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CloseTo Juan del Val: “Siete años de psiquiatra marcan mucho”

El autor de 'Parece mentira' está seguro de ante quién tiene que justificarse porque lo que digan sobre él ni le afecta, ni le preocupa.

Amalia Enríquez. 05/12/2017

Es curioso que algo que ya llegó a comentarse en su momento, pueda llegar a convertirse en motivo de controversia cuando se repite en un entorno de cierta influencia mediática. Creo que nadie está legitimado para meterse en la vida del prójimo y cuestionar el modo de gestionar sus relaciones personales, pero ocurre. Juan del Val se ha visto en una de esas en las últimas semanas, pero está tan seguro de ante quién tiene que justificarse, que lo que digan ni le afecta, ni le preocupa. Acaba de publicar ‘Parece mentira’ con el que está liando una buena en las librerías…

The Luxonomist: Aquí no hay guion, lo que te convierte en tu propio censor…
Juan del Val: Ya sabes que yo me censuro poco (risas).

TL: Ya me he dado cuenta, ya… ¿Estás en “modo Claudio”, tu protagonista de la novela, o en “modo Juan”?
JV: Es igual, es la misma persona. Completamente, créeme. Otra cosa es que todo lo que le ha pasado a Claudio, no le ha pasado a Juan. La gran mayoría de cosas son idénticas, otras están disimuladas, otras están inventadas, otras exageradas y en otras me he quedado corto.

TL: ¿Te has medido para no quedar demasiado expuesto?
JV: Por ese motivo, en lo que a mí respecta… no exactamente. Pero sí por no exponer a otras personas. Eso por un lado, y por otro, porque me parecía muy prepotente hacer una biografía. Así que decidí hacer una novela que me excediera a mí y que la pudiera leer cualquier persona que no supiera quién soy, que no tuviera ninguna referencia de mí y que le pudiera interesar leerla. He hecho la novela por todas esas cosas y, también, por evitar demandas (risas). 

TL: ¿Has hecho el libro que querías escribir o el que considerabas que iba a vender?
JV: Este libro es imposible escribirlo para vender. No es un libro en absoluto conveniente. He hecho exactamente la novela que yo quería hacer. Es verdad que las editoriales suelen tener problemas cuando hay cosas muy duras. Estoy seguro de que algunas personas habrían preferido que la novela fuera más complaciente, algo así como “chico y chica que se enamoran” (risas). Lo que he hecho es lo que quería hacer, pero también con un matiz: lo que podía hacer. También es verdad que acabé muerto y que podía haber contado más cosas, pero me cansé mucho, me supuso un gran desgaste.

TL: Queda la puerta abierta para otro…
JV: No habrá segunda parte. Como dice Claudio en la novela, “se escribe para que te lean”, pero no es la prioridad. Yo tengo muy claro que si mi siguiente novela la protagoniza Claudio de nuevo, iba a vender muchísimo, pero no quiero jugar a eso.

TL: Escribir ‘Parece mentira’ ha sido terapéutico?
JV: Cuando terminé de escribirla era mejor persona que antes de empezarla, eso seguro. He tenido conciencia de lo mucho que me han querido y esa es una cosa muy bonita, muy emocionante. Seguramente es algo que uno sabe, pero cuando tienes que contarlo y hacerlo extensible a unos personajes, te das cuenta de la suerte que has tenido con la gente que te ha rodeado. Tengo que decirte que siempre me he considerado una persona con suerte, sobre todo muy querida y muy bien tratada.

“Me da igual ser el tema de conversación por unas declaraciones”

TL: Ese es un privilegio que no está al alcance todos…
JV: Supongo que sí, pero tengo que ser honesto. Soy una persona que ha sufrido bastante, pero no veo ninguna responsabilidad en nadie que no sea yo. Eso es así.

TL: Reconocerlo es un buen comienzo…
JV: Y un buen final (risas). Siete años de psiquiatra enseñan y marcan mucho.

TL: ¿Por qué esa necesidad de vaciarte en un libro, Juan?
JV: No sé si fue necesidad o impulso. Cuando pase bastante tiempo, sabré contestarte a la pregunta. Supongo que debe de haber motivos que todavía desconozco. Alguno habrá que no atino aún a saber. Tenía necesidad de escribir porque tenía un compromiso con la editorial y, al mismo tiempo, escribir sobre mí era algo que no estaba del todo mal aunque, como digo al principio de la novela, demuestra un ego un poco insufrible, pero creo que no deja de ser interesante exponer algunas cosas que me han pasado. La novela, independientemente de mí que es algo que quiero reivindicar todo el rato, yo creo que se defiende.

TL: ¿No te da cierto vértigo, o pudor, que la gente sepa ya demasiado de ti?
JV: Yo creo que la gente no está siempre tan pendiente de ti. Los que me conocíais de antes, ahora sabéis un poco más, pero yo tampoco genero tanto interés. La gente está más preocupada de lo que piensan de ella, están en su vida, solucionando sus cosas y yo les intereso lo justo. A mí me da igual ser el tema de conversación por unas declaraciones. En pocos días se pasará y será otro el protagonista.

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TL: ¿Os sorprendió, a Nuria y a ti, el revuelo mediático tras vuestra aparición en un programa de televisión?
JV: Este punto merece otra reflexión. No era la primera vez que hablábamos de eso, sobre todo Nuria. Ese revuelo tiene mucho que ver con ese mundo de RRSS en el que estamos inmersos y eso me preocupa. Tuvimos comentarios malos, muy ofensivos, y otros de absoluto respeto. Nosotros matizamos lo que queríamos decir, que simplemente es que cada uno viva como le dé la gana y nunca hemos dicho que una opción sea mejor que otra. A partir de ahí, entendemos perfectamente que haya quien no entienda nuestra manera de vivir, pero lo que tiene que primar es el respeto.

TL: ¿Has notado que la gente te mira de manera diferente?
JV: (risas) He notado que ahora me miran, cosa que antes no sucedía. No sé si lo hacen con mejor o peor concepto, pero es algo que me preocupa poco. Yo sé la gente que me quiere y la gente que me importa. También te digo que yo no habría escrito esta novela si me preocupara lo que van a pensar de mí.

TL: ¿Te ha preocupado esa repercusión mediática por tus hijos?
JV: Mis hijos viven en un entorno muy feliz, en el que ven a sus padres muy juntos todo el tiempo, donde les ven reírse mucho y respetarse muchísimo. El otro día, alguien me dijo que debería tener una conversación con mis hijos después de esos comentarios. Te aseguro que no la necesitan porque viven nuestro día a día. Los que tendrían que hablar con sus hijos son los que tienen en su casa a uno de esos cada cuatro que, según las estadísticas, consiente la violencia de género. Ese problema te aseguro que jamás lo tendrá un hijo mío. Hay mucha hipocresía en esta sociedad, tenemos un problema sobre el hablar y el hacer. Estamos tan preocupados de la imagen, que nos convertimos todos en unos cobardes. Yo intento no serlo y reivindico el que me da igual lo que digan los demás.

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TL: Todos menos Nuria, imagino… ¿Te imponía o preocupaba lo que dijera ella del libro? Porque, por un lado, está la Nuria lectora y, por otro, la Nuria pareja…
JV: Es la única persona que me preocupaba. Por eso, la única conversación previa a escribir el libro es con ella. Llevamos viviendo juntos 19 años y Nuria es la persona que mejor me conoce en el mundo. Hemos hecho muchísimas cosas juntos, hemos andado mucho camino y, desde luego, nos gustamos, nos respetamos y nos conocemos muy bien los dos. No hay ningún elemento con el que puedas decir ¡menuda sorpresa me he llevado! Ella ha vivido muchas situaciones que aparecen en el libro y las conoce muy bien. Otra cosa es que yo me atreviera a contarlas. Y lo hice. Nuria es la única que habría tenido fuerza para vetarme algo que no quisiera que contara en el libro. Si ella me hubiera dicho “esto no”, eso no lo hubiera escrito.

TL: ¿Y qué dijo al leerlo?
JV: Lo fue leyendo poco a poco. La novela le encanta. Me animó muchísimo, le ha gustado mucho y le parece algo muy interesante. A mí me encantaría que mis hijos la leyeran cuando fueran mayores, porque ahí está su padre. Les puedo gustar más o menos, pero ese soy yo.

TL: ¿Qué es lo que imaginó Nuria que nunca te atreverías a contar?
JV: No había nada concreto, era un todo en general. Que ella dijera eso me obligaba después a cumplir con las expectativas. Se puede jugar todo entero a cómo yo he contado cosas de mi vida, o también a la infidelidad que aparece de Julia en la novela.

“Mi madre es para mí un espejo en el que mirarme, me ha inculcado una manera de vivir que es exactamente la que yo tengo”

TL: ¿Tu madre la ha leído? Porque hay pasajes importantes con su presencia…
JV: La ha leído y le ha encantado. Se ha emocionado en muchos momentos, ella no es de las que habla, sino que actúa. Ha cambiado muy poco en relación a como aparece en la novela. Mi madre es tal cual y mi padre también, salvo que en la novela no vive y él está vivo. Los he cambiado muy poco a los dos. Ella es una mujer enorme y super avanzada mientras que mi padre es muchísimo más pudoroso, yo sé que cuando la ha leído lo ha pasado fatal. Mi madre me llamó después de leerla y me dijo una cosa muy bonita: “Otra vez más, me doy cuenta de ¡qué pena! que no me hubiera dado cuenta”. Como cuento en la novela, ella es para mí un espejo en el que mirarme, me ha inculcado una manera de vivir que es exactamente la que yo tengo. Tengo mucha herencia de mis padres y casi todas las virtudes que pueda tener, si las mezclara con ellos, saldrían de los dos. Luego yo soy un ser humano distinto a ellos porque he tenido más suerte, he vivido en mejores lugares y con más posibilidades, pero me han dado armas, me han dado el sentido del humor. Y eso ha sido muy importante. Soy un producto de ellos.

TL: ¿Te recuerdas un niño feliz?
JV: De niño fui feliz, de adolescente me recuerdo muy atormentado. Hay un momento en el que se tuercen las cosas, yo tenía trece años. Siete de psiquiátrico, que tienen muchos matices. No me acoplaba en la vida, me tuerzo en los estudios, hay una carencia de atención por parte del sistema. Cuando le puse remedio, ya había sufrido demasiado. Ahora, en la madurez, soy bastante feliz.

TL: ¿Te descubriste más valiente de lo que imaginabas al escribir?
JV: Tengo virtudes y defectos, como todo el mundo, pero cobarde no he sido nunca. Ni para vivir, ni para jugármela, ni para hacer exactamente lo que yo creía que tenía que hacer. Nunca he mirado primero lo conveniente. He sido bastante kamikaze en muchos momentos y no me ha ido mal. A mí me puedes pillar de muchas maneras, pero huyendo, no. He aprendido a enfrentare a mí, que es lo que más miedo da. Después de eso, puedo asumir todo y conozco todas mis grandezas y mis miserias.

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TL: Si eres feliz así, ya es un gran logro…
JV: Hay veces que soy muy enrevesado y otras que soy muy simple. Y, muchas veces, la felicidad está en la simpleza. Cuando de repente me miro, por dentro y por fuera, si no soy feliz es que soy gilipollas. Tengo una familia sana, una mujer a la que no puedo querer más, unos niños que me han salido guapísimos, profesionalmente me va bien, tengo una casa estupenda, como donde y cuando me da la gana, tengo la oportunidad de viajar.. ¿qué más puedo pedir?.

TL: ¿En el mejor de tus sueños imaginaste todo esto?
JV: ¡En mi vida! Cuando era adolescente, mi única lucha era no acabar de mendigo con los cartones. Es una cosa muy absurda, pero lo pensaba. Salí de España, por primera vez cuando tuve 24 años. Nunca pasé hambre, pero no tuve una vida de privilegio. Nunca pensé en tener lo que tengo, ni dedicarme a la comunicación y escribir. Me parece un milagro todo lo que me ha pasado. Es cierto que he tenido que trabajar mucho y superar cosas muy fuertes, pero me siento un privilegiado y he tenido una suerte increíble.

TL: En la dedicatoria que me hiciste en tu libro, me decías que esperabas que me gustara “porque en él va gran parte de lo que soy” ¿Quién y cómo es Juan del Val?
JV: Hay veces que no lo sé del todo. Soy una persona sensible, muy sensible. La sensibilidad me ha dado todo lo bueno y malo que me ha pasado, porque todo me ha afectado mucho siempre. Lloro y me emociono muy fácilmente. No soy nada cursi, ni en fondo ni en formas. Creo que soy una persona creativa y, gracias a eso, he conseguido ver las cosas buenas. Tengo la enfermedad de la observación, que se ha convertido en algo compulsivo. No me puedo desprender de estar observando todo, todo el rato.

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TL: ¿Te sentiste un adolescente diferente con respecto a tus amigos?
JV: Era un adolescente diferente, eso era un obviedad. Podía instalarme en un grupo, pero siempre sentía que no encajaba. Fingía y, cuando dejé de hacerlo, nadie me gustaba. Hubo un momento en el que todo el mundo me parecía imbécil… y eso fue un problema. Cuando no eres capaz de ver las cosas buenas de la gente, hay que hacérselo mirar.

TL: ¿Esa “diferencia” te llevó, por ejemplo, a refugiarte en la lectura?
JV: Yo no he leído en mi vida. Como mi personaje en la novela, soy un escritor que no lee. Solamente leo a los escritores, leo cómo hacen cosas. Nunca te recomendaría libros, solo escritores. Soy incondicional de Javier Marías y Paul Auster. Yo no puedo ser lector, porque todo el rato estoy pensando en cómo escribir.

TL: Y eso, escribir, ¿es un plan B que se puede convertir en A?
JV: Yo escribo siempre, pero no soy un escritor que puede producir todo el rato, porque me desarmo. Ahora me apetece sentarme otra vez. Tengo el inicio de la siguiente historia y, cuando me siente y diga ¡voy!, pues saldrá como ha salido ésta.

TL: ¿Cuál es tu disciplina?
JV: Te la voy a contar y espero que se entienda. ‘Parece mentira’ la escribí mientras estábamos con el programa de radio. Durante los primeros meses, mi rutina era la que cuento en el comienzo del libro (mi casa, la radio..) pero, en un momento determinado, sentí que necesitaba concentración y me cogí un apartamento en Madrid, en la calle Génova. Me levantaba a las 4 de la mañana, me iba a la radio, volvía de trabajar y me ponía a escribir. La novela la escribí en ocho semanas. Siempre escribo en pijama y con calcetines gordos, no puedo estar con ropa de calle. Viví todo ese tiempo dedicado por completo al libro. Iba algún día a dormir a casa, pero estaba concentrado en escribir. Mi disciplina era no levantarme de ahí hasta terminar. Y eso hice. Ahora me he pillado otro apartamento para un mes, para encauzar el libro antes de que los niños empiecen las vacaciones, y me voy a encerrar. Tengo ya el personaje y no sé lo que va a pasar.

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TL: Cuándo acabaste el libro, ¿tuviste la sensación de querer rectificar algo o la del trabajo bien hecho?
JV: Te voy a contar una cosa que no le he dicho a nadie y solo sabemos mi mujer y yo… y ahora tú. Cuando terminé la novela, hubo un momento en el que llamé a Nuria y no me cogió el teléfono. Entonces le grabé un vídeo para decirle lo que me pasaba, que no sabía lo que era. Y es un vídeo absolutamente impresionante en el que me entra un ataque de llanto que no puedo parar. En él le hablo de que me acordaba del sufrimiento. De esa cosa que me dolía todo el tiempo y de la que me di cuenta a estas alturas de mi vida. Ese fue el final de ‘Parece mentira’. Cuando pienso en ese momento, te contesto que era absolutamente imposible que quisiera quitar algo de lo escrito, ni rectificar nada.

TL: Ha sido terapéutico…
JV: Seguramente. Yo todo el rato me estoy curando.

TL: ¿Qué pensaría el Juan niño/adolescente del hombre que hoy eres?
JV: Seguro que diría ¿quién es ese? (risas). Yo creo que pensaría que he logrado un sueño.

*Localización: El cielo de Urrechu. *Próxima semana: Eduardo Noriega.


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