El Maratón de Nueva York

De los muchos maratones internacionales, el de Nueva York es sin duda uno de los mejores, sino el mejor.

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El Maratón de Nueva York es tan especial que engancha y se repite

En la segunda mitad del año se celebran varios maratones importantes y muchos corredores estamos en pleno verano preparando las carreras que celebran en otoño. Entre ellas están los maratones de Chicago, Berlín, Ámsterdam o Nueva York. Yo este año corro Chicago, he corrido un par de veces el de Berlín y ya van seis en Nueva York (además del frustrado en el 2012 por el huracán Sandy). Mis amigos no corredores me preguntan porque sigo volviendo a Nueva York y porque siempre lo recomiendo para aquellos que piensan que solo correrán uno en su vida (ilusos, un 99% repetirán). El maratón de esa ciudad es muy especial, voy a tratar de explicar porqué.

En primer lugar el grupo que hemos ido lo hemos hecho por una buena causa, recaudar fondos para el programa Proniño de la Fundación Telefónica. Hace unos años logramos que la organización nos considerara un CharityPartner oficial y poder así vender los dorsales, por lo que ver a un montón de corredores dejarse la piel con la camiseta de Proniño y no abandonar por dura que sea la carrera para dar un futuro mejor a los niños es siempre muy emocionante.

El ganador fue Chema Martínez
Chema Martínez ganó la VI Edición de la Carrera Proniño

En segundo lugar, el recorrido es impresionante, como no puede ser de otra manera en una ciudad tan singular. Se pasa por los cinco barrios de la ciudad, Staten Island, Brooklyn, Queens, el Bronx y Manhattan. Este maratón es quizá uno de los mas madrugadores, no tanto por la hora de salida, sino por la logística de meter a casi 50.000 corredores en la salida en Fort Wadsworth, que hace que los autobuses lleguen allí con dos o tres horas de antelación al inicio de la carrera.

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Miles de corredores en el puente Verrazano.

El cañonazo en Fort Wadsworth marca la salida hacia el puente Verrazano (el de la famosa foto de la marabunta de corredores) animada por el “New York, New York” de Frank Sinatra, ahí es cuando te da el subidón y donde empiezas a despojarte de la ropa de sobra que has llevado para aguantar el frio durante la espera  a la intemperie. De ahí directamente a Brooklyn y Queens, en donde se pasa por una de mis calles favoritas por lo animada que está, la Avenida Lafayette, plagada de gente y grupos de música por todos los lados e incluso algún coro de góspel. Ese bullicio contrasta con el barrio judío, en donde no hay casi un alma, solo algunos judíos ortodoxos que miran atónitos a los corredores en un domingo laborable para ellos.

Maratón 2

Antes de llegar a Manhattan y justo al llegar al medio maratón hay que afrontar una de las partes más duras de toda la carrera, el puente Queensboro y su rampa rompe piernas que pone a prueba las fuerzas que ya empiezan a escasear. Nada más superar el puente llega la curva cerrada para enfilar la primera avenida, en donde nos suelen apoyar familiares y amigos del grupo de Proniño, ¡que bien sienta verles y que te den aliento después del puente!

Maratón 1
Cuando entras en Central Park afrontas la última etapa de la carrera.

La Primera Avenida es interminable y engañosa por ser un falso llano, y nos deja finalmente en el Bronx que nos sorprende por su animación. Tras un breve paso por ese barrio, de nuevo a Manhattan para llegar por la Quinta Avenida al ansiado Central Park. Entrar en el parque es impresionante pero hay que tener mucho cuidado de no venirse arriba, pues aun nos quedan los últimos kilómetros con alguna rampa que otra. La llegada en el parque es algo increíble, con cientos de personas en las gradas que te animan como si fueses a ganar la carrera, no importa el tiempo que hagas.

Maratón 3
La pasión de los espectadores te lleva en volandas

Y eso es quizá lo mas espectacular del Maratón de Nueva York y posiblemente inigualable, la pasión de los espectadores por la carrera y por animar a los corredores. Desde que llegas a Nueva York algún día antes la cuidad huele a carrera, toda la ciudad está volcada con los participantes y no paran de felicitarte solo por el hecho de atreverte a correr.

Para la cuidad es un gran acontecimiento, están orgullosos de acogerlo y dispuestos a que los visitantes tengan una experiencia inolvidable (esto no pasa en todas las cuidades, alguna vez me han increpado en alguna carrera por estar el tráfico cortado…). Durante la carrera el público está ahí no para ayudar al primero, sino al último, a los que mas les cuesta, a todos sin excepción. Muchas veces estás ya agotado y los gritos de ánimo, la música, las banderas te llevan en volandas hasta la meta.

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Aunque llegues el último, en la Maratón de Nueva York siempre hay premio

Supongo que este empuje de la ciudad ayudó a crear la tradición de llevar la medalla de “finisher” al día siguiente para enseñar orgullosos que lograste terminar la carrera y para que los neoyorkinos y turistas te vayan felicitando por el logro donde quiera que vayas. Eso si, se reconoce a los corredores por la medalla, pero mas por su manera de moverse, aquí un anuncio que describe bastante bien el asunto:

Este año toca Chicago, pero estoy seguro que volveré una vez mas a correr en Nueva York.

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