¿Cómo te gustan los huevos para desayunar?

No quiero decir que seamos buenos, que para nada. Bueno, no siempre. Bueno, alguno habrá.

Rafael Timermans. 08/04/2015
Julia Roberts y Richard Gere en 'Novia a la Fuga'

Todo hombre tiene un amigo al que ha recriminado que le haya abandonado. Me refiero al abandono del que tiene novia y lo abandona todo por ella, aunque sólo sea al principio de la relación. Y los que lo sufren son sus amigos. Vale, o sus amigotes. No quiero decir que luego los hombres no podamos dejar de hacer caso a nuestras parejas, incluso a abandonarlas por el fútbol y, de nuevo, los amigos, o amigotes. No quiero decir que seamos buenos, que para nada. Bueno, no siempre. Bueno, alguno habrá. De lo peorcito. Pero hasta nosotros tenemos, a ratos, nuestro corazoncito. O algo así. Al menos en cuanto a nuestros amigotes se refiere.

Richard Gere pregunta a los ex novios de Julia Roberts, la Novia a la fuga, cómo le gustaban los huevos para desayunar. Y cada uno le dice una forma distinta. A ella se le había olvidado cómo le gustaban. Porque, y esto sí que es universal, todos corremos el riesgo de olvidarnos de nuestros gustos. Cuántos divorciados y separados dicen que el segundo golpe, después del shock correspondiente, fue recordar las cosas que le gustaban. Las cosas de las que disfrutaban antes de que otras personas, circunstancias, trabajos, etc., se pusieran por delante a veces casi sin quererlo.

No siempre tenemos tiempo para todo. Ni ganas. Y ni siquiera para parte. El trabajo, la pareja, los niños, la madre, los propios amigos, a veces nos hacen olvidar lo mucho que nos gustaba el teatro, pintar, los trenes eléctricos, leer… No hay tiempo para todo, pero cuando el tiempo es el que marca nuestros gustos, cuando dejarse llevar por lo que toca impide disfrutar de lo que uno es, que incluye lo que a uno le gusta, algo falla. Porque en realidad hay tiempo para lo que queremos tenerlo.

Demasiada gente recuerda con nostalgia quién fue, simplemente porque lo ha dejado escapar. Nadie te lo quita. Lo perdiste. Y lo peor es que la mayor parte de las veces no fuiste consciente. Porque las parejas deben tener tratos. Tratos evidentes, casi formales. Siempre se renuncia a algo, pero cuando se vive como abandono, cuando se piensa que se te ha arrebatado, surge la insatisfacción vital. Y parte de los “traumas” posteriores se deben a ello.

Foto: roldanalarcon-abogados
El sentimiento de pérdida, muchas veces, no es depresión. Es que no estamos contentos con nuestra vida. Foto: roldanalarcon-abogados

Ese sentimiento de pérdida, como algo robado, esa impresión de que te han quitado la juventud es, además, salvo excepciones, falsa. Has elegido, has abandonado, has seleccionado. De esos lamentos surge insatisfacción. De esa insatisfacción, a veces demasiadas, rencor. Y de ese rencor, a veces, siempre de más, incapacidad para vivir cada día, enfrentarse a la vida, al futuro como al pasado, con integridad, benevolencia, naturalidad y, por qué no, frescura.

Que no es depresión. Es que no estamos satisfechos con nuestra vida. Es, tantas veces, que no nos gustan las elecciones que hemos tenido que hacer. O que hemos querido hacer. Casi siempre hemos podido elegir, a veces no entre lo bueno y lo malo, sino entre lo malo y lo peor. Pero eso, también, es elegir. Se llama vida.

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