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Cómo comunicarte con tu hijo adolescente

¿Adolescencia rebelde? Si ya no sabes qué hacer alíate con su parte más madura

Ana Villarrubia. 12/02/2015
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A veces no es fácil la comunicación con nuestros hijos. Foto: cuidadospediatricos

Tendemos a relacionarnos con los niños y adolescentes considerándoles inferiores y torpes; al final, conseguimos el efecto contrario al deseado: su infantilización. ¿Has probado a potenciar la parte adulta de tu hijo?

Una de las herramientas más valiosas con las que cuenta el psicólogo para comunicarse de manera eficaz con el niño o el adolescente es el adecuado manejo del lenguaje y del discurso que mantiene con él. Desde el punto de vista psicológico el menor no es un espécimen extraño muy distinto del adulto al que hay que infantilizar en base a la edad que su DNI revela; muy al contrario, el niño es un semi-adulto cuya mente, en desarrollo, está potencialmente capacitada para comprender los mismos conceptos que manejamos los adultos. Otra cosa bien distinta es que su conducta, su necesidad de explorar o su control de impulsos nada refinado le traicionen y le hagan desplegar conductas imprudentes, punibles o inmaduras. De aquí la dificultad de todo reto psicoeducativo.

Efectivamente, si tratamos al niño como si fuera “tan solo un niño pequeño”, probablemente obtendremos respuestas igualmente infantilizadas. Si les consideramos reiteradamente como sujetos menos competentes, difícilmente se verán capaces de asumir nuevas responsabilidades o se sentirán motivados para cambiar ni un ápice sus comportamiento más inmaduros. Si tienes un niño o adolescente en casa te invito a que pruebes a tratarle como una persona más capaz y más desarrollada, como ese adulto en potencia que es, y rápidamente descubrirás que sus respuestas se asemejan también a las que un adulto podría proporcionarte. Así pues, comunicarte con la parte más madura de tu hijo adolescente puede ser la última estrategia que te falte por probar cuando creías que ya lo habías intentado todo.

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Adolescentes rebeldes. Foto: wikipedia

Te dejo algunas claves para que empieces a hacerlo con éxito:

Como harías con un adulto, interésate por sus proyectos y sus objetivos vitales. Quizá te resulten excesivamente simples o desprovistos de referencias reales pero sus expectativas son importantes para él y mantienen su motivación, qué menos que escucharlas con atención y, si es pertinente, dar también tu punto de vista sobre ello. No le ridiculices, es normal que su punto de vista sobre su realidad y sus posibilidades sea más ingenua que la tuya pero no por ello sus proyectos tienen menos valor para él. Piensa que un punto de ingenuidad, en cierto modo, también permite el desarrollo de la creatividad y promueve la auto superación.

No le engañes, es joven pero no idiota. Vuestra relación no es de igual a igual, tu siempre representarás una autoridad para él (y más en la época vital que está atravesando) pero eso no significa que no tengas que ser genuino y franco. No es necesario engañarle para que haga caso, prueba a explicarle los motivos de las normas que le impones, dialoga con él sobre ello, resuelve sus dudas y explícale también lo que obtendrá a cambio de no ser cumplir los límites establecidos. En definitiva: sé claro, transparente y coherente y no ocultes ases en la manga. Anticipar las consecuencias de sus actos le ayudará a ser más reflexivo, menos impulsivo, más resistente a la frustración y más capaz de perseguir metas a medio y largo plazo.

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Debemos aprender a comunicarnos con nuestros hijos. Foto: revistapantallas

Por otro lado, no te limites a adoctrinarle o regañarle, interésate por los motivos de sus actos. Quizá se haya equivocado en las formas y necesite que le ayudes a corregirlas pero es probable que dirigiera su conducta hacia un objetivo y tiene derecho a explicarse. Igual que él te lo preguntó a ti en su momento también puedes preguntarle a él por el por qué de las cosas, le ayudará a identificar objetivos y a elaborar razonamientos y planes de acción lógicos.

Por último, aliarse con la parte madura de tu hijo también implica reforzarle cuando hace las cosas bien, explicarle el por qué de la gratificación (sea del tipo que sea), contextualizado sus logros y potenciando en él la motivación por alcanzar los comportamientos que se han considerado adecuados. No te olvides de que su deseo más profundo es sentirse querido y que todos los reforzadores positivos que reciba son mucho más potentes que cualquier castigo en el mundo.

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