Cruceros

El viaje más especial: la Antártida

Ser de las pocas personas que visitan el continente helado, es posible. Solo necesitas dinero, tiempo, decisión y ganas de aventura.

Rafa Sanz. 26/01/2018

El número de visitantes que recibió la Antártida en la temporada pasada (2016-2017) fue de unas 44.000 personas, en su mayoría estadounidenses. Una cifra que año tras año va creciendo pero que demuestra que es un destino exclusivo solo privilegio de unos pocos.

Existen varias opciones para visitar el continente helado pero lo más común es hacerlo en barco desde Ushuaia en Argentina o Punta Arenas en Chile, aunque existe la posibilidad de llegar también desde Sudáfrica, Australia o Nueva Zelanda. La temporada turística coincide con el verano austral y va de octubre a marzo. Existen agencias especializadas que facilitan la visita con viajes organizados desde España como Catai o Mundo Explora.

Los barcos parten desde Ushuaia, Argentina

La gran mayoría de las navieras salen de Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, que cuenta con aeropuerto y vuelos directos a Buenos Aires, y ofrecen cruceros totalmente equipados y con todas las comodidades. Alojamiento en suites con baño privado, acceso a corriente eléctrica, médicos a bordo y pago con tarjeta dentro del barco. Eso sí, viajar a la Antártida no es barato, el viaje puede partir de los 5.000$ y llegar hasta los 10.000$ o incluso 45.000$ si se incluyen expediciones específicas en busca del pingüino emperador, etc.

El destino principal de los cruceros es la zona de la Península Antártica y las islas cercanas. Algunos pasan previamente por las Islas Fakland (Malvinas) o South Georgia que son muy ricas en fauna salvaje pero visitarlas supone pasar menos tiempo en el destino final.

La fauna salvaje es uno de los atractivos del viaje

Se suele tardar dos días por sentido en cruzar el mítico Pasaje de Drake, que separa Cabo de Hornos de la Antártida con unos 900 km de distancia y que recibe su nombre del famoso pirata Francis Drake que ya en 1578 pudo haber navegado por sus aguas. Teniendo en cuenta que la inestabilidad del tiempo puede hacer que haya días que no se pueda desembarcar es recomendable que la duración del crucero sea de al menos diez días para asegurarnos de que estaremos unos cuatro o cinco días en el continente helado.

Antes de elegir barco es de gran importancia comprobar que la empresa pertenezca a la IATTO (Asociación Internacional de Operadores Turísticos de la Antártida) ya que garantiza que nuestro viaje será responsable y con el menor impacto posible. La Antártida es un ecosistema frágil y el turismo podría comprometerla. Los miembros de la asociación están sujetos a unas normas que regulan el número de pasajeros que pueden desembarcar a la vez, el comportamiento con la fauna y las reglas para no contaminar.

La IATTO regula los cruceros para garantizar el respeto al ecosistema antártico

Además de observar la fauna salvaje de cerca, pingüinos, focas y ballenas principalmente, y de maravillarnos con el paisaje helado, es posible realizar actividades de aventura normalmente no incluidas en el precio del crucero como esquí, kayak, alpinismo o camping, que dado que no existen hoteles de ningún tipo, permite cambiar el camarote del barco por una noche en tierra firme.

También se suele visitar Puerto Lockroy, con su museo y oficina de correos desde donde se pueden enviar postales al resto del mundo. Es importante tener en cuenta que el crucero incluya un par de salidas al día así como excursiones en zodiak para disfrutar al máximo de la fauna y el entorno.

El viaje no es barato, pero ofrece paisajes únicos

No es necesario visado para visitar la Antártida, solo un permiso especial que tramitan las propias navieras pero puede ser buena idea contratar un seguro de viaje que normalmente no está incluido. Se recomienda llevar medicación antimareo, gafas y protector solar y evidentemente ropa adecuada para el frío aunque las temperaturas no son extremas y están en época turística en torno 0ºC. Si se olvida algo, es probable que en los barcos haya tiendas donde adquirirlo.

Viajar a la Antártida no es un destino convencional, hay que ser flexible frente a los imprevistos y llevar una idea no muy cerrada sobre el programa de viaje. Seguro que el resultado, aún con improvisaciones, merecerá la pena.

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