#CloseTo Javier de Miguel: “Testino me tiró la caña, pero no le di pie”

Hablamos de cerca con Javier de Miguel, uno de los rostros internacionales mejor valorados que ahora ha dado una vuelta de tuerca a su profesión.

Icono de fecha 06 Feb 2018 Icono de autor Amalia Enríquez
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Javier de Miguel tiene un sentido del humor que resulta adictivo. Él sabe que es una buena carta de presentación y lo utiliza hasta para conquistar. Campañas importantes con Gucci o Emporio Armani lo posicionaron con los tops de la pasarela, pero él sabía que esa vida era algo pasajero y que su inquietud iba a llevarle por otros caminos. Es ocurrente, irónico, con una capacidad de improvisación que asombra. De niño gastaba sus ahorros en chucherías y bollos. Ahora es más sensato, no derrocha y tiene bastante tacto con su cuenta corriente.

Su mejor arma de seducción es el humor, no le gustan nada las venganzas, admira la virtud de la retórica y aspira a dejar huella por haber hecho siempre el bien. Tiene muy claro, desde hace tiempo, que hay vida más allá de las pasarelas, por eso bebe la vida hasta el último sorbo. Aunque sigue haciéndole guiños a la moda, Javier de Miguel escribe un blog desde hace años y se ha convertido en prescriptor, profesión de nueva cuna que arrasa…

The Luxonomist: Haciendo memoria de nuestro último encuentro, acabo de darme cuenta de que aún estabas soltero…
Javier de Miguel: Es más, en aquella época, Miri y yo lo habíamos dejado. Ni por lo más remoto pensaba en que podíamos volver y ¡mucho menos casarnos! Lo habíamos dejado y estaba dejado, pero en el amor no hay ninguna regla establecida. Entiendo que haya gente que no crea en las segundas oportunidades, pero yo soy más de ¡nunca se sabe! Y si el cuerpo te lo pide y no hay un impedimento mayor, hay que darle vía libre al corazón.

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Se plantea ser padre pronto junto a su mujer

TL: ¿Y cómo llevas la vida de casado?
JDM: Es parecida a la que llevábamos de novios. Es verdad que hay un resorte que cambia, que está en la cabeza y te indica que igual no es. En mi caso, el cambio mental no ha sido tan fuerte porque entiendo el matrimonio como el paso a tener hijos, que sí es lo heavy. Ahí sí que hay un cambio.

TL: ¿Te imaginas como padre?
JDM: Sí. Además, tengo muchas ganas. Siempre he sido muy niñero pero quiero esperar un poquito, aunque yo creo que a lo largo de este año nos pondremos seriamente a ello.

TL: Y Miri qué dice a esto?
JDM: Ella quiere quedarse embarazada ya, pero yo soy el que impone la cautela. Hemos tenido un 2017 muy bueno profesionalmente y hemos viajado un montón. Quiero ver cómo se da este 2018 y, si se presenta tranquilo, será un buen momento para intentarlo.

TL: ¿Cómo se presenta el año?
JDM: Ya sabes que yo soy muy del día a día, porque es lo que exige la profesión de modelo. Nunca puedes planificar nada porque todo puede cambiar en horas. No es algo que depende de ti, sino de agentes profesionales externos, por lo que es muy difícil construir algo con certeza. Ya me he acostumbrado a ir haciendo las cosas poco a poco. Ahora trabajo más en RRSS, como prescriptor e influencer. Es un campo que se está abriendo, que aún tiene recorrido. Es una pequeña burbuja, yo creo, pero de momento está ahí y yo estoy en la pomada.

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En Milán empezó a desfilar para los grandes de la moda

TL: ¿Se ha convertido en un plan B vital?
JDM: De momento es un plan B de transición, que está surgiendo de una manera muy natural. Las marcas ya me contactan para que saque su producto en redes sociales, no para que haga un catálogo. Y también está muy bien pagado. ¿Transición hacia dónde? Eso ya no te lo sé decir. Vivo el momento y me dejo llevar por donde la vida me conduzca. Igual me sorprende de nuevo, pero sí tengo claro que en la comunicación está el futuro.

TL: ¡Qué cambio tan radical de vida!
JDM: Es cierto, pero no es anti natura. No es como si de pronto me hiciera profesor. Es verdad que esta nueva etapa no es lo mismo que antes… pero sí tiene relación. Sigo trabajando con mucha gente con la que trabajaba antes, sigo muy vinculado con agencias de comunicación con las que tenía contacto en mi época de modelo y ¡fíjate! me siento más valorado ahora que antes.

TL: ¿En serio?
JDM: Sí. No es que como modelo no se te valore, pero tu aportación es mínima. Ponte guapo para la foto y ya está. Ahora, las marcas involucran mucho más a los prescriptores e influencers. Ahora es “tenemos este producto y tú haz lo que quieras, comunícalo”.

TL: ¿Te sientes más realizado así?
JDM: En cierto modo sí, porque me permiten aportar creatividad, ideas e, incluso, a raíz de dos propuestas mías han surgido cosas. Eso es algo que como modelo no tenía.

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Así se hizo el selfie de la portada con nuestra compañera Amalia

TL: Si a eso añades que es una de las pocas profesiones en las que la mujer cobra más que vosotros, entiendo tu frustración…
JDM: Es verdad, pero la segunda profesión en la que también pasa eso es ésta (risas). Me persiguen las profesiones en las que los hombres estamos peor remunerados que las mujeres. Yo creo que, como prescriptores, los hombres proporcionamos menos visibilidad y circulación, por lo menos en el sector moda. Los influencers en el segmento videojuegos, por ejemplo, no tienen rival. Ahí el hombre es el que manda pero, en moda y con las mismas cifras, las mujeres ganan más.

TL: ¿Has sido “chico hormiguita” y te has preocupado de ahorrar?
JDM: Sí, he sido bastante sensato en ese sentido. Siempre tuve muy presente que no sabía cuándo se iba a terminar la racha. El año pasado hice cuatro trabajos muy buenos y muy bien pagados como modelo, pero también he tenido años muy flojos. Soy consciente de que esa vía se va agotando. Como mis primeros años fueron muy buenos, guardé y guardé porque para gastar siempre hay tiempo.

TL: ¿Cómo alguien con tantas inquietudes como tú aterriza en la vida bohemia de la moda?
JDM: Como la mayoría de los modelos: por pura casualidad y de una forma muy accidental. Me descubrieron en una discoteca madrileña. Tenía 16 años y me propusieron un casting para un desfile, que en aquel momento no tenía ni idea de lo que era. Hablé con mis padres y me dejaron ir porque la prueba era a las 5 de la tarde y ya habría salido del colegio. Fui y me eligieron para el desfile, que era de Antonio Miró. Antonio Alvarado, que era quien diseñaba en ese momento para ellos, se convirtió en mi mentor. Él me consiguió los primeros trabajos y me llevó a mi primera agencia, en la que estuve muchos años. A partir de ahí, de una manera muy progresiva, fui compaginando trabajo y estudios hasta que, a los 21, al terminar uno de los cursos de Historia del Arte, me ofrecieron ir a Milán a los desfiles, donde me fue muy bien y ya no me bajé del carro.

TL: Así que la leyenda de “me vieron por la calle” en tu caso se cumplió y te cambió la vida.
JDM: En los modelos masculinos suele ocurrir así. Ten en cuenta que nosotros no tenemos vocación. Siempre ha sido una profesión rara para los chicos. Recuerdo que estando en 3º de BUP, la madre de uno de mis mejores amigos no me quiso ver durante un tiempo porque era modelo y se suponía que no era buena influencia. De aquella, la moda estaba asociada a las malas praxis.

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Le encanta su faceta de influencer por ser más creativa que la de modelo

TL: ¿Echas de menos esa época de modelo cotizado y requerido?
JDM: Sí, un poco… pero más a nivel ego que otra cosa. Obviamente, la moda te da una imagen y un nombre que te hace sentir orgulloso. Trabajar para las firmas más fuertes del mundo es un sueño. Yo creo que para cualquier profesional de cualquier sector, lograr eso es siempre un orgullo.

TL: ¿Te sentiste siempre bien considerado o merecías más reconocimiento?
JDM: Yo creo que sí me dieron mi sitio. Estuve muy bien considerado en España como top y fuera también tuve mi lugar. Creo que se me consideró como mi trabajo reflejaba que se me tenía que considerar.

TL: En tu CV hay una gran campaña con Gucci y trabajos con los mejores. Mario Testino te fotografió… ¿Cómo estás viviendo las noticias de abusos y acoso que se están haciendo públicas últimamente?
JDM: Con Testino he trabajado dos veces. Es un tío divertido y no es tonto, él conoce su posición, sabe dónde está y que, si juega sus cartas, puede conseguir algo. A mí me citó en su habitación del hotel Ritz para la campaña de Gucci, me hizo cuatro Polaroids y me fui. En la sesión de fotos me hizo cuatro tonterías, me tiró la caña, me hizo bromas… pero no le di pie a nada más y no pasó de ahí. Yo creo, no obstante, que se ha abierto la caja de Pandora con este tema y veremos hasta dónde llega todo. Creo que sí es real lo que se cuenta, pero también que hay una delgada línea entre dejarse querer, pasar por el aro y que algo sea realmente sea denunciable o delictivo. Por eso ha habido mucho miedo a denunciar. Yo creo que la mayoría de los casos de actrices o modelos que han denunciado han sido consentidos, no han dicho ¡no me toques! y la cogieron entre tres y la violaron, pero ¡claro! la otra persona está abusando de una posición de privilegio, poder y fuerza. Hay veces que no hace falta decir “como no pases por aquí, te hundo la carrera”. Simplemente sabes que, si pasas, vas a tener un empujón muy fuerte. Luego puedes sentirte mal pero ¿puedes denunciar algo que no ha sido forzado?

TL: ¿Tú habrías denunciado, en el caso de que se hubiera dado la circunstancia?
JDM: Ahora, con la perspectiva que da el tiempo y aun conociendo todo lo que está pasando, sabiendo que no he hecho nada obligado, probablemente no, pero tampoco te digo un NO rotundo. Si se te pone delante una directora creativa, cuarentona, muy mona y tú, con tus 23, te dejas querer… pues no te digo que no viviera ese momento. Pero luego no hubiera podido denunciarlo porque no hubiera habido obligatoriedad.

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Nunca se ha arrepentido de su época como modelo

TL: Pese a todas esas cosas, ¿alguna vez te has arrepentido de elegir el camino de la moda?
JDM: La verdad es que no porque casi todo lo que he sacado de ello, ha sido positivo. Afortunadamente no he tenido épocas duras, que es lo que te hace replantearte las cosas. Lo he visto en compañeros con muchas posibilidades que han pasado etapas de trabajar muy poco y que no sabían qué hacer, porque no tenían plan B. Habían dejado los estudios, se habrían enfrascado en esa historia y volver a casa era, en cierta medida, un fracaso. Yo no me he visto nunca en esa situación que, de producirse, tampoco hubiera sido culpa mía, porque este trabajo depende de otros.

TL: ¿Te has sentido privilegiado?
JDM: Sin duda alguna, sobre todo antes. Ahora estoy más equiparado a mi entorno y mi generación. Todo está más normalizado e incluso los sueldos son más parecidos. A los 21 años ganaba muchísimo dinero, viajaba por todo el mundo conociendo un montón de gente muy prestigiosa. Era algo anormal, pero nunca perdí la referencia de lo que estaba viviendo. Siempre tuve los pies muy asentados en el suelo.

TL: ¿Qué es lo mejor de todo lo vivido?
JDM: Lo mejor de ser modelo es no tener jefe (risas). Tienes un booker, pero no es lo mismo porque es como un representante que trabaja para ti. En el aspecto más banal es una profesión que está muy bien pagada y en el aspecto lúdico, la riqueza que te aporta viajar y conocer el mundo, porque es la realidad. Pasas el tiempo en las ciudades más increíbles del mundo, durante muchos años. Vives tu evolución personal y la de estas ciudades en paralelo.

TL: ¿Te recuerdas feliz?
JDM: Sí, absolutamente. Tuve una infancia y una adolescencia muy felices, en una familia de buena cuna como siempre digo, sin problemas de acoso y bullying en el colegio. A pesar de las pequeñas sombras que todos hemos tenido, no puedo decir que no tenga recuerdos felices que prevalecen.

TL: ¿Has logrado, en todo este tiempo con sus respectivas experiencias, ser la mejor versión de ti mismo?
JDM: Siempre hay algo que queda por hacer o mejorar, pero creo que estoy bien en todos los niveles de mi vida. Mi mejor versión es lo que puedo aportar a los demás. Quiero que vean a un Javier de Miguel positivo, optimista, con ganas de hacer y de compartir.

TL: ¿Queda algo del Javier de antaño en el hombre consagrado de hoy?
JDM: Fíjate que sigo pensando que queda mucho, aunque ya no me veo como era antes. Ya no me puedo comparar, aunque creo que estamos en sintonía. Me encantaría haberme grabado durante días y años seguidos, para ver ese cambio. Ahora es más fácil. Yo tengo grabada mi vida en video gracias a las redes sociales. En el fondo, creo que no he cambiado mucho. Mi esencia es la misma, mi forma de ser, de comunicarme, de tratar a los demás es la de siempre. Nunca les he preguntado a mi familia o amigos si he cambiado, pero nunca me han dado un toque, así que eso debe de ser buena señal.

*Localización: Westin Palace Madrid. *Próxima semana: Isabel Preysler.

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