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A mí… plín

Tenemos pocas herramientas para enfrentarnos a retos que nuestros antecesores no vivieron.

Rafael Timermans. 30/03/2015
Nuestra capacidad
Nuestra sensibilidad al dolor parece haber aumentado. Haz clic para saber más

Cada vez en círculos más variados se ha puesto de moda la expresión “Medicalización de la vida”. Por supuesto, se trata de la creencia de que cualquier condición de la vida es un tema médico, tiene nombre de enfermedad, causa y, como no podía ser menos, tratamiento. Se habla, por ejemplo, y mucho, de la medicalización del fracaso. Ya no existe el pesar, la pena, el dolor. Todo es depresión, ansiedad, estrés. Como todas las modas, en mi opinión, es exagerada. Y como casi siempre que un tema se debate mucho, por muchos, en parte es cierto.

Nuestra sensibilidad al dolor parece haber aumentado y nuestra capacidad para soportar sufrimiento haber disminuido. Tenemos pocas herramientas para enfrentarnos a retos que nuestros antecesores no vivieron. Lo que a ellos les sirvió, a nosotros apenas nos ayuda para enterarnos de lo que va nuestra agitada vida.

Nadie nos preparó para el exceso de información que tenemos. Foto: flickr
Nadie nos preparó para el exceso de información que tenemos. Foto: flickr. Haz clic para saber más

No olvidemos que nuestras condiciones han cambiado y mucho. Que la avalancha de datos, información, imágenes, presiones, influencias y, por qué no decirlo, basura que cada día intenta alcanzarnos, es ingente. Que nos bombardean para influirnos. Que quieren tocar nuestro corazón. Que quieren movilizar nuestras emociones. La “Infoxicación”, la intoxicación por información, nos agobia. No sabemos distinguir lo cierto de lo falso, lo actual de lo pasado, lo real de lo simulado.

Nadie nos ha preparado para esto. En el colegio siguen mandando deberes y cambiando los libros cada año por otros similares, para llenar la mochila, estropear las espaldas de nuestros hijos y que alimentemos la industria editorial de nuestro país, por si las subvenciones no llegan bastante. La universidad sigue siendo, en general, el coto cerrado de catedráticos y titulares desfasados, que no saben del mundo de la empresa, que nunca han trabajado fuera de la Administración pública. Que ignoran lo que es un proceso de selección de una multinacional. Que no saben, ni enseñan, cómo comportarse en el puesto de trabajo, el que sea, salvo en el de administrativo. Y poco.

Deberían enseñarnos habilidades
Deberían enseñarnos habilidades sociales y gestión de sentimientos

No nos educan en emociones, no nos dan herramientas para desarrollar inteligencia emocional. No sabemos cómo olvidar al menos parte de lo que entra por los ojos, por los oídos, por la piel… Todo está hecho para incitarnos a pedir más, para no dejar al móvil, el ordenador, la tableta. Para animarnos a buscar otra página, otro comentario, otra sensación. Y a la vez nos alertan de lo peligroso que es todo. Que no nos acostemos con una pantalla como último estímulo. Que no mantengamos la cabeza agachada que nos dolerán las cervicales. Que nuestros hijos son abducidos por los chats en vez de jugar en los recreos.

El avance de la comunicación, de la capacidad de contactar con otras personas sin importar la distancia o el puesto, es imparable. Las presiones comerciales, las avalanchas informativas, los intereses políticos no tienen freno. Y para los médicos, con poco tiempo y muchos medicamentos a nuestro alcance, con presiones para correr en la consulta, para recetar y en muchos casos sin formación psicológica suficiente, es tan tentador dar una pastilla que quite ese nudo en el estómago, que te ayude a dormir, que te suavice las reacciones anímicas.

Estamos expuestos a demasiada información y dispositivos electrónicos. Foto: Santi Burgos.
Estamos expuestos a demasiada información y dispositivos electrónicos. Foto: Santi Burgos. Haz clic para saber más

Desde la escuela, con una reforma integral de la educación obligatoria, a la Universidad, que salvo excepciones es prácticamente decimonónica, deberíamos enseñar menos los montes de nuestra Comunidad Autónoma, que han sustituido a los Reyes Godos como conocimiento inútil, y enseñar más en habilidades, en gestión de sentimientos, en conocimiento de uno mismo, en relaciones empáticas. Hasta entonces seguiremos creyendo que un “amiplin”, que hace que durante un rato nos importe menos lo que nos agobia es, siquiera, un atisbo de remedio.

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