Dominio del Águila. Una nueva estrella en la Ribera

Ha nacido una estrella en la Ribera del Duero: sí, Dominio del Águila, una nueva Bodega de gran calidad y poca producción.

Ignacio Peyró. 28/01/2015
Cata de vino

 Bodegas del Águila. Haz clic para descubrir la bodega

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Ha nacido una estrella en la Ribera del Duero: sí, Dominio del Águila, una nueva Bodega de gran calidad y poca producción. Está en la zona burgalesa, a donde se va trasladando el centro de gravedad de calidad de la Ribera del Duero. Tienen viñedos viejos, muy buenos, que miman. Su objetivo es elaborar vinos naturales, de modo artesanal. Pero aún hay que esperar varios añitos para disfrutar en plenitud de este reserva 2010. Tres años en barrica son muchos. Y unos cuantos meses en botella, son poco, muy poco. De momento, mejor disfrutar del hermano menor, el tinto crianza Pícaro del Águila 2012, que está ya para beber con agrado. (NB: Texto de la cata de Ignacio Peyró y Jesús Rocamora).

  1. La Bodega y los personajes.

Dominio del Águila es una bodega familiar, dirigida por Jorge Monzón («vigneron») e Isabel Rodero (arquitecto, que en vez de construir casas, ha optado por dedicarse a “construir emociones a través del vino”: bien). La bodega comenzó su andadura en 2010 y está adscrita al ‘Consejo Ecológico de Castilla y León’. Tienen 30 hectáreas de viñas muy viejas, la mayoría en agricultura ecológica. Y vaya machada: dicen en su web que tienen “otras 5 hectáreas de cepas relativamente jóvenes”, porque las viñas no llegan al medio siglo. Proveen de uva a algunas de las principales bodegas de la región desde hace más de una década.

Jorge proviene de una familia de tradición viticultora. Ha estudiado sobre el suelo, la viticultura y la enología en las universidades de Burdeos y Borgoña. Ha trabajado con bodegas de prestigio como el Domaine De La Romanée-Conti durante más de dos años. También ha trabajado en España, en el Grupo Vega Sicilia durante un año y como director técnico de Bodegas Arzuaga-Navarro durante nueve campañas. Desde 2013 está ocupado a tiempo completo en Dominio del Águila.

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Dominio del Águila Reserva 2010

Llevan años dedicados a recuperar los viñedos de la familia y han conseguido reunir en propiedad un importante patrimonio de viña de mucha calidad, “verdaderos Grand Crus… donde la tempranillo es la verdadera protagonista, conviviendo de forma muy amistosa con otras variedades como blanca del país, bobal, garnacha, albillo, tempranillo gris, etc”. Han rehabilitado un lagar tradicional del siglo XVII y seis galerías subterráneas del siglo XV, que se han conectado, y donde reposan los depósitos de hormigón y las barricas bordelesas de roble.

Procuran hacer todo de manera artesanal, siendo muy respetuosos con la naturaleza y haciendo “una simbiosis” entre tradición y avances tecnológicos y científicos. Así, usan infusiones de hierbas, como la valeriana o la milenrama, para el tratamiento de las viñas y no clarifican ni filtran del vino. El objetivo prioritario de Dominio del Águila es hacer vinos puros, naturales, finos, y ecológicos, que sean capaces de envejecer durante mucho, mucho tiempo, pero que también puedan ser disfrutados en cualquier momento: difícil empresa. Sostienen que “nuestro cultivo es ecológico por convicción y nos basamos en viñas viejas y variedades autóctonas. Nosotros respetamos la viña como lo hacían nuestros abuelos. Hemos intentado recuperar la forma de vinificar anterior a la aparición de las cooperativas, incluso al estilo bordelés. Son vinos naturales, a los que sólo se trata con derivados del azufre”.

Todos ellos están elaborados sin despalillar y pisados con los pies en el lagar, como se hacía antiguamente. La fermentación maloláctica la realizan en barricas bordelesas, de 225 litros, de roble de la más alta calidad. El envejecimiento es en galerías subterráneas. Su actual parque de barricas es de unas 250. Les llaman “cubillos”, que es el antiguo término que se empleaba en la zona.

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Pícaro del Águila 2012

La marca principal de la bodega es, por ahora, el tinto ‘Dominio del Águila reserva’. También elaboran un clarete y un vino tinto, llamados ‘Pícaro del Águila’. Aún no han aparecido en el mercado sus grandes reservas parcelarios ‘Canta la perdiz’ y ‘Peñas aladas’, con más de 40 meses en barricas de roble. La exportación supone un 70% de sus ventas. Están ya presentes en 25 países.

Como complemento a la bodega, se han embarcado “en el apasionante proyecto de elaborar una cerveza artesanal, ya que aparte del vino también nos emociona la cerveza. Y con la excusa de estar en la tierra de los mil campos de cebada, nos pusimos hace ya unos cuantos años a elaborarla”. El resultado es Milagritos, una cerveza ale elaborada con ingredientes “totalmente naturales, como agua de pozo, cebada malteada, que viene en parte del terruño, y lúpulos locales cultivados por nosotros, sin aditivos artificiales y mediante procesos tradicionales que están muy lejos de la automatización de los grandes y medianos productores”.

  1. Dominio del Águila reserva 2010. La Aguilera (Burgos). DO Ribera del Duero.

Actualmente (noviembre de 2014) es un embrión. Un vino que ha estado tres años en roble (como un Valbuena), y que lleva embotellado sólo unos meses, no puede haber alcanzado el umbral de “bebible con agrado”. Aunque hay grandes partidarios del “infanticidio”, beber un vino de guarda recién embotellado es hacerle poca justicia. Todos sus componentes son muy buenos, pero no están integrados todavía. Y menos mal que ha hecho la maloláctica en roble. Dice la etiqueta que se trata de un “Vino fino de guarda”: hasta en ese detalle parece estar mirando de reojo al Valbuena, y seguir sus pasos. Eso sí, una diferencia : en este caso, el roble es francés.

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Pícaro del Águila Clarete 2012

¿Hasta cuándo guardarlo?, ¿cuándo estará bebible? Seguramente cuando el Valbuena del mismo año, es decir, en 2020 como pronto. ¿Jarreando la botella ahora se pulen las aristas y se integran sus elementos? Algo mejora, pero no del todo. Nosotros abrimos la botella dos horas antes, quitándole el equivalente a una copa para que hubiese más superficie de contacto del vino con el aire y la jarreamos una hora antes y el vino seguía teniendo aristas: de oro, sí, pero aristas.

Hoy se puede beber con agrado más inmediato el segundo tinto de la Bodega, el Pícaro del Águila 2012, con 19 meses en roble (22,50 €, 92/100 puntos Parker). E incluso su clarete Pícaro del Águila 2012, con 20 meses en roble; eso sí, algo caro (22,50 € también, y 91/100 puntos Parker). En cuanto a su presentación, gustan el tipo de botella elegido, el buen corcho, el lacre de plástico (fácil de quitar, sin poner todo perdido)… Pequeños detalles muy cuidados, que expresan cómo esta pareja de elaboradores confían en su vino.

  1. Precata.
  • Crianza: 35 meses en barricas bordelesas (225 l) de roble francés.
  • Variedades: Tempranillo mayoritariamente, con Blanca del país, Garnacha y Bobal.
  • Vinificación: Sin despalillar. Pisado en el lagar. Hizo la fermentación maloláctica en barrica. Sin filtrar ni clarificar.
  • Producción: 1.979 botellas, 51 Magnum, 11 botellas de 3 l. y 7 botellas de 5 l. Son muy pocas botellas. ¿Cuántas de ellas quedarán cuando el vino esté disfrutable?
  • Alcohol. 14º.
  • Tapón. De corcho natural, de 50 mm, de muy buena calidad.
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4.-Vayamos a la cata (fue en diciembre de 2014).

El color es de capa media-alta, rojo guinda rolando sutilmente al azul. Lágrima espesa, que se agarra a la copa y cae muy lenta. Tiene bastantes saltratos. Una cosa que llamó mucho la atención, positivamente, es que el color es mucho menos achocolatado y denso  que cualquier otro riberita de esa añada.

En nariz, aparecen muchas cosas buenas: mineral, fruta, madera… Y, casi imperceptibles, otras no tan buenas: verdes, balsámicos (seguramente de los raspones, porque pisan los racimos enteros, sin despalillar, con los pies), pero sin llegar a esos horribles verdes prioratinos, ni a los tostados gredeños o ribereños. Como era de esperar, hoy por hoy destaca la madera (insisto, muy buena).

En boca, presenta cierta aspereza y astringencia, que desaparecerán con los años en botella. Buena madera; buena uva, madura, mineral. Quizá la acidez se quede un poco justa si pretende ser un vino de guarda. Ligero amargor. Algo cálido, pero nada alcohólico, a pesar de sus 14º.

Cata de vino
Cata de vino

En conjunto: un vino que gusta incluso a quienes no solemos enfrentarnos a estos grandes morlacos. Ahora, el goce es más intelectual: el de apreciar grandemente un vino que aún no está hecho, pero que tiene todas las líneas puestas ahí para converger en el futuro. Así, resultó mucho más inteligible, por ejemplo, que el L’Ermita 1998 que tomamos casi a la vez. Pasma que se elabore así en la Ribera, y qué menos que celebrarlo. Ese fue otro motivo de disfrute. Pero ante todo, ver la buena uva, la buena elaboración… En definitiva, un vino que gusta mucho hoy, y que enamorará mañana. Como sea, más que de este vino “in nuce”, es de justicia hablar de la Bodega: hay que descubrirse ante esta pareja, porque se les ve con la noble ambición de hacer las cosas muy bien, y no han sacado sus vinos al mercado con precios estratosféricos.

  1. Calificación. Actualmente me parece incalificable, pero apunta maneras para que a partir de 2020 supere ampliamente el 9/10. Parker (Luis Gutiérrez) le ha dado ya un 95/100.
  1. Precio y dónde encontrarlo.  56,35 € en Reserva y Cata.

Cuando salgan los otros vinos de gama más alta, los dos parcelarios, “Canta la perdiz” y “Peñas aladas” (con más de 40 meses en barricas de roble), es previsible que sean bastante más caros. Y es también previsible que se beban antes de tiempo, aún menos disfrutables que el reserva. Una pena.

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