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De la melancolía y los días grises (o azules)

La realidad de la melancolía motivó hace varios años la investigación no científica del 'Blue Monday'.

Patricia Peyró. 28/01/2015
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Es normal sentir melancolía de vez en cuando

Somos seres racionales y, sin embargo, no somos capaces de controlar al cien por cien nuestras emociones negativas, dejando que se retroalimenten entre ellas en esos días grises en los que nos dibujamos una nube encima de la cabeza y nos aislamos dentro del “regodeo” nostálgico y tristón en el que nos encontramos.

La realidad de la melancolía motivó hace varios años la investigación no científica del ‘Blue Monday’, aceptado socialmente con simpatía por su poder de conexión individual con cada uno de nosotros. Este mediático día sirve para poco a nivel científico y empírico, pero sí aporta un buen tema de conversación: el de la melancolía y la existencia universal de días grises, en los que confluyen pensamientos e ideas pesimistas que tienden a acumularse y que adquieren una lectura subjetiva.

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Todos necesitamos de vez en cuando momentos de introspección

¿Es normal sentir melancolía? ¿Debe alarmarnos como signo de depresión? ¿Soy demasiado débil, o acaso “flojito” o “sensiblón” en esos momentos en que me siento un ser despreciable? ¿Qué debemos hacer en esos días blue? Sobre estas cuestiones trascendentales y de alcance personal, sin embargo, no debemos inquietarnos salvo cuando sea preocupante. Es decir, en pequeñas dosis, la melancolía no es relevante, como no lo son las obsesiones ni los pequeños vicios: mientras no interfiera negativamente en nuestra vida, no es un problema.

Sin embargo,  en España hay un creciente abuso de los antidepresivos como reacción a los trastornos del estado de ánimo. Esas son las conclusiones de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), tras publicar cómo se ha triplicado el uso de los antidepresivos en nuestro país. Estas cifras suponen un incremento del 200 por cien respecto a las mediciones realizadas desde el año 2000.

La psicología advierte de la tendencia a la aflicción como algo normal y que no debe preocuparnos, siempre que suceda en momentos puntuales o sea reactiva a un acontecimiento real que lo justifique. “Todos necesitamos de vez en cuando momentos de introspección en los que cuestionemos la adecuación de nuestras acciones respecto al medio”, nos explica la psicóloga de orientación cognitivo-conductual Mar Álvarez.

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Hay que vigilar la tristeza infantil

Los “bajones agudos” no son sino “reflexiones” que uno mismo se plantea, en la medida en que no percibe correspondencia entre sus acciones y sus metas. Conviene, eso sí, “no ser demasiado duro con uno mismo con el fin de no convertir este estado de tristeza puntual en un rasgo permanente”Los días tristes, cargados de razones, pero sin ninguna causa en cuestión, no suelen demandar el aporte del consuelo exterior, puesto que son pequeñas crisis personales que se resuelven solas. Si se prolongan un poco más de la cuenta, lo mejor es recurrir a ese buen amigo que escucha sin juzgar. El Prozac puede esperar. Y el psicólogo, también.

Es importante vigilar la tristeza infantil: uno de cada 20 niños y adolescentes tendrá un episodio depresivo antes de cumplir los 19 años.

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