Me gusto como soy

¿Se pueden detectar los casos de Trastornos de la Conducta Alimenticia (TCA) antes de que sea demasiado tarde? La respuesta es afirmativa.

Un Socrático. 02/10/2014
Anorexia. Foto: www.glogster.com
Anorexia. Foto: www.glogster.com

Una imagen vale más que mil palabras. La que me viene a la mente es atroz: una joven desnuda, sentada con el torso inclinado nos muestra su cuerpo de 25 años. Parece una anciana. Medía 1,75 m y en aquel momento pesaba 25 kg. Se llamaba Isabelle Caro. Era una actriz y modelo francesa que murió a los 28 años. La anorexia la perseguía desde la pubertad.

El fotógrafo Oliveiro Toscani la llevó a la fama al hacerla protagonista de una campaña italiana contra la terrible enfermedad en 2007. En los últimos años hemos pasado de un ideal de belleza más o menos deseable (ser más rubio o más moreno, tener más o menos pelo o vello) a un canon de belleza totalmente idealizado, fuera del alcance de un 90% de la población, que nos ha llevado a una tiranía absoluta en lo concerniente al aspecto físico. Ya no se trata de estar más ‘presentables’ o ‘saludables’ sino de caber en determinadas tallas. Hecho especialmente sangrante y machista con las mujeres a las que se les ‘exige’ unas determinadas medidas.

Esto tiene una gran relevancia en los adolescentes: se encuentran en un momento complicado donde la aceptación de su grupo de iguales se convierte en el objetivo máximo de su existencia. Por ello, son más vulnerables al tipo de mensajes que te dicen que es necesario y exitoso agradar a todo el mundo y que esto sólo se puede hacer teniendo un buen aspecto físico. De hecho, si somos cinéfilos y nos paramos a pensar, en la mayoría de las películas, los rasgos positivos como ser guapo, atlético y tener sex-appeal está intrínsecamente relacionado con los héroes de la historia, mientras que los personajes malvados suelen ser feos, con sobrepeso o ‘menos deseables físicamente’. Estos mensajes nos pueden resultar curiosos, pero gozan de especial relevancia en el inconsciente colectivo, particularmente, en unos jóvenes que los toman como ejemplo a seguir.

Isabelle Cano

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) están a la orden del día. Detrás de ellos se encuentra una baja autoestima y un afán de perfeccionismo/obsesión por el culto al cuerpo que hace mella especialmente en las adolescentes, aunque, últimamente, está creciendo también entre los chicos. Hoy en día, gracias a las nuevas tecnologías, aumenta la difusión de estas conductas a través de páginas que te enseñan literalmente a burlar los controles de los padres para la comida. Es importante ponerle coto.

Pero, ¿se pueden detectar los casos de TCA antes de que sea demasiado tarde? La respuesta es afirmativa. Eso sí, hay que tener en cuenta que detectar la anorexia, la bulimia o el trastorno de atracón, es complicado al principio, ya que sus manifestaciones iniciales más visibles son comportamientos etiquetados como normales por una sociedad en la que se asocia, de manera absolutamente errónea, un cuerpo delgado con la salud y el éxito social.

Señales de alerta que podemos percibir en nuestro ambiente. En el contexto familiar es donde más probablemente aparecen los primeros indicios del trastorno, pero la tarea de detección puede complicarse como consecuencia de que, como padres, estamos tan preocupados por nuestros hijos que, paradójicamente, llegamos a negar la evidencia porque la sola idea de pensar que puedan tener un problema y necesiten ayuda profesional nos bloquea emocionalmente.

Esto provoca que, ante ciertos comportamientos que catalogaríamos como extraños en personas ajenas a nuestra familia, los justifiquemos con expresiones del tipo: “son manías”, “es cosa de la edad”, “todos los jóvenes hacen dietas”“está más irritable porque está en la edad del pavo”, que minimizan y llegan a ‘tapar’ el problema. Es especialmente frecuente en padres muy perfeccionistas que “no quieren ver” que su hijos tienen un problema grave, ya que esto, según sus esquemas mentales, implica  que ellos, como padres, han fracasado. Lo que es una falacia.

Si se da el caso en nuestra familia, no debemos sentirnos culpables porque los TCA tienen múltiples causas (biológicas, psicológicas, genéticas y socioculturales) para que aparezcan y se mantengan. Por otra parte, los centros educativos constituyen el otro entorno donde detectar de manera precoz estas señales de alarma. Siempre es interesante mantener una relación fluida con los tutores de nuestros hijos, para pedirles que estén atentos a cualquier posible indicio.

En el contexto familiar es donde más probablemente aparecen los primeros indicios del trastorno

Señales relacionadas con la comida

  • Una de las señales más claras de TCA es la justificación, bajo el pretexto de querer hacer una dieta ‘más sana’, del uso de dietas hipocalóricas o restrictivas sin prescripción médica.
  • El empecinamiento patológico en que los demás coman igual o más que ellos, nunca menos.
  • La aparición de sentimiento de culpabilidad por haber comido, en situaciones en las que el consumo de alimentos no ha sido exagerado.
  • Comportamientos alimentarios fuera de lo común: estar mucho rato manipulando la comida con el tenedor, cortar en trocitos muy pequeños o comer los diferentes alimentos en un determinado orden, esconder comida, etc.
  • Una preocupación constante en relación a los alimentos: propiedades nutritivas, dietas, calorías…
  • El aumento del consumo de agua, que realizan con el fin de «engañar al estómago».
  • Un interés exagerado por las recetas de cocina que no se traduce en un consumo de las mismas, sino que se queda en mera colección o lectura.
  • Que nuestros hijos se dirijan al lavabo después de las comidas, bajo todo tipo de excusas, cuando todo el mundo todavía está en la mesa reposando.
  • Otra de las señales es observar que la persona en cuestión tiene ganas de cocinar y preparar platos, pero que muestra un gran interés en que los tomen los demás, sin que lo pruebe la propia persona poniendo todo tipo de excusas peregrinas.
Otra de las señales es el aumento del consumo de agua para ‘engañar al estómago’

Señales relacionadas con el peso y la imagen corporal

  • La pérdida de peso injustificada, sin dejar ver cómo se está produciendo esta pérdida, es una de las primeras señales de alarma.
  • Las personas que padecen TCA perciben unos cuerpos más voluminosos de los que realmente tienen, es lo que se denomina distorsión corporal.
  • Dan muestras de pánico a engordar a pesar de que en muchas ocasiones son gente que ya está muy delgada.
  • Estas personas terminan usando ropa ancha para esconder la pérdida de peso.
  • Otra de las señales es la provocación del vómito para poder adelgazar.
  • Aparece una obsesión enfermiza por pesarse para poder comprobar el peso o, por el contrario, pánico ante la idea de hacerlo.
  • Se produce una práctica compulsiva de ejercicio físico con la intención de perder peso y muestran mucha ansiedad en el caso de no poder realizarlo.
  • En ocasiones, ayunan o utilizan de forma masiva y sin prescripción médica laxantes y diuréticos.
Una de las señales es la obsesión enfermiza con pesarse

Señales de la existencia de un TCA en el comportamiento

  • Las personas que están pasando por esta situación presentan normalmente tristeza, apatía, irritabilidad y cambios de humor.
  • Se observa una insatisfacción personal, baja autoestima, quejas constantes en relación a la propia imagen corporal.
  • Muestran una atención exagerada hacia los cuerpos delgados, tanto los que aparecen en los medios de comunicación como aquellos que están en el círculo de amistades.
  • Aumentan las horas dedicadas a actividades intelectuales (leer, estudiar…) y, sin embargo, se concentran y rinden menos, por el aporte deficitario de nutrientes.
  • Crecen las discusiones familiares en torno a la comida.
  • Disminuyen las relaciones sociales ya que la persona tiene que estar inventando cada vez más excusas para evitar comer en las reuniones de amigos o familiares. Lo que se traduce en la perdida de amistades y en un aislamiento cada vez mayor.
Una señal de que las cosas no van bien es la disminución de las relaciones sociales

Cosas a tener en cuenta
Como hemos podido comprobar, existen muchas señales que nos pueden estar alertando de que algo no va bien. No se dan todas en todos los casos, pues cada persona es diferente y cada problema tiene sus particularidades. Además, en este intento de realizar una detección más o menos precoz, tenemos que tener muy en cuenta que la persona afectada de un TCA suele engañarse a sí misma y, por lo tanto, también engaña a los demás. Esto hace que descubrir la situación, aún haciendo de vigilante de nuestros hijos (cosa que no debemos hacer), se convierta en un objetivo realmente difícil de conseguir.

Si nos encontramos con que nuestros hijos nos mienten, debemos entender las mentiras como parte del propio trastorno. Sobre todo si no nos engañaban antes de tener estos síntomas. Las mentiras no son más que una estrategia para esconder una situación que les preocupa y les genera miedo y malestar. Nuestro papel de padres nos debe llevar a intentar comprenderlos separando a la persona del problema que está viviendo, a empatizar con ellos hablándoles de manera clara y amable, exponiéndoles nuestra preocupación y ofreciendo nuestra ayuda para solucionar el problema.

Para los padres, esta parte constituye todo un reto , pero el no romper los vínculos que nos unen a nuestros hijos, les ayudará a salir más fácilmente de una situación tremendamente complicada. Debemos entender que están enfermos y requieren nuestra ayuda. No lo hacen para fastidiarnos o hacernos la vida más complicada. Necesitan nuestra mano para lograr salir del pozo en el que están inmersos.

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