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#CloseTo Maxi Iglesias: “Mi talento no se ha descubierto todavía”

Dice que no le gustan las cosas fáciles y que todavía tiene mucho por aprender. Triunfa en el teatro con 'El Guardaespaldas' y es adicto a la lectura...

Amalia Enríquez. 28/11/2017

Desde su mirada, a veces verde o azul dependiendo de los factores externos y del cristal con el que mire la vida, Maxi Iglesias avanza con decisión y seguridad en una profesión que le está proporcionando buenos momentos de gloria, ganados a base de esfuerzo, constancia, preparación y ausencia de vanidad. A sus 26 años tiene a sus espaldas una experiencia que para sí quisieran otros que le doblan la edad. Desde septiembre, su rostro nos “vigila” desde una gran marquesina de la Gran Vía madrileña y se ha convertido en el guardaespaldas que más de una quisiera tener…

The Luxonomist: Vamos a empezar esta aventura… (es decir esto, darle al botón de grabar y se encendieron todas las luces del teatro Coliseum, donde nos encontramos).
Maxi Iglesias: ¡Mira lo que has hecho! (risas) Esta es una señal. Yo creo en ellas. Soy Acuario y somos muy de cosas así.

TL: ¿Supersticioso?
MI: No, pero sí tengo varias señales de cosas increíbles.

TL: ¿Hay alguna que se pueda contar?
MI: Te pongo un ejemplo: Dos días antes del casting de “El guardaespaldas”, mi madre me había dicho: ¡”Fíjate, hace mucho que no veo ‘El guardaespaldas’!” Esa tarde me llaman por teléfono y me dicen: “Hola Maxi, te llamo porque hay unas pruebas para “El guardaespaldas”. Como ésta, constantemente. Y llego a pensar que es muy peligroso (risas). 

Le engancha el teatro por su adrenalina

TL: ¿Y te asusta?
MI: En parte sí, pero también me encanta porque pienso ¿qué me pasará? o ¡qué loco estoy! Una de dos (risas).

TLMaxi viene de Maximiliano, nombre de emperador. Cuando os ponen esos nombres es por algo casi siempre…
MI: Mi madre quería que fuera diferente, que no tuviera un nombre común (risas). No quería llamarme Alejandro, Pepe o Luis. Y el segundo es Teodoro, nombre de rey, pero éste sí que es por mi abuelo materno.

TL: Dicen que los nombres poco comunes suelen marcar la personalidad ¿Te recuerdas feliz?
MI: Absolutamente sí. No paraba, era un trasto de niño y lo sigo siendo. Me he esforzado y me esfuerzo por mantener ese rasgo. Soy profesional, pero estoy todo el rato riéndome, bromeando, me río de mí mismo… Ojalá cuando nos volvamos a ver o si pasan unos años, me sigas viendo igual.

TL: ¿Buen estudiante?
MI: ¡Que va! Yo me llevaba muy bien con todos los profesores, pero no era un estudiante modelo, algo que no les gustaba mucho a ellos. Era un poco la oveja negra de la clase. Luego, con el tiempo, me vine arriba. Terminé la ESO, me metí en Comercio, hice Comercio Internacional y ahora estoy en la UNED haciendo Psicología a distancia, aunque este trimestre está siendo muy duro al compatibilizarlo con el teatro.

Dice que conserva a sus amigos “de toda la vida”

TL: ¿Qué te incita a seguir estudiando?
MI: Al margen de que me gusta, es por pura realización personal. Quiero ver las noticias y tener un criterio de diferenciación. En nuestra profesión, si observamos y estamos atentos a todo, puedes aprender mucho. Es cuestión de inquietudes y de necesidades.

TL: Me da la sensación de que eres muy esponja…
MI: Es verdad. Me gusta mucho observar, aprender y soy muy empático también. Intento entender por qué me he llevado una mala palabra de alguien o por qué he visto a dos personas discutir cuando, según mi criterio, tendrían que estar llevándose bien.

TL: ¿Conciliador o peleón?
MI: Peleón a veces porque me considero cabezota, pero sí soy muy conciliador.

TL: ¿Notas que has cambiado con los años?
MI: A veces vienen a mi memoria situaciones o momentos que me hacen ver cosas que, si estuviera metido en mi burbuja, no alcanzaría a darme cuenta. Suelo estar siempre alerta pero hay momentos en los que, si abro demasiado los ojos, me impiden ser feliz… salvo que consiga tener una gran capacidad de digestión y de saber diferenciar y analizar. Es una lucha muy bonita esa de ver que hay esto, pero yo quiero esto otro, así que sigo en la pelea.

Así se hizo el selfie de la portada con nuestra compañera Amalia Enríquez

TL: ¿Nunca te has arrepentido de haber elegido este camino?
MI: No, nunca. Y cuanta más tontería veo y más estupidez percibo, más me alegro de estar en esta aventura profesional porque me hace fuerte.

TL: Tú has vivido esos momentos en tus comienzos. Con diez años menos te llegó una fama que bien podría haberte hecho tambalear…
MI: La familia y los amigos fueron mi punto de agarre. Ellos hicieron posible que siguiera con los pies en la tierra y no me atenazase la vanidad. Yo quería ser futbolista, pero esta profesión se cruzó en mi camino. Tuve mi boom mediático con “Física y química”, donde empecé de cero y no le dije nada a nadie de que iba a participar en la serie. En mi casa me dejaron a condición de que lo compatibilizara con los estudios. Y lo hice. Las cosas fáciles no me gustan.

TL: ¿Ahí te das cuenta de que lo tuyo era jugar a ser artista?
MI: No te lo vas a creer pero, hasta la tercera temporada de la serie, no tuve claro que esto era lo mío. No estaba nada convencido.

TL: ¿Qué te abrió los ojos?
MI: No me animaban las envidias, las tonterías de tú más y yo menos, por qué tú sí y yo no. En definitiva, las vanidades mal entendidas. Con el tiempo entendí que eso iba a ocurrir en esta profesión y en cualquier otro trabajo que, cuanto más notorio o relevante, iba a ser peor. Como yo no estoy hecho para hacer algo que no sea relevante o grande, pues no había opción (risas). Tengo ese problema, quiero ser en todo lo que haga el mejor, no por encima de nadie para ser más, sino por sentirme yo realizado.

La marcó mucho la película ‘La Playa’

TL: Ese empeño de realizarse uno mismo tiene su raíz, a veces, en la niñez. ¿Leías de pequeño?
MI: A pesar de que no era buen estudiante, como te he comentado, sí leía bastante. Mi madre era del Círculo de Lectores y yo tenía mi propia lista de peticiones. Con el tiempo fui capaz de crear mi propia biblioteca. Leía “Los cinco”, algunos comics, “Tintín” me lo sé de memoria. Me encantaba la novela negra. Desde muy pequeño empecé a leer a John Grisham y relatos de abogacía. Me metía mucho en ellos y me alarmaba todo lo que había fuera de esas historias.

TL: Muchos de esos libros se han convertido en películas después… ¿Ibas al cine de niño?
MI: Desde muy pequeño. Recuerdo una de las películas que ya vi solo y era un enano. Con apenas seis años vi “La playa” de Leonardo DiCaprio, ¡imagínate! Y ya había ido al cine antes. “Titanic”, por ejemplo, la vi también solo en los cines Paz de Madrid.

TL: ¿Cuáles se han ido sumando, con los años, a la lista de imprescindibles?
MI: “La playa” sigue siendo una imprescindible para mí, como de culto. Es una película que la ves y te metes en un viaje, conoces gente, te crees una cosa y luego es otra. Es muy rara, pero impactante y habla de muchas cosas, así como de respetar y mantener ciertos ambientes. Al final, me estoy dando cuenta de que las películas que me han marcado son más de bloockbuster que de otro perfil.

TL: Los éxitos de taquilla también son cine…
MI: Claro, claro.. Ahora voy al cine mínimo una vez a la semana. Voy los lunes, que es el día que libramos en el teatro. Es mi día favorito porque estoy solo en la sala (risas) y es una maravilla. La semana que no trabajo en el musical, procuro ir más veces. Me estoy acordando de otra película que me ha marcado, “Gladiator”. Me gusta por todo: por la historia, la interpretación, la dirección, las escenas de los caballos que me parecen increíbles… “Titanic” es otra que está en mi lista de favoritas. La verdad es que tengo muchas.

Admira a actores como Matthew McConaughey

TL: ¿Qué vas buscando al cine?
MI: Como espectador, lo que busco es que me transporte, que me haga viajar.

TL: El Maxi actor y espectador ¿busca lo mismo?
MI: No, para nada. Una vez que estudias realización y conoces una serie de cosas, es necesario que separes porque no llegas a disfrutar totalmente. Hay veces que me fijo tanto en el apartado técnico, que dejo de disfrutar la película como merece. Después de ver “Escondidos en Brujas”, me fui a conocer esa ciudad, porque consiguió transportarme allí mientras la veía. Me encantó la belleza del lugar, su singularidad. Eso es lo que le pido yo al cine, que me transporte y me embarque en un viaje. Con “La playa” me pasó igual, me llevó literalmente a Tailandia a través de la pantalla.

TL: ¿A quién le perdonas todo aunque no consiga convencerte siempre?
MI: A Ridley Scott, salvo “En el reino de los cielos” que me duermo siempre en el mismo punto, es alguien que me gusta. A Bruce Willis le perdono todo (risas). Es Bruce y, al final, te pone esa sonrisa que tiene y ya está. Y más en la actualidad… Ryan Gosling, un tipo que no hace nada y lo hace todo. En “La, la Land” ¡menudo viaje me hizo vivir también! La vi en Miami cuando aquí no se había estrenado y hacía mucho tiempo que no lloraba en el cine. Y no solo una vez, sino varias durante la película. Al margen de Gosling, estoy enamorado de Emma Stone.

TL: A ver si le llega la declaración de amor y te da una oportunidad. Igual, cuando sepa lo completito que eres, no se lo piensa…
MI: (risas) No lo soy tanto. Lo de cantar, como hoy te vas a quedar a verme, lo vas a ver. No es lo mío ¡qué le vamos a hacer! Menos mal que el Kevin Costner de “El guardaespaldas” no canta, así que solo tengo que hacer un guiño en el musical.

Le encanta Emma Stone

TL: ¿Cómo fue ese casting?
MI: Pues mira… fue muy emocionante. Es más, yo creo que la directora me escogió porque me emocioné. Hacía mucho tiempo que no me pasaba eso. Se me pusieron los pelos de punta porque allí había mucho talento. Me gustó mucho eso.

TL: Y cuando te toca cantar al lado de profesionales, ¿te ocurre como a los toros bravos, que te creces ante la adversidad?
MI: ¡Cómo lo sabes! Me crezco, pero también soy consciente de mis limitaciones y del talento que tengo a mi alrededor. Yo sé qué es lo mío y lo que no. Me “pico” para aprender y perfeccionarme, pero nunca pierdo mi referencia.

TL: ¿Cómo se ve la vida desde un escenario?
MI: ¡Imagínate! Se ve muy ben, increíble. Es muy atractiva y me estoy enganchando a ella. Es muy emocionante el hecho de saber que no puedes fallar. En el teatro no hay rectificación, el directo te invita a un reto diario. Es apasionante porque yo estoy acostumbrado al “repetimos”, “vamos a primera”, “intenta mirar con más profundidad” y cosas así. En el escenario eso no es posible, lo que lo hace mucho más adictivo.

TL: ¿Hasta qué punto tu físico ha condicionado que descubrieran más tarde tu talento?
MI: Mi talento no se ha descubierto todavía. Lo mejor está por llegar. Soy afortunado por el físico que tengo, no me cambiaría nada, pero sé que lo tengo muy complicado. También te digo que firmo el hacer comedias románticas hasta los 36/40 y que, a esa edad, me llamen de un “True detective” como a Matthew McConaughey y que vean que hay más que un físico agradecido. No tengo ninguna prisa y ¡me queda tanto por aprender! Tengo 26 años y mucho camino por delante.

Recomienda la lectura de estos dos libros

TL: Estás en una edad en la que otros no saben siquiera a qué van a dedicar su vida…
MI: Mis amigos de toda la vida ya han terminado sus carreras. Algunos están ejerciendo de lo que han estudiado y otros no. Tienen una incertidumbre por su futuro que me asusta. Me siento un privilegiado, no lo dudes.

TL: ¿Cuál ha sido tu antídoto para la vanidad?
MI: La etapa en la que podía haber perdido la referencia fue cuando “Física y química” y entonces estaba con mis amigos todo el rato. Cuando había una presentación o un evento, ellos venían conmigo. He vivido siempre con mis colegas al lado. Nunca he ido de famoso y eso me ha tenido con los pies muy en el suelo.

TL: ¿Ellos te siguen viendo como el Maxi del barrio?
MI: No lo dudes. Siguen siendo los mismos amigos que tengo ahora, todos los días estamos juntos. En los últimos años he hecho “grandes fichajes” para el primer equipo (risas), pero ellos seguirán conmigo “forever and ever”.

TL: ¿Qué te ha dado esta profesión que no has encontrado en ninguna otra?
MI: Variedad. De no ser actor, podría haber sido perfectamente guía turístico. No me veo azafato de vuelo por ejemplo (risas), porque no me permitiría esa multidiplicidad en las relaciones sociales. Me imagino haciendo otras cosas, te lo aseguro. Lo que no sé es si me darían más vidilla o satisfacciones que esta.

TL: No hemos hablado de lecturas y es pregunta obligada en estas conversaciones…
MI: Lo hacemos ahora. Te recomiendo dos libros ¡va! Una novela negra, “Trampa en el hielo” y cualquiera de Albert Espinosa. En estos momentos estoy leyendo uno de psicología y otro muy rollo de comercio (risas). Ese no te lo recomiendo. Y estoy esperando que mi madre termine “Patria” para cogérselo y leerlo porque todo el mundo me habla de él.

TL: Toca terminar y lo hacemos con la pregunta común a todos los entrevistados ¿Qué pensaría el Maxi niño del hombre, aún joven, en el que te has convertido?
MI: Miro mucho atrás, no como señal de arrepentimiento, pero sí que me miro mucho a mí mismo Es algo que utilizo saber dónde estoy y valorar si me llevaría bien con ese yo de hace unos años o si discutiríamos. Mi lucha diaria es no defraudar al niño que fui. Me han sucedido cosas extraordinarias en la vida, ni en el mejor de mis sueños.

*Localización: Teatro Coliseum (Madrid). *Próxima semana: Juan del Val.

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