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#CloseTo Javier Maroto: “Me duele la crítica, principalmente si es injusta”

Hablamos de cerca con Javier Maroto, con quien hemos charlado de la infancia, el cine, la lectura y también de política...

Amalia Enríquez. 20/02/2018

Nació el día de Reyes y eso, cuando eres niño, es una faena importante. Javier Maroto gana muchos enteros en la distancia corta, no solo por su talante, sino también por su porte. Tiene un hablar pausado y una mirada que no aparta cuando le preguntas y responde, lo que invita a una conversación, como poco, tranquila, y que termina en confidencias sinceras…

The Luxonomist: ¿Conseguiremos no hablar de política?
Javier Maroto: ¿Por qué no? Se puede no hacerlo. La mayoría de la gente, en la calle, solo habla de política cuando le genera un problema o una angustia. Hay muchas personas que no hablan de política y, cuando lo hacen, es porque los problemas políticos lo invaden todo. No hablar de ella es un poco por salud mental.

TL: A vosotros es difícil sacaros de vuestra zona de confort, eso reconócemelo…
A veces no es tanto una zona de confort como que los temas de política tienen un argumentario, son los temas recurrentes sobre los que tenemos más información y más entrenamiento. Salir de esa zona de confort es simplemente hablar de temas distintos en los que habitualmente no estás habituado, pero yo no tengo ningún problema en hacerlo.

TL: Deberíais hacerlo más porque antes que político se es persona.
Afortunadamente. Los políticos que no sean personas tienen un grave problema en la política.

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Se ha planteado dejar la política en alguna ocasión

TL: No debería costaros hablar de la cotidianidad.
Vamos a ver cómo va esta conversación y luego me lo dices (risas)

TL: ¿Cuándo descubres que hay vida más allá del despacho?
Siempre he tenido esa percepción, porque nunca he dejado de tener un entorno y un grupo de amigos que nada tienen que ver con mi gente del partido. Lo hago primero por higiene mental, porque poder estar en contacto con gente con opiniones distintas es refrescante y segundo, porque en mi vida política he pasado del gobierno a la oposición, de la oposición al gobierno y, al final, lo que queda de verdad es la gente que te quiere por ser Javier Maroto, no por ser un cargo concreto en un momento determinado.

TL: ¿Tienes amigos que no piensan como tú?
Muchos. Y hay discusiones con respeto porque, sin él, no tienen sentido. En mi filosofía de vida, el respeto es una clave fundamental. Tengo amigos que piensan distinto, a veces muy distinto y yo lo que trato de hacer es aprender de esas discusiones. Obviamente, a veces también trato de convencer al otro pero, lo más útil de una conversación así es aprender de los argumentos que tienen los demás, desde una perspectiva de que no siempre lo que uno piensa es la verdad absoluta. De hecho no lo es, entonces necesitas ver otros puntos de vista que, en el fondo, te están ayudando porque, al conocer sus argumentos, te abren posibilidades de llegar a más personas.

TL: ¿Nunca tiendes a no tocar determinados temas para evitar las disputas? En RRSS por ejemplo…
Los amigos no son virtuales, son reales, por eso con ellos no hay ningún tipo de censura. Las RRSS son otra cosa y no son todas iguales. Está Twitter por un lado y luego todas las demás, que son más parecidas al mundo real porque la gente en ellas tiene una cara, incluso tienes que aceptarlos para intercambiar opiniones. En Twitter es diferente, te pueden leer sin tú seguirles, lo que te lleva a ser receptor de insultos y situaciones varias. No obstante, yo no temo los debates y no eludo ningún tipo de tema.

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Dice que acepta los halagos sinceros de la gente ajena más que los de un jefe

TL: Voy a hacer un inciso en la actualidad y mirar un poco atrás. Naces el día de Reyes…
Sí, ese día nací. Para mis padres fue un regalo y para mí una faena (risas). He tenido que vivir toda mi infancia con no tener doble regalo, pero es algo que se supera (risas).

TL: ¿Cómo eran tus 6 de enero?
Pues los recuerdo con mucha gente que venía a casa a felicitar el día y al final, como de refilón, se acordaban de que también cumplía años. Ese “oye, por cierto, felicidades Javier” lo tengo muy presente. Mis padres fueron muy listos, tienen mucha psicología para los niños, y me convencieron de que, en mi caso, además de cumpleaños íbamos a celebrar mi santo, que es el 3 de diciembre (San Javier), así que organizaban un día especial para que yo tuviera algún regalillo extra y un poco de atención. (risas)

TL: ¿Te recuerdas un niño feliz?
Sí, siempre. Somos tres hermanos y yo soy el mayor. Cada uno ha abierto sus puertas y ventanas a su aire, siempre dentro de una familia en la que nos queremos y nos entendemos, aunque a veces tengamos nuestras cosas. Mis padres han hecho una labor enorme al educarnos en el sentido de que el núcleo familiar es una pieza esencial y que no es algo que desaparece cuando tú dejas de vivir con ellos, sino que se prolonga mucho más allá. Y esa respuesta de nuestros padres es algo que tenemos muy bien aprendida.

TL: Cuando uno lee tu CV se da cuenta de que es de un chico empollón. ¿Te gustó siempre estudiar o lo hacías porque era algo impuesto?
Era una cuestión más bien pragmática. La mía es una familia de clase media. Mi padre trabajaba en el sector privado, montando después su propio negocio, y mi madre era funcionaria en la sanidad pública vasca. Estudiar los tres hermanos tenía un coste, así que tratábamos de aprovechar el tiempo para tener una formación que nos permitiese entrar en el mercado laboral. Yo sabía que eso era importante, pero siempre tuve en cuenta una cuestión: la gente no te contrata por el expediente, sino que hay otras cosas que son importantes, como por ejemplo tus propias actitudes, además de tus capacidades, y el tema del inglés. Siempre me obsesionó poder hablar un inglés fluido, porque me parece algo fundamental. En la política he visto cuántas puertas se le cierran a España porque sus políticos, de todos los colores, no hablan un buen inglés. Por eso lo estudié en la carrera, que era obligatorio, aprendí alemán y, en conversaciones básicas, me he manejado bien en indonesio.

Hace ya algunos años, con un nuevo amigo 😉

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TL: ¡No te creo!
Sí, de verdad (risas). He estado en Indonesia varias veces. Su idioma, que es asiático obviamente, no tiene ninguna palabra similar a nuestras lenguas romances. La consecuencia de la invasión holandesa allí es que el alfabeto es holandés. Es decir, nuestro alfabeto. Si quiero decir “yo” se escribe “aku” y si quiero decir tú es “kamu”, no hay signos distintos, no se declina, no tiene género. Todo consiste en memorizar palabras una detrás de otra.

TL: ¿Cuántos idiomas hablas?
Castellano, el euskera de mi tierra, inglés, alemán y esto que te cuento del indonesio, que lo tomo como una anécdota en mi capítulo de idiomas. Me sirve para regatear en los taxis, para ir de compras, para tomar el pelo a la gente de allí, que te dicen algo pensando que no te vas a enterar y le contestas con una fresca y se mueren de la risa.

TL: El haber sido tan estudioso ¿te ha privado de disfrutar de otras diversiones?
Realmente no. La renuncia más importante era que como precisamente mi familia era de clase media, a diferencia de otros chavales con más recursos que podían vivir en el sitio donde estudiaban, yo no podía permitirme eso. Estudiaba en Deusto y vivía en Vitoria, así que todos los días del año iba y volvía en un autobús. Y eso sí que eran horas de trayecto. Tienes que aprender a dormir en un bus, a estudiar y repasar un examen en él a pesar de que te pongan la música a tope. Esos viajes supusieron, al final, muchas horas en mi carrera.

TL: ¿Echas de menos algo de esos años, algún recuerdo recurrente cuando vuelves la vista atrás?
¿De esa época? El autobús no lo recuerdo con agrado (risas), pero tengo muchos recuerdos de esa etapa muy positivos, aunque también encontraría alguno negativo ¡claro! porque son épocas difíciles. Pero, en líneas generales, conservo buenas vivencias de mi época de estudiante.

Dice que E.T. le fascinó

TL: ¿Te has arrepentido alguna vez de dedicarte a la política y no haber seguido otro camino?
Sí, pero nunca lo he contado y nunca lo he hecho público porque hacía política en el País Vasco. Para ser alcalde del PP en Vitoria, te tiene que votar mucha gente. Eso significa mucha más gente de la que normalmente vota al Partido Popular, lo que supone que hay una amplia mayoría social que te respalda y que te arropa. Eso quiere decir que Vitoria no es como Hernani, ni es como Oyarzun. ¿Con qué cara podría decir yo que quería dejar la política, siendo miembro del PP vasco, cuando los que realmente lo pasaban mal eran mis compañeros, concejales de pueblos gobernados por Batasuna, por ejemplo? He pensado alguna vez dejar la política, pero no lo he hecho por esa convicción y porque, seguramente, se me ha pasado el calentón.

TL: Ah, también por eso… (risas)
Sí, algún episodio en mi partido, algunas cosas que he vivido, me han calentado.

TL: ¿Te sientes a gusto donde estás? Junto a Borja Sémper o Pablo Casado, eres un verso suelto en el PP…
La clave del éxito en esta historia, para vivir bien y ser coherente contigo mismo, es entender que militar en un partido no significa que todo el mundo es igual, ni asumir o pensar exactamente igual que una especie de argumentario general. Hay asuntos en los que comparto al 100% una línea general, y otros en los que no. Lo importante es ser coherente. La coherencia es un valor en la vida personal y en la política. Yo he tratado de serlo siempre y decir siempre lo que he pensado. Una de las mejores cosas que me ha enseñado mi marido es a no mentir nunca. Se puede no decir lo que tú crees, pero no mentir.

TL: No sé si eso, tanto en la política como en la vida, es viable…
Es importante hacerlo. Tú puedes guardarte una opinión, pero no dar como buena una que tú estás transmitiendo, sabiendo que es falsa, porque eso al final te carcome por dentro.

TL: ¿Alguna vez decir la verdad te ha costado un disgusto?
A veces la coherencia requiere compromisos. Algunas cosas que he dicho me han supuesto dificultades, pero me han hecho interiormente más grande. Y duermo mejor.

TL: ¿El halago te resbala?
Si te digo la verdad, el halago no me interesa. Me reconforta mucho más una opinión sincera, a veces humilde, de una persona a la que tú, sin darte cuenta, has podido ayudar. Esas gracias valen mucho más que el que te digan siete diputados o tu jefe ¡qué bien has estado en la tribuna! porque, al final, se lo dicen a todos, lo hagas bien o mal. Yo valoro el halago cuando es sincero y para que lo sea tiene que ser cercano. Soy una persona tímida y no me gusta el halago por el halago.

TL: ¿Y la crítica duele?
Por supuesto, principalmente si es injusta. He hecho y dicho cosas que podrían haberse hecho o dicho mejor y, cuando se me corrige, debo hacer autocrítica y reflexionar sobre ello. Lo duro es cuando se hacen críticas o juicios injustos, a veces a sabiendas. Eso sí es irritante y es bastante frecuente.

TL: ¿Uno se llega a hacer inmune al insulto?
No, porque no eres tú ¡es tu entorno! Cuando los tuyos lo pasan mal, esos son efectos colaterales. Yo tengo marido, familia y amigos. Ellos no saben diferenciar la vida personal de la profesional. Cuando se insulta a Javier Maroto y yo lo leo, entiendo que principalmente se insulta a lo que yo digo o represento, pero no a la persona. Ellos no y esa es una cosa difícil.

#matrimonio

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TL: ¿Dónde termina el Maroto persona y comienza el político?
Yo sé perfectamente dónde está el límite. La inmensa mayoría de las cosas que hago/digo están representando un proyecto y unas ideas que se pueden compartir o no, pero no se juzga a la persona por eso.

TL: ¿Te sientes reconocido?
Sí, porque de lo contrario no habría seguido avanzando y dando pasos en mi compromiso con este partido. Es más, a veces me han pedido que asuma responsabilidades que ni siquiera me esperaba. Sí me siendo reconocido y si no fuera así, tal vez ni siquiera estaríamos manteniendo esta conversación.

TL: Supongo que en algunos casos os pedimos entrevistas en función de lo que nos transmitís…
Yo no pretendo que lo que diga y haga guste a todo el mundo, ni siquiera a mi propio partido. Ahora, también te digo que sé quedarme callado (risas).

TL: ¿Cómo sobrevive un tímido en una profesión tan mediática como ésta?
Sorprendentemente, me he encontrado más tímidos en la política que en cualquier otro lado. El que es tímido con 16 años, es normal. El que lo sigue siendo con 45, tiene un problema. Yo nunca he recurrido a la terapia para superarla (risas), porque me he convencido de que la mejor cura es la experiencia y, por supuesto, también el cariño.

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Las obras de Stefan Zweig y lo último de Fernando Aramburu, entre sus lecturas favoritas

TL: ¡Tan necesario en todo! Vives toda la semana en Madrid o viajando. ¿Cómo llevas las ausencias, la distancia de tu marido?
Lo llevo bien gracias a la generosidad de Josema.

TL: ¿Él te conoció ya siendo político?
No. Llevamos 20 años juntos y yo, en política, llevo menos. Nos conocimos en el 97, dos años antes de entrar en política. Yo estaba trabajando en el sector privado. Mi marido es una persona extraordinaria, extremadamente generoso y es un magnífico compañero. Me ha apoyado y acompañado de una forma impresionante, en lo profesional y en lo humano, todo el tiempo.

TL: ¿Cómo es el hombre que se esconde detrás del político, ese Javier Maroto al que la gente no tiene acceso?
Creo que proyecto una imagen más seria de lo que realmente soy. Me gusta la diversión. Trato de reírme de mí mismo y con los demás. Me encanta la música, el deporte y, sobre todo, estar con los míos.

TL: ¿Hay hueco para el cine?
Me gusta, aunque antes tenía más tiempo para ir que ahora. De niño iba mucho. E.T. es mi película, un clásico. Flipé con esa historia, me quedé impresionado cuando decía “mi casa, teléfono” (risas). No entendía qué le pasaba al pobre, por qué estaba malo y, sobre todo, cómo hacía para volar en la bicicleta. Con los años, he visto mucho más cine. No soy de grandes superproducciones, prefiero una película española bien hecha o de cine escandinavo antes que un blockbuster. Me gustan las películas con mensaje, que hablen de cómo es y lo que le pasa a la gente. Prefiero eso a “chico conoce chica o un super héroe”.

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Recomienda encarecidamente estas dos lecturas de Yuval Noah Harari

TL: Es raro que a los hombres os guste eso de “chico conoce chica”
Bueno, tampoco me interesa “dinosaurio come a un humano” o disparo un rayo láser contra una nave imperial (carcajada)

TL: En tu pasión por la música, ¿hay una canción que te transporte a un momento inolvidable?
Muchas canciones. Cada momento ha tenido una. He procurado no olvidarme de esas que estaban conmigo en esos instantes únicos y, cuando las oigo, me transportan a ese lugar de nuevo.

TL: ¿Cómo sería un domingo perfecto ahora en tu vida?
Un domingo que en lugar de 24 horas, tuviera 150 para poder hacer todas las cosas que están pendientes en casa, hacer deporte, tomar un aperitivo con amigos, poder comer con mis padres, leer un libro pendiente. No me da tiempo a todo porque la agenda, en este partido, incluye los domingos.

TL: Parece que los políticos, como los periodistas, no tienen vida fuera del trabajo…
La peor renuncia de un político es el anonimato, más que la agenda. Yo procuro no perder esa parte de disfrute que tiene la vida, a pesar de que me reconozcan por donde vaya. Pero de vez en cuando viajo al extranjero y, aunque me encuentre a alguien que me conozca, vivo el anonimato de nuevo.

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Javier Maroto durante la entrevista con nuestra compañera Amalia Enríquez

TL: Me decías que necesitas más tiempo un domingo para, entre otras cosas, leer. Recomiéndame dos libros.
Más que dos libros te voy a recomendar un par de autores: Stefan Zweig, porque es especialmente prolijo y porque sus libros son muy cortos y fantásticos; y Yuval Noah Harari, un escritor hebreo que ha escrito ‘Homo sapiens’ y ‘Homo Deus’, porque te reescribe la historia de una forma fenomenal, desde el neandertal hasta los tiempos actuales, y que hace, en voz alta, las preguntas que el ser humano se está haciendo ahora mismo. Y luego, por supuesto, ‘Patria’ porque es un libro duro pero necesario.

TL: Es necesario, también a veces, mirar a nuestro interior. ¿Qué pensaría ese niño que no tenía doble regalo el día de Reyes, del hombre en el que te has convertido?
No se lo podría ni imaginar. Todo lo que me ha tocado vivir, nada que ver con lo que podría imaginar de niño. Fliparía muchísimo hasta el extremo, sin duda. Nunca se sabe lo que te depara la vida, si es bueno o malo en relación a lo que imaginabas, simplemente es distinto lo que te esperas. Siempre hay renuncias y buenos momentos. Yo de niño en absoluto pensaba que iba a ser alcalde de Vitoria, que iba a estar casado con un hombre, que iba a estar en la dirección nacional del PP o que iba a hacer esta magnífica entrevista contigo. De verdad, gracias.

TL: El agradecimiento es mío. Ha sido un placer y una muy grata sorpresa…

*Localización: sede del Partido Popular. *Próxima semana: Santiago Segura.


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