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Castigo Sexual

Hablemos del castigo sexual, ése que no sigue exactamente las pautas del castigo normal o terapéutico

Patricia Peyró. 03/03/2015

Llevamos semanas de inducción intensiva en la sórdida temática del sadomasoquismo, el castigo y la dominación sexual dentro de lo que era esperable en la promoción de la adaptación cinematográfica del best seller ‘Cincuenta sombras de Grey’.

La química entre los guapos Jamie Dornan y Dakota Johnson no se ha hecho esperar y, a pesar de que nunca llueve a gusto de todos, parece que ambos han encajado bien el papel en una película que se ha definido en algunos casos como “porno blando” hecho para mujeres y que, en definitiva, ha servido para despertar el interés sexual.

Despertar la líbido, llamar al deseo y mostrar disposición sexual está muy bien, ya que es socialmente aceptable. Pero, ¿qué decir del “rollito” que se traen estos dos? Hablemos del castigo sexual, ése que no sigue exactamente las pautas del castigo normal o terapéutico (correlativo a la conducta que se desea eliminar, explicado, controlado en el tiempo…).

Lux castigo hombre contrato
Exiten muchos modos de castigar al otro

Castigo y dolor a través del sexo

El castigo a través del sexo se puede dar “infringiendo dolor, humillando, a través de la privación sexual…». Son muchos los modos con los que castigar al otro, según nos explica la sexóloga Emma Ribas del Instituto de la Sexualidad y la Pareja de Barcelona. Otros ejemplos son “dejar solo y atado en la cama, dar una ducha de agua fría, dejar dormir en el suelo, de pie en una esquina o incluso obligar a realizar una tarea desagradable como limpiar el suelo con la lengua…”. Existen tantas aberraciones posibles como ideas aberrantes.

En este punto alguien me podría corregir para decirme que, lo que yo llamo aberrante, para otros no lo es. Y con toda razón, ya que “no es enfermo castigar al otro por vía sexual siempre y cuando todos los miembros disfruten dando y recibiendo el castigo”. Para eso precisamente están “los contratos sexuales”, como el que obliga a firmar el Señor Grey a la señorita Steel. Estando de acuerdo las dos partes y como parte de un contrato, “será indispensable que todo castigo sea consensuado y esté sujeto a los límites acordados y a los procedimientos de seguridad”, nos explica la experta.

Lux castigo 50 sombras
Los gustos ‘particulares’ de Grey han revolucionado a los lectores

Cuando el dolor y el placer se funden entre ellos

El dolor puede transformarse en placer cuando lo interpretamos como beneficioso, ya que dependerá de la experiencia emocional que a cada uno le provoque. “Si siento el dolor como una recompensa, lo viviré como placer”.

La paradoja se puede entender con el sobreesfuerzo deportivo que se lleva a cabo en el running, por ejemplo: El dolor del esfuerzo lo transformo en placer al superarme”. Además existe una explicación biológica detrás de la motivacional que alude a las propias hormonas, ya que dolor y placer activan el mismo circuito cerebral liberando dopamina, la cual genera sensación de relax y bienestar, disminuyendo el sufrimiento.

¿Cuál es el perfil del castigador y del castigado? ¿Existe una personalidad-tipo? El castigado puede haber recibido una educación muy estricta y emocionalmente chantajeadora, generando una baja autoestima, unos niveles de autoexigencia elevados y gran deseo de complacer a los demás. Sin embargo, no se puede generalizar ni juzgar: “Nos encontramos con personas que a nivel sexual adoptan un rol sumiso y en su vida diaria son directivos con carácter fuerte, por lo tanto el carácter no tiene porqué definir la tendencia”.

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El carácter de cada uno no tiene por qué definir su tendencia sexual

Poner límites al castigo sexual

Qué debe hacer el que es castigado si no le gusta o se asusta, sería la siguiente pregunta, con una respuesta muy clara: “Debe salir de inmediato de este rol, comunicándolo y poniendo límites, para evitar hacer algo que realmente no quiere y que pueda tener consecuencias traumáticas a nivel psicológico”. El castigado tiene que tener claro que no debe hacer nada que no quiera, ni que tiene que ganarse el amor de nadie haciendo aquello que a uno le perturba.

El momento en que una pareja cruza la línea y pasa, de ser «sexualmente juguetona» a ser perversa, sucede cuando desaparece la empatía y se empieza a disfrutar a costa del sufrimiento del otro, faltando al consenso de las normas establecidas, o directamente obrando con la intención de herir y sin haberse puesto de acuerdo en un principio.

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