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Cinco razones para mandarles a un campamento de verano

“Jamás debemos forzar al niño”, nos explica la psicoterapeuta. “Le esperan largas jornadas alejados de sus figuras de seguridad y si no tienen la madurez necesaria podrían pasarlo mal.”

Patricia Peyró. 05/06/2015
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Campamentos de verano

Llega el mes de junio y con él surge todos los años una misma pregunta: ¿Qué hacemos con los niños? Serán tres meses de largo verano y diversión para ellos, a la par que tres de preocupación para nosotros, buscando una fórmula con la que resolver el exceso de tiempo libre. Los campamentos de verano se plantean como la solución más habitual para resolver el tema del verano y los niños cuando los padres trabajan.

Para nosotros “aquellos maravillosos años” son apenas un vago recuerdo de canciones de acampada, de juegos y de confidencias compartidas dentro de una tienda o en una excursión en autobús. Sin embargo, el presente para nuestros hijos es la realidad que configurará los recuerdos que se lleven de su infancia, en los que debe haber aprendizaje pero también momentos de magia y diversión, algo que sucede con gran frecuencia en estos campamentos de verano.

Lux Campamentos Hastings school
Algunos colegios británicos organizan campamentos urbanos centrados en el aprendizaje del inglés con profesorado nativos. Foto: Hastings School

¿Por qué les beneficia? Los psicólogos están de acuerdo en las bondades de mandarles a un campamento de verano en el que refuercen algunos aprendizajes pero también, y esto es muy importante, “para que jueguen y descansen”. Así lo explica la psicóloga infanto-juvenil Laura Hernández.

  1. “Para ellos es una oportunidad de madurar emotiva y socialmente al encontrarse en un escenario diferente al de siempre y sin sus figuras de seguridad primarias”.
  2. El niño aprende a comportarse con autonomía, desarrollando el sentido de la responsabilidad sobre sus cosas con independencia de sus padres: “Desde su aseo personal hasta la gestión de su propia ropa, aprenderá imitando al grupo y por aprendizaje vicario u observacional”.
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Campus de verano en la Ciudad de la Raqueta
  • Otro beneficio está en la adquisición de nuevos conocimientos, con frecuencia sobre temas desconocidos. Un ejemplo son los clásicos Boy Scouts, en los que, además de hacer gincanas divertidas, se abordan técnicas de acampada y de supervivencia, como pueda ser cómo y donde hacer fuego de forma segura, o cómo distinguir plantas comestibles de plantas venenosas, siempre conviviendo con la naturaleza de una forma respetuosa.
  • El verano puede ser una buena oportunidad para que aprendan idiomas, bien sea en campamentos urbanos especializados, o enviándolos al extranjero. Con esta última opción, “fomentamos su apertura al mundo y les permitimos conocer otras culturas diferentes a la suya”. 
  • Practicar o aprender algún deporte es otro clásico entre los campamentos de verano. Estos campamentos son muy positivos, ya que, salvo que estén orientados al alto rendimiento, se centran en la actividad del deporte como juego. “No hay que olvidar que están de vacaciones, y no han de sentirlo como una estancia exigente, sino como un episodio lúdico y único en sus vidas, en el que también harán nuevos amigos”, aclara la psicóloga.

¿A partir de qué edad mandarlos? “Jamás debemos forzar al niño”, nos explica la psicoterapeuta. “Le esperan largas jornadas alejados de sus figuras de seguridad, y si no tienen la madurez necesaria podrían pasarlo mal”. 


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