Porque yo lo valgo

No se trata de explicar aquí en qué consiste cada uno de los Trastornos de la Conducta Alimentaria, sino de dar algunas claves que nos sirvan de prevención.

Un Socrático. 14/10/2014
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Intentamos ofrecer unas claves para prevenir los TCA
Intentamos ofrecer unas claves para prevenir los TCA

En el pasado artículo escribía sobre las claves que pueden estar indicando la presencia de un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) en uno de nuestros jóvenes. Es cierto que la sintomatología, así como las conductas nocivas, pueden tener varios orígenes y ser bastante diversas ya que se incluyen en ellas los trastornos de la anorexia, bulimia y la anorexia nerviosa. Sin embargo, no se trata de explicar aquí en qué consiste cada una de manera pormenorizada, sino más bien en dar algunas claves que nos sirvan en nuestra realidad cotidiana a modo de prevención.

Si actualmente ya están viviendo un problema similar en su familia, la recomendación inmediata es que vayan a ver a su médico de cabecera para que haga un estudio con el fin de poder evaluar si verdaderamente su hijo padece un TCA y, en caso afirmativo, que sea derivado a los grupos especializados donde trabajan de manera coordinada nutricionistas, psiquiatras y psicólogos. Esto se hace así porque se trata de un problema multifactorial y es necesario trabajar de manera simultánea en varios frentes para conseguir la recuperación de los pacientes y prevenir futuras recaídas.

Al margen de esto, como padres, no debemos culpabilizarnos: este tipo de trastornos no solo están ligado al ambiente familiar, sino que son multifactoriales (algunos autores hablan incluso de cierto origen genético y otros de «rasgos» de personalidad), por lo que no está en nuestras manos ser eficaces al 100 por 100 para evitarlo. Sin embargo, la educación es una herramienta muy poderosa con la que cuentan los padres y los profesores. Siempre se pueden hacer muchas cosas en este sentido que ayudarán a nuestros pequeños a no verse arrastrados por la presión y a luchar contra la tiranía de la imagen que nos impone la sociedad.

No debemos transmitir ni aceptar actitudes de rechazo hacia los demás

Algunos consejos para la prevención RE.

No debemos de transmitir, ni aceptar en nuestra familia, actitudes de rechazo hacia personas que tengan una constitución diferente a la considerada normal. Comentarios como «gordo» o «vaca», que se profieren de manera despectiva y a modo de insulto, deben cortarse desde el principio, porque ninguna diferencia física, ni nada de lo que se supone que se sale de la «normalidad», debe ser motivo de mofa o desprecio.

Actualmente llevamos una vida que favorece la aparición de sobrepeso en las personas. Evitemos esta situación a la par de compartir actividades con nuestros hijos. El ejercicio físico no solo les ayuda a mantenerse en forma previniendo la obesidad, sino que la liberación de endorfinas durante el ejercicio aumenta la sensación de bienestar y hacerlo en familia o con amigos refuerza nuestros vínculos familiares y sociales.

Por supuesto que una buena alimentación es el pilar fundamental de esta prevención y, por añadidura, del desarrollo de los chicos. La teoría la sabemos de sobra, así que se trata de pasar a la acción, ponernos a ello y cumplir a rajatabla las 5 comidas diarias, nosotros también, para dar ejemplo. El desayuno debe ser la comida más completa; a media mañana y a media tarde un tentempié como, por ejemplo, una pieza de fruta, un lácteo o un bocadillo; y la cena, siempre pronto y lo más ligera posible. Las comidas no se deben saltar y, por supuesto, no compensar el ayuno con un posterior atracón, ni viceversa. Se debe comer despacio y con tranquilidad y, siempre que sea posible, en familia. De esta manera, de paso que aprovechamos para comentar las incidencias del día, ejercemos más control sobre lo que comen nuestros hijos.

Se debe comer despacio y siempre que sea posible, en familia

Nos lo han dicho hasta la saciedad, pero es necesario tenerlo siempre presente: la dieta debe ser variada: frutas, verduras, hortalizas, legumbres, frutos secos, lácteos, huevos, pescados y carnes. Es aconsejable moderar el consumo de carnes rojas y limitar la cantidad de bollería industrial, chucherías, refrescos azucarados, comida rápida, fritos y alimentos grasos. La pasta, el arroz, los cereales y el pan son la mayor fuente de energía para el cuerpo, no “engordan mucho” y es bueno tomarlos en las comidas.

No debemos llevarnos a engaño, no existen dietas milagrosas, ni productos dietéticos mágicos para adelgazar. No hay alimentos que engorden ni alimentos que adelgacen y todos son necesarios, en su medida, para tener una alimentación sana y equilibrada. Si en un momento determinado nos hemos decidido por el modelo “familia a dieta”, lo mejor es hacerlo bajo la supervisión de un especialista, teniendo siempre en cuenta que son preferibles los cambios ligeros y mantenidos en el tiempo, a las modificaciones exageradas. Esto sucede porque los cambios drásticos no pueden mantenerse en el tiempo y perjudican seriamente el crecimiento y desarrollo de nuestros niños.

Es importante que tengamos en cuenta que en nuestro peso influyen varios factores: el genético y la ingestión y quema de calorías. Cada uno de nosotros tenemos nuestra constitución y para mantener el cuerpo sano tenemos que hacer ejercicio a diario y mantener el equilibrio entre lo que comemos y gastamos. En general, el problema no suele ser tanto la cantidad de alimento que se ingiere, como la cantidad de energía acumulada que no se gasta y que, en muchos casos, genera los problemas de sobrepeso. Por eso es fundamental instaurar en nuestra familia hábitos saludables y tratar de mantenerlos de manera constante a lo largo de la vida. Alimentación y ejercicio físico son hábitos que unidos a un descanso adecuado nos permitirá llevar una vida saludable.

Hay que inculcar a nuestros hijos que hay que aceptarse tal y como se es y sacarse partido

Y quizás, lo más arduo de conseguir, aunque llevar una vida sana con el ajetreo del estilo de vida occidental puede ser muy difícil, es trabajar diariamente a nivel psicológico con nuestros hijos. Debemos inculcarles que no existe un modelo de cuerpo normal o bello, que cada persona tiene su cuerpo, con algunas características que le gustan y otras que no (no estaría de más aplicarnos el cuento a nosotros mismos). Que no se trata tanto de intentar cambiar las características que no nos gustan, como de aprender a potenciar algunas otras de las que nos sintamos especialmente orgullosos y que, al fin y al cabo, nos definen como personas únicas.

O dicho de forma coloquial: hay que aprender a «sacarse partido». Es una premisa fundamental, aunque muchos parece que todavía no lo creen, el hecho de que según nos valoremos influimos, de manera directa, en cómo nos ven los demás. Seguro que muchos de nosotros tenemos el ejemplo en la cabeza: alguna persona no muy agraciada físicamente está con personas que podrían clasificarse como muy atractivas y nos hemos preguntado cómo es posible. La respuesta a ello es la confianza y la seguridad que desprendemos. Si enviamos señales del tipo “no soy lo suficientemente atractivo/a, o bueno para ti”, ese es el mensaje que les llegará a las personas de nuestro alrededor.

Si por el contrario, tenemos seguridad en nosotros mismos y estamos contentos con quiénes somos, el mensaje es “yo puedo tener tripita, pero soy una persona con la que merece mucho la pena estar”. Esa información cala de manera sorprendente en las personas de nuestro alrededor. Lo que termina por decantar la balanza de si una persona es atractiva o no es la seguridad en sí mismo que desprende, no la subjetividad de un concepto como el de belleza.

Padres y profesores debemos ser muy pedagógicos a la hora de transmitir a nuestros jóvenes que no existe un cuerpo ideal, que la diversidad es una característica de la humanidad y lo que hace que cada uno de nosotros sea único. Insistir en la trascendencia de valorar y cuidar el ocio y los amigos, ya que son necesarios para sentirse bien y disfrutar de la vida. Y no menos importante, fomentar una actitud crítica ante la publicidad y los modelos físicos imperantes.

Los trastornos de la conducta alimentaria son más frecuentes de lo que parecen

Cuando un problema no se comparte, en soledad, se ve mucho más grave de lo que realmente es. Por esa razón es importante generar un clima de confianza y apoyo en nuestra familia. Si conseguimos que nuestros hijos, ya adolescentes, confíen en nosotros y vean el hogar como un lugar dónde pueden poner en común sus problemas sin temor a ser juzgados, estaremos un paso más cerca de la solución, ya que es más fácil abordar los problemas de manera colectiva.

Los trastornos de la conducta alimentaria son más frecuentes de lo que parecen a simple vista. Muchos de ellos están tapados bajo la excusa de tener que llevar una vida más sana o que es bueno adelgazar para sentirse bien o más seguro consigo mismo. Por ello debemos ser especialmente vigilantes y aplicarnos de manera diaria en las tareas de prevención: el mejor dispositivo antiincendios es aquel que provoca que nunca se tengan que poner en marcha los bomberos.

Para ello Internet puede sernos de utilidad con webs donde podemos ampliar la información sobre consejos o sobre los tipos de TCA que se dan. Asimismo nos ofrecen los recursos necesarios para saber cómo y dónde acudir en el desgraciado caso de que nos toque vivir esta situación en nuestra familia. Les dejo alguna de ellas para que continúen informándose sobre el tema: www.feacab.org ; www.adaner.org ; www.acab.org ; www.masqueunaimagen.com .

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