me hacen son negativos. Lo bueno de las RRSS es que tú tienes el canal en el que, como diputado, puedes estar disponible. Es decir, quien tiene interés real en consultarte algo, no siempre insultarte, te tiene a mano. No hay que volverse loco con Twitter, también tienes la opción de Facebook, que cuenta con 23 millones de usuarios, pero es verdad que políticos y periodistas lo consideran más importante. A mi juicio, las redes sociales no pueden sustituir el tamiz del periodismo en el que yo creo, no solo como portavoz del partido y responsable de los medios de comunicación, sino como persona. Suscribo esa frase de Jefferson que dice “Prefiero un país sin gobierno y con periódicos que uno con gobierno y sin periódicos”.

Está cómodo dentro de su partido

TL: Los periodistas, médicos o abogados suelen saber cuándo quieren ser eso, ¿cuándo sabe un político que ha nacido para serlo?
PC: No me he hecho nunca esa pregunta. Me considero político y no lo niego. Soy de los que piensan que tienes que ser profesional en la política y no de la política. Dicho eso, creo que cada uno tenemos nuestra formación o nuestra oposición, en el caso de quien la tenga. Yo no me veo en la política toda la vida, tal vez por eso no me he hecho esa pregunta que me planteas. En un momento dado, me proponen trabajar aquí y acepto. Me ha gustado, me he sentido útil, el partido ha contado conmigo y los electores, muy generosamente, me han elegido. La política es temporal, tiene que serlo y cada vez más. La capacidad de reinvención es importante y uno mismo debe limitar el tiempo. Creo que es importante tener la independencia de decidir irte en cualquier momento o cuando te fuercen a irte.

TL: ¿Tú eres feliz siendo político?
PC: Mucho. Es verdad es que es el peor momento para estar en política, por lo menos desde que yo tengo uso de razón. En estos momentos, la política está mal vista y eso es peligroso. Los políticos son los que pagan ese coste que conlleva críticas y cierta pena por la pérdida de intimidad, con todo lo que eso supone en la política tan mediática de ahora. Lo que hay en estos momentos es mucha incomprensión y eso es malo para nosotros y para la sociedad. La política no tiene sustitutivos, la historia de la humanidad la cincelan los políticos. Que esté mal vista te impide captar talentos y eso te lleva a descapitalizar la política. Prohibir las ‘puertas giratorias’, algo tan presente ahora, es malo para todos porque esa puerta no son dos ministros cada siete años en un consejo de administración, sino el problema es que miles de periodistas, médicos, ingenieros y abogados no quieren venir a la política porque ‘la puerta giratoria’ está mal vista para volver luego a su profesión. Si descapitalizamos la política, descapitalizamos el futuro de la gente.

TL: ¿Tú puedes salir tranquilo a la calle?
PC: Sí. La sobre exposición en los medios, sin duda, te resta intimidad. Ha habido años complicados, sobre todo 2012/2013, cuando la calle estaba alterada. A mí fueron a hacerme un escrache a casa y tuve que salir del Congreso protegido por lecheras de la policía nacional. Eso lo he vivido, no me lo tienen que contar. Al margen de eso, que creo que es algo que hemos tenido que vivir injustamente, no he tenido ninguna situación de riesgo, ni me han dicho ninguna impertinencia.

Así se hizo el selfie de la portada con nuestra compañera Amalia Enríquez

TL: ¿Por qué le cuesta tanto verbalizar mediáticamente a la gente que es de derechas?
PC: Normalmente, el centro-derecha siempre ha sido más discreto en sus posicionamientos. Hay esa supuesta superioridad moral de la izquierda, implantada en España, probablemente como resaca a unos años ya demasiado lejanos en los que no había pluralidad política. Creo que es una especie de sambenito injusto que se atribuye a un partido que ha nacido en democracia. No creo que no lo digan por una cuestión de complejo, sino de decibelios. El centro derecha, liberal conservador, es más de debates sosegados.

TL: ¿Cómo sobrevive un liberal como tú en un partido como el PP?
PC: Decía Larra que “un liberal es un emigrado en potencia en España”, con lo cual no es una cuestión del PP sino del momento actual. El liberalismo, más que una doctrina política, es una doctrina de vida y es, sencillamente, situar a la persona en el centro de tu actuación.

TL: Los que sois voces discordantes, como también Borja Sémper o Javier Maroto, ¿os sentís respetados?
PC: Sí, absolutamente. Los liberales no somos arrogantes porque pensamos que nos pueden convencer y quitar la razón… ¡Y se la damos! La clave es la ausencia de dogmatismo, la tolerancia, la capacidad de aprender del resto. El liberalismo no admite ni prefijos, ni sufijos, ni adjetivos. Ser liberal es muy sencillo, tiene los principios básicos de siempre: libertad de elección, igualdad de oportunidades, seguridad personal, defensa de la propiedad privada. Yo estoy cómodo en mi partido.

Dice que el hombre es un animal político por naturaleza

TL: ¿Puede existir una relación sin corazas, trabas y sincera entre un periodista y un político?
PC: Sí, ¿Por qué no?, yo me fío de los periodistas. Es una relación en la que estás en dos esferas distintas, pero no por ello crea desconfianza. La política sería prácticamente imposible sin medios de comunicación. Hay cosas que no se pueden fingir. Tú te das cuenta perfectamente cuando un político está cómodo en una tertulia, un programa o una rueda de prensa. Yo suelo estar a gusto.

TL: ¿A una entrevista vas siempre ‘a calzón quitado’?
PC: Sí, no lo dudes. A las entrevistas no puedes ir con el argumentario, porque la gente desconecta. Al final, la política es un producto a efectos de medios de comunicación  porque tienen que conseguir audiencia, pero también lo es para el que emite. Tú no puedes pretender que te compren una idea si no has tenido la capacidad de plantearla de forma atractiva. Yo creo que nos estamos adaptando a los nuevos tiempos y hay buenas audiencias en los programas políticos. La política interesa y hay que ver si interesamos los políticos.

TL: Yo creo que la política, más que interesar, preocupa…
PC: La política es la sociedad. El hombre es un animal político por naturaleza. Lo que me preocupa es que, a veces, no hablamos de lo esencial. Yo, que he vivido en EE.UU. varios años, sé que allí los debates políticos son con expertos. Aquí, tanto políticos como periodistas, nos fuerzan a ser ‘todólogos’ y es cuando hacemos lo que podemos. No estaría mal especializar el debate público, porque si no, esto acabará siendo una mercadería de consumo.

De las películas actuales, le ha seducido ‘La la Land’

TL: ¿Te has sentido traicionado alguna vez por algún periodista?
PC: No. Tengo buena relación con la prensa y, además, voy a todos los medios. No tengo ningún problema en ese sentido, ya puede ser un medio social, político o un evento de una revista de moda. Si puedo, voy a todo. Y, a veces, los propios periodistas se extrañan.

TL: Tal vez porque cuesta que os salgáis de esa zona de confort de la que hablábamos antes.
PC: En mi caso, es por pudor. No hago entrevistas de perfil social por puro pudor. Habrá gente que se pregunte qué hago yo hablando de mi vida, por ejemplo, en un medio que no es político. Creo que nos vendría bien no limitarnos exclusivamente a la exposición política.

TL: Damos un giro de 180º entonces a la conversación, ¿te recuerdas un niño feliz?
PC: Totalmente feliz, no recuerdo ni un momento de infelicidad. Soy el quinto de seis hermanos y solo tengo buenos recuerdos de mi infancia, con unos padres maravillosos que nos lo dieron todo. Afortunadamente, tuve una niñez sin problemas y con una familia que siempre se volcó en que fuéramos felices. Luego, a lo largo de la vida, he tenido momentos complicados pero soy una persona muy vital. No soy de agobiarme, nada me quita el sueño. Soy feliz.

ET fue su primera película en el cine

*Posiblemente, el único momento en su vida en el que no pudo conciliar bien el sueño fue cuando nació su segundo hijo. El bebé vino al mundo a las 25 semanas de gestación. Estuvo dos meses en la UCI y otros dos en observación. Tuvo que ser operado del corazón y los médicos daban pocas esperanzas. En esos meses, Pablo fue el que mantenía la fortaleza y el ánimo. Hoy el pequeño tiene 3 años y es un niño, junto con su hermana de 5, guapo y sano. Los dos pequeños, que parecen diseñados por ordenador por su belleza, son la imagen fija de la pantalla del móvil de su padre.

LT: Y ese niño feliz ¿iba al cine?
PC: Sí, pero nunca he sido un experto en cine. Me gusta y voy con la frecuencia que mis obligaciones me lo permiten. Cuando viajaba mucho, veía bastantes películas en el avión. En los vuelos, en mi fila 30, llegaba a verme dos o tres y muy recién estrenadas. Fueron tres años en los que me puse al día gracias a los viajes.

TL: ¿Recuerdas la primera que viste de pequeño?
PC: No lo recuerdo con certeza, pero seguramente ET.

TL: Y sufrirías con su marcha, como me decís todos los que la recordáis…
PC: Yo soy de poco sufrir. No recuerdo haber llorado en ninguna película.

Su libro favorito es ‘Memorias de Adriano’ y ‘La fiesta del Chivo’ le parece una joya

TL: ¿Porque eres poco emotivo o porque te lo guardas?
PC: Yo soy muy castellano, bastante recio. Soy una persona afectuosa, pero nada emocional.

TL: ¿Ni siquiera te emociona una buena historia escrita?
PC: ¿Llorar con un libro? No, tampoco. Ni me gusta ver tragedias en la vida, ni verlas en la ficción. Cada uno siente la emoción de una manera. Yo no soy de exteriorizar mucho. Supongo que es cuestión de carácter.

TL: ¿Recuerdas ese primer libro de niño que te haya marcado?
PC: De muy niño me acuerdo de ‘El barco de vapor’ y libros muy básicos. Ya en EGB, la primera vez que leí ‘El Quijote’ me encantó. A todo el mundo le parecía un ladrillo y a mí me divirtió muchísimo. Luego recuerdo también ‘El principito’, pero el primer libro que me marcó políticamente fue ‘Camino de servidumbre’ (Friedrich Hayek), que lo leí en 8º de EGB. Como libro cumbre para mí, como más profundo, ‘Memorias de Adriano‘ (Marguerite Yourcenar), una novela con una prosa poética maravillosa. Y como libro bien escrito y joyita contemporánea, ‘La fiesta del Chivo’ (Mario Vargas Llosa).

Recomienda la lectura de estos dos libros

TL: Te pido que me recomiendes dos que deba leer…
PC: Bien podrían ser los dos que tengo ahora en la mesilla: uno muy fácil, porque es una recopilación que ha hecho John Müller, ‘No, no te equivoques, Trump no es liberal’, y ‘Sobre la tiranía‘ de Timothy Snyder. Y no me puedo olvidar, aunque seguro que lo habrás leído, de ‘Patria’ de Aramburu, el libro que más me ha gustado en el último año.

TL: Ya veo que libros no faltan en tu vida. Con las películas ya no es lo mismo. Dime alguna que se haya instalado en tu madurez como imprescindible.
PC: Una que me ha marcado es ‘La lista de Schindler‘. Me gustó mucho la trilogía de ‘El Padrino’, aunque no sea políticamente correcto decirlo, y últimamente he visto mucho cine de animación con mis hijos. No me olvido de ‘En tierra hostil’, ‘Los últimos de Filipinas’, ‘La la land’ y ‘Ma Ma’, que me ha parecido muy dura y aquí tengo que reconocerte, que se me encogió el corazón.

TL: Ya sabía yo que en el fondo eres sensible (risas). ¿Cómo sería un domingo perfecto para ti en estos momentos?
PC: Día con la familia, desconectado de todo. Disfrutar con los niños en el parque, comiendo en un Vips. El caso es estar con ellos y con mi mujer. No hay mejor plan para mí.

Dice que su hijo Pablo es igual que él

TL: ¿Se reconocería Pablo, el niño feliz, en el hombre comprometido y relevante en el que te has convertido?
PC: ¿Al verme hoy? Seguro que se identificaría porque tampoco he cambiado mucho. Mi hijo Pablo es clavado a mí de niño, es tan idéntico que da impresión. Como se parece de esa manera, a través de mi contacto ahora con él, podría responderte a esa pregunta. Mi hijo me quiere tanto y me adora de tal forma, que si yo fuera ese niño pequeño conmigo de mayor, seguro que tendría la misma relación. Yo tengo un concepto de mí mismo muy humilde y muy rebajado, creo que es también un rasgo muy castellano. No es falsa modestia. No me creo nada, ni espero gran cosa de mí en el futuro. Ni me creo el halago, ni me hacen demasiado daño las críticas, pero no por suficiencia sino por humildad. No me creo una persona importante como para tener que preocuparme de mi imagen o de lo que la gente piense de mí. Intento ser útil y aportar a mi trabajo.

TL: Me da la sensación de que el peor crítico está en casa…
PC: No lo dudes y es la única crítica que me preocupa o la única circunstancia negativa que me puede quitar el sueño. Y por ahora, como te decía al principio de esta conversación, duermo muy bien por las noches.

*Localización: Congreso de los Diputados. *Próxima semana: Hermanos Torres.

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