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10 consejos para tratar las rabietas infantiles

Cambiar el berrinche por un diálogo constructivo es posible educando desde el cerebro.

Patricia Peyró. 12/06/2018

Educar es posiblemente una de las labores más duras para cualquier padre. Con la paternidad adoptamos toda una carga de responsabilidades que muchas veces nos superan, pese a poner nuestra mejor voluntad. Siendo la paciencia uno de los ingredientes más necesarios, conocer el modo en que funciona el cerebro infantil podrá ahorrarnos mucho trabajo, ayudarnos a conseguir objetivos y no sucumbir a la desesperación. Antes de ser padres nadie nos dijo que podría haber algunos problemas. Los menores serán las preocupaciones derivadas de la desobediencia infantil, la rebeldía adolescente, la falta de interés o las malas notas por no estudiar.

Los problemas de conducta tratados desde el cerebro
Algo con lo que no cuenta la mayoría de los padres es con recurrir al cerebro para paliar los contratiempos de la vida diaria en la relación con nuestros hijos. Ejemplo de ello son los problemas de conducta por mal comportamiento, los cuales son uno de los motivos más frecuentes de consulta en el psicólogo en niños que no tienen ninguna dificultad de neurodesarrollo.

El sistema límbico toma el control por nosotros cuando perdemos los nervios

En su libro ‘No drama-discipline’ los neuropsicólogos Drs. Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson ofrecen los siguientes consejos para conseguir resultados y evitar los berrinches propios de las situaciones dramáticas:

  • Párate a pensar: Bryson aconseja reflexionar sobre los propósitos de la educación y nos recuerda que “la idea de la disciplina es educar y construir habilidades”. Por eso debemos plantearnos el dar un grito al niño o castigarlo cuando, por ejemplo, tire un juguete. Responder a nuestro instinto y enfadarnos planteará una situación de “pelea y drama”. ¿Realmente castigándolo le enseñamos algo sobre autocontrol o paciencia al niño? Mejor será hacernos las siguientes preguntas: ¿Por qué lo ha hecho?, ¿qué lección le quiero enseñar? y ¿cuál es la mejor manera de hacerlo?
  • Discutir en el momento preciso: El doctor afirma que “el cerebro sólo aprende cuando está en un estado receptivo”.  Por tanto, no merece la pena gastar energías en enseñar cuando se está en medio de una pelea o cuando el niño esté muy alterado. Mejor dejar la charla didáctica para un momento de calma y receptividad.
  • Conectar emocionalmente para activar su receptividad: ¿Quieres que te escuche cuando está en una situación de crisis? La única manera será conectando con él, captando su atención desde el lado emocional y haciendo que se tranquilice. Sólo así podrás redirigir su comportamiento.
  • Cambiar la negatividad del castigo por la calma: Este consejo sugiere cambiar el castigo por la recompensa.  Sin embargo, tiene sentido:  cuando se les castiga y manda a su cuarto, por ejemplo, o a cualquier sitio en el que se les priva de una actividad (lo que se denomina en psicología “tiempo fuera” o “time-out”) es contraproducente. El experto aboga por cambiar el escenario negativo por otro de “zona de calma”, donde pueda hacer algo que le guste y relaje, con el fin de calmarlo.
  • Acéptalo siempre, no sólo cuando se porta bien: Si le castigamos cuando se porta mal, de acuerdo a Bryson le estamos dando un segundo mensaje subyacente: que sólo le aceptamos cuando es bueno. Nos aconseja que reflexionemos junto a nuestro hijo, conectemos y hablemos más.
Hay que huir del drama infantil y apelar a la calma, primero, y a la razón, después

¿Cómo calmar al niño en una situación de gran tensión?
Las discusiones y peleas pueden sacar lo peor de nosotros, porque no actuamos de un modo racional, sino “aconsejados” por el sistema límbico, y una vez que la corteza cerebral ha perdido el control de la situación. En estos casos se produce un bloqueo psicológico, mental, e incluso corporal, que nos impide actuar racionalmente. Se trata de lo que se conoce como secuestro emocional, acuñado por primera vez por el psicólogo Daniel Goleman.

Cuando se entra en estado de secuestro emocional (también conocido como secuestro límbico o amigdalar), sucede una especie de “congelación” que nos inmoviliza y deja desconcertados en la medida en que nos aleja del pensamiento racional y cognitivo.  Si es una respuesta que aparece en el adulto, podemos imaginar la facilidad con la que podría dispararse en un niño, ya de por sí inmaduro y sin recursos psicológicos o intelectuales para poder enfrentarse a una situación estresante de gran magnitud.

El psicólogo Daniel Goleman y la divulgadora Elsa Punset

Muy especialmente si se trata de niños, jamás podemos cruzar la línea que nos lleva a perder el control sobre nosotros mismos, y además debemos ayudarlos a calmarlos si percibimos que han entrado en situación de bloqueo.  Estos son los consejos de Elsa Punset, para dirigirse a una persona víctima de un secuestro emocional, en este caso a un niño:

  • Sigue en modo conversación y no en modo “reacción”.  Y recuerda que dos no discuten si uno no quiere.
  • Huye del drama; ignora la histeria y espera a que se calme.
  • Ralentiza el ritmo de la conversación y habla más despacio.
  • No le mandes callar ni uses mensajes negativos.  Sustitúyelo por un “por favor, habla más despacio” y por un “te quiero ayudar”.
  • Una vez esté calmado ya podrás dirigirte a su cerebro racional, haciéndole preguntas del tipo “¿Qué quieres que haga yo?”. No es el momento de explicar, sino de hacer preguntas para que nos explique cómo se siente.

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