Entrevistas

#CloseTo Adrián Lastra: “Me muero antes de probar las drogas”

Billy Elliot, Pedro en Velvet, Adri para los amigos y Adrián Lastra para los productores... hablamos con los cuatro de lo divino y lo humano...

Amalia Enríquez. 10/04/2018

Sin darnos cuenta estuvimos charlando casi hora y media. Más que una entrevista fue una conversación de amigos en la que interactuaron Adri, Adrián Lastra, Tony (‘Billy Elliot’) y Pedro (‘Velvet’). Cuatro personalidades en una. ¿La más auténtica? La del chico de Vallecas que no solo no renuncia a sus orígenes, sino que se siente serenamente orgulloso de ellos. Es de esos entrevistados que siempre da más y nunca decepciona.

The Luxonomist: Ya sabes que aquí no hay guion…
Adrián Lastra: Y que todo lo que diga va a misa (risas)

TL: ¡Que no te quepa la menor duda! ¿Estamos en modo Tony o Pedro?
AL: En los dos. Adrián Lastra ya ha pasado a un segundo plano porque ¡la paliza que me viene ahora encima es…! Todo queda en espera, pero estoy feliz de que eso ocurra. Me tomo todo esto como un juego en el que me convierto en X personas sin olvidarme nunca de quién soy.

TL: Hay que tener buena cabeza para diseccionar todo eso…
AL: Es cierto, pero mientras sepas separar lo que es la realidad de la ficción, vas por el buen camino. A poco que te empieces a liar y te empeñes en llevarte el personaje a casa… ¡malo!

TL: ¿Eres de los que lo dejas en el camerino?
AL: Uy, sí sí.. En el mismo momento que dicen ¡corten! ya lo he dejado. No me gusta llevármelos a casa cuando he terminado, ni meterme en ellos cuando salgo de casa para ir al rodaje.

Adrián creció en Vallecas y está orgulloso de ello. Foto: Jorge Puente

TL: No es un ejercicio fácil…
AL: Lo sé, pero es la única manera que tengo de mantener mi cabeza en orden.

TL: Es un antídoto para no enloquecer…
AL: ¡No lo dudes! Son muchos los personajes que tengo en mí al día. Está Adri, “el ser humano”; Adrián Lastra, “el actor”; Tony de ‘Billy Elliot’ y Pedro de ‘Velvet’, que son mis dos personajes de ficción en este momento. Hay que tener cabeza para gestionar todo eso porque, de lo contrario, te acaban succionando.

TL: ¿Dónde arañas el tiempo para estudiar?
AL: Me salva que tengo bastante buena memoria. Era muy mal estudiante de pequeño, malo malísimo porque era muy vago. Me llevaron al psicólogo para ver cuál era el problema, igual era tonto y no nos dábamos cuenta (risas). Y no, la cuestión era que me distraía con todo, era muy disperso. El otro día, sin ir más lejos, estaba estudiando la prueba de un casting bastante larga y en otro idioma, y no pude ponerme a ello más que unos minutos.

TL: Todavía hoy tienes mente voladora…
AL: La sigo teniendo. Bien es verdad que luego me subo al escenario y me lo sé todo. Soy muy profesional en ese sentido, siempre me llevo todos los textos muy aprendidos, pero el proceso para llegar a memorizarlos es eterno por lo que me distraigo en el camino. Puedo mentalizarme de dedicar todo el día de hoy para estudiar pero, al final, no puedo. Es imposible.

TL: Para estudiar todo un día ¡hay que valer!
AL: Supongo que sí. El psicólogo me decía: “¿A ti qué te gusta, qué te es fácil de retener?”. Y siempre le decía que la música, las canciones me las sabía de memoria. Él me decía que me grabara los textos en audio y que los escuchara, pero nada, ¡imposible!.

Ahora triunfa con Billy Elliot en Madrid

TL: ¿La música era lo tuyo de joven?
AL: Sí, de adolescente. La música me vino por una puerta lateral. No tenía una puerta fija a la que dirigirme, pero esa no era en principio mi destino. Estaba bastante perdido en la vida y un día viendo OT, oí cantar a Bustamante y dije “yo quiero hacer eso”. Me gustaba mucho la tecnología, la electrónica, por eso estudié equipos electrónicos de bajo consumo al terminar la ESO, porque no pensaba hacer Bachillerato. Arreglaba los televisores de mis vecinos. Era muy manitas.

TL: ¿Le comentaste algún día a David ese momento?
AL: Sí, la primera vez que le vi le dije que estaba aquí por él. Yo no quería ser famoso ni salir en televisión, mi deseo único era cantar, subirme a un escenario y cantar. Cuando hacíamos conciertos en la Sala Clamores ¡era el más feliz del mundo!.

TL: ¿Cómo fue tu infancia en Vallecas?
AL: Gracias a Vallecas, a mi gente, a mis amigos, a mi familia, soy como soy. Lo que ves, un tipo de lo más normal del mundo, con la careta del nombre artístico que te tienes que poner. Si no hubiese vivido todo lo bueno y lo malo de Vallecas, que era un barrio muy complicado en los años 80, no sería ahora quien y como soy. Allí me han robado, me han atacado… El día de mañana me gustaría hacer una película sobre lo que mis amigos y yo vivimos de jóvenes en Vallecas.

TL: Algo en la línea de ‘A cambio de nada’ de Daniel Guzmán…
AL: Exactamente, pero te aseguro que la nuestra sería muy cruda. La de Dani lo es, pero la realidad que yo viví en Vallecas y todo lo que he tenido en mi familia y en amigos, es muy muy complicada.

TL: ¿Y cómo se sale de eso?
AL: El grupo de mis amigos de niño nos llamamos ‘Los chaches’. Por desgracia, ahora casi nunca les veo por la cantidad de trabajo que tengo. Somos Ángel, Dani, Álex, Sergio, Hugo y yo. Ninguno hemos probado las drogas, nunca, ni hemos tenido problemas con el alcohol o con cosas que te podrían llevar por otro camino. Y todos hemos vivido eso en nuestro entorno.

TL: Es obvio que no se puede generalizar y estigmatizar a un barrio.
AL: Mucha gente me ha preguntado por este tema y siempre les he dicho que nunca he probado nada de eso y que nunca lo haré. Me dicen que no se puede decir nunca, pero yo te lo garantizo: antes de probar las drogas ¡me muero! Nunca en la vida lo haré. Me pueden pasar otro tipo de cosas o caer en otras tentaciones, en eso ¡nunca! Es muy jodido lo que te voy a decir pero, antes que hacer eso, me quito la vida.

TL: Hay que ser muy fuerte para sobrevivir a todo eso. Es meritorio…
AL: El mérito es no caer en la tentación. Lo tienes todo a mano, en la mesa, todo tipo de variedad. Los jóvenes de hoy mucho más que yo en mi adolescencia. Hay días que sales por la noche, ves lo que hacen y cómo están y me produce mucho dolor, mucha pena y mucho miedo a la vez. Cuando tenga familia, yo no quiero que mis hijos vivan esto. Y sé que lo van a tener que presenciar.

TL: La educación en casa es fundamental…
AL: ¡No lo dudes! pero, aun así, es algo que temo. Por mucha educación que recibas, hay quien se tuerce.  Tengo amigos muy bien posicionados, con cuentas corrientes saneadas, que lo tienen todo en la vida y sus hijos, que han estado en los mejores colegios, están metidos en esas dependencias hasta arriba.

TL: Me cuesta asumir que, la mayoría de las veces, los que lo tienen todo también quieren eso…
AL: Es cierto. Tal vez el problema está en tenerlo todo. Hoy un niño dice A y se lo dan. Yo decía A y mi padre me decía ¿y qué? La primera vez que me compré un coche me costó 600€. Tenía más años que el hilo negro pero jamás se me ocurriría pedirles dinero a mis padres para comprarme uno. Las cosas te las tienes que ganar. Es la forma de darles valor. Y también te digo que a mí nunca me ha faltado de nada, que mis padres nunca me han regateado unas pesetas para salir los fines de semana, pero a los catorce años ya estaba trabajando.

TL: Además has hecho de todo, como los grandes de Hollywood que han llegado lejos…
AL: Es muy complicado conseguir las cosas. Yo temo esa frase de “todo va a ir muy bien”, porque ojalá sea así y no se tuerzan las cosas. A los 14 años, cuando pedía algo en casa, mi padre me decía que no podía dármelo. Mi madre trabajaba y él se rompía la espalda literalmente trabajando de chapista para que no nos faltara de nada, pero no llegaba para extras. Nunca nos faltó ropa ni un plato de comida, ni para mí ni para la gente de nuestro entorno.

Con el tiempo ha hecho evolucionar a su personaje de Pedro en ‘Velvet’

TL: ¿Eso es lo que te llevó a trabajar de joven?
AL: Lo hice con el permiso de mis padres. Le llamaba trabajar de publicista y era repartir publicidad por las casas y los buzones (risas). Me daban media peseta por papel, una peseta era ya un récord y, cuando me daban una peseta y media, aquello era una fiesta. Era un buzoneador, que tocaba los telefonillos y me pateaba barrios y barrios. Cuando pillé un poco de dinero, quise hacer mi primer curso de música. Me costó 400€ y mis padres me prestaron un poco de adelanto. Para devolvérselo, me puse a trabajar en el Telepizza los fines de semana. Siempre quise ganarme el dinero trabajando.

TL: Y cuando dices en casa que lo tuyo es la música y el escenario…
AL: Cuando les dije que quería cantar se lo tomaron muy bien. Me dijeron ¡canta y búscate la vida! Me fui a hablar con mi profesora de música, Amparo, que ya ha fallecido, y le dije que quería cantar. Mis padres me apoyaron en todo momento. Cuando empecé con los cursos de interpretación me dijeron que eso no era lo mío. Y con toda la verdad del mundo porque, la primera vez que hice un casting, repasé el texto con ellos y mi madre me dijo “Adri, eres malísimo” (risas). Y tenía razón, hasta que me vieron en un escenario con la música de Mecano y empezaron a cambiar un poco de opinión.

TL: ¿’Hoy no me puedo levantar’ fue el principio de todo?
AL: Completamente. Fue el principio de descubrir la magia de la interpretación y del escenario. Hasta ese momento, había hecho infantiles, había estado en ‘La década prodigiosa’… pero lo que era estar en la élite, en la Gran Vía, fue un cambio radical para mi familia y para mí. A mi padre le costó mucho verme, porque mi personaje estaba implicado con las drogas y, cuando en el segundo acto me vio con ojeras, la voz cambiada, fumando, aunque le decían que todo era ficción, lo pasó francamente mal.

TL: ¿Qué dicen ahora?
AL: Están orgullosos, felices. Ahora es muy bonito ver su felicidad. En Nochevieja, mi padre se emocionó. Muy pocas veces le había visto llorar, a mi madre sí. Se emocionó cuando le dijimos que me iba a Estados Unidos unos meses ¡y me impactó mucho mucho! Fueron lágrimas de felicidad, me abrazó y me dijo “estoy muy orgulloso de ti”. Él pensaría “mira mi niño, que quería ser futbolista y hacíamos las pruebas para entrar en algún equipo y nunca le cogían… y ahora se va a triunfar en otro país”. Fue un momento muy bonito e impactante a la vez.

TL: ¿Y tus amigos?
AL: Están felices y enfadados a la vez. Enfadados con la vida y conmigo porque no me ven. Esas noches que nos pasábamos en casa de alguno hasta las tantas de la madrugada jugando a la play station, ya quedan lejos y es difícil repetirlas. O esas noches que nos íbamos de juerga sin que nadie me reconociera o pidiera fotos. Ahora tampoco es fácil recuperar esa tranquilidad y anonimato.

El de ‘El discurso del rey’ fue uno de sus personajes más difíciles

TL: ¿’El discurso del rey’ fue el más difícil todavía?
AL: Sin duda alguna, y me lo ofrecieron en este hotel Palace, en esa mesa que tenemos enfrente. Cuando me senté para hablar con la directora, le dije que cómo había pensado en mí para ofrecerme el logopeda, porque me había llegado la información de que era el papel que me querían dar. Y cuando me dijo que quería que fuera el rey, me levanté de la mesa y, todo nervioso, le dije: “¿Yo, el rey? No puede ser, no puedo, no puedo”. Fue muy difícil, pero un reto maravilloso. Un personaje precioso pero muy complicado porque iba en contra de lo que había hecho hasta el momento y en contra de lo que el público esperaba que hiciera porque no tengo nada en común con ese personaje, nada de nada.

TL: Ahí está la magia…
AL: Sí, claro. Para mí lo más bonito de todo es que estaba tan alejado de mí… Es un personaje que me ha dado muchas alegrías. Sé que van a venir muchas cosas y van a ser emocionantes, pero ojalá llegara otro personaje así.

TL: Los habrá, pero como el Pedro de ‘Velvet’…
AL: Es excepcional la repercusión que ha tenido ese personaje en mi vida. Acabo de llegar de México y la serie allí es todo un acontecimiento. Abruma e impacta ver el efecto de tu trabajo y la satisfacción que produce ¡ni te la imaginas! Yo no estaba acostumbrado a tener ese volumen de prensa por una serie, se lo decía a la relaciones públicas que tuve allí. Fue un no parar: entrevistas de prensa, televisión, radios… Nunca había vivido en España algo así. Por muchas entrevistas que hiciera aquí siempre me he sentido muy lejano todo eso, pero ahora cada día lo veo más cerca. A mis padres no les hace mucha gracia, porque me tendría que ir.

TL: ¿Harías las maletas?
AL: .

TL: ¿Con billete de vuelta o a ver qué pasa?
AL: Yo soy de “a ver qué pasa”. El billete de vuelta siempre acabas por cancelarlo. Mi objetivo no es Los Angeles ni Hollywood. Estoy muy feliz con lo que estoy viviendo aquí, pero me he dado cuenta de que el mundo es muy grande y ofrece grandes expectativas. Dos meses de avance allí equivale a un año y medio aquí. Es increíble. Allí las cosas pasan, ocurren, las materializas. Aquí, hasta que sale un personaje como el Pedro de ‘Velvet’ o el Sito Miñanco de ‘Fariña’, no te reconocen como actor. Y eso me enfada, me molesta, porque aquí hay mucha vagancia para situarte en un perfil diferente al que les tienes acostumbrados. Los actores somos un abanico de colores, no solo somos la gama del rojo y no sabemos hacer más. Aquí te encasillan, fuera te dan más opciones. Aquí van a lo seguro. Y, por supuesto, doy gracias por lo que tengo aquí porque es lo que me permite llevarme pan a la boca, pero añoras poder demostrar otros colores de ese abanico.

TL: Entiendo que eres de los que piensa que no hay papeles pequeños…
AL: No, por supuesto que no. No existe papel pequeño, sino actor mediocre. Mientras tú saques el corazón por la boca, da igual las frases o las líneas que tengas. A las pruebas me remito. Mira ahora mi Pedro y lo que era en la primera temporada, que se limitaba a dos frases y a llevar las cajas de un lado para otro. El personaje ha crecido porque nosotros luchamos porque fuera así.

TL: Lo mismo es transferible a Billy Elliot…
AL: Completamente. Mucha gente me ha dicho por qué me iba a hacer un secundario. Tengo cinco escenas en tres horas y cuarto de musical ¿y qué más da? Aprovecha a tope esa presencia y disfruta. Es un musical que es un bombón y que está reventando la taquilla. El feedback que estoy recibiendo es muy bueno y esa es la recompensa.

TL: El niño que fuiste estaría orgulloso…
AL: Yo creo que si hoy le tuviera delante, vería en él orgullo y diría “Adri, esto es para tus cojones”, ya sé que no queda muy bien y mis publicistas me dicen que no lo escriba en RRSS, pero es lo que siento. Todo lo que me está pasando es porque sí, porque me lo he ganado. Nunca nadie me ha regalado nunca nada. Al revés, me han dado palos. Ese niño lloraría, se sentiría orgulloso, sonreiría, no tendría miedo.

*Localización: Westin Palace Madrid. *Próxima semana: Gerónimo Rauch.

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