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Viajes perrunos. Camino del Gran Cañón

Seguimos con el viaje de los dueños de Canela por Estados Unidos. Hoy, la segunda entrega del viaje de Phoenix a San Francisco.

Sebastián Puig Soler. 30/09/2015

¡Alehop! Una vez hechas las oportunas reservas y planificado el itinerario tal y como les contamos en nuestra anterior entrega, iniciamos nuestra larga ruta a San Francisco. Lo primero que debo advertirles es que agosto NO es el mes más indicado para visitar Phoenix. Con una temperatura media de 35º, que puede superar ampliamente los 40º en las horas más calurosas del día, la capital de Arizona es un horno para viajeros despistados.

Tampoco era nuestro objetivo quedarnos en la ciudad, sino aterrizar en su aeropuerto y recoger nuestro vehículo alquilado en su impresionante y eficiente Rental Car Center, al que se llega mediante autobuses shuttle  que continuamente salen desde la terminal de llegadas. Y digo continuamente porque de otra manera no serían capaces de absorber el impresionante flujo de viajeros que se dirigen al centro de alquiler: una verdadera riada humana que discurre con agilidad.

Compañeros de viaje
Compañeros de viaje

Allí les esperan las oficinas de las principales compañías de rent-a-car norteamericanas, de las cuales me permitiré recomendarles Sixt, por su atención al cliente, calidad, oferta y precio de sus vehículos, así como por la información proporcionada tanto a la hora de reservarlos como en el momento de firmar el contrato. Si además tienen que hacer muchas millas, como era nuestro caso, les aconsejo optar por algunos de sus muy ruteros SUV de tamaño mediano, ya sean de gama económica o caprichos algo más lujosos como el BMW X3 (41,92 dólares al día). And beyond.

BMW X3
BMW X3. Haz clic para reservarlo

Una vez al volante, hasta llegar al Gran Cañón hay 223 millas (unos 358 kilómetros) de un muy entretenido recorrido por carreteras sin complicaciones que atraviesan, en algunos tramos, lugares de ensueño. La ruta, al ritmo parsimonioso que obligan los límites de velocidad norteamericanos, con paradas para comer, admirar los puntos de interés y estirar las piernas, no debería suponer más de 6 horas, aunque se lo garantizo: se disfrutan de la primera a la última. Hitting the road, como dicen los lugareños del país, constituye uno de los grandes placeres que puede y debe concederse el visitante de los Estados Unidos.

Sedona
Sedona

Las enormidades norteamericanas están concebidas para ser paladeadas quemando asfalto o tierra apisonada, dejando que las millas se entremezclen con las horas, los pensamientos, los silencios, las conversaciones intermitentes y los inacabables contrastes de una tierra que todavía emana reminiscencias atávicas. Uno acaba sintiéndose cómplice de aquellos pioneros que hollaron esas mismas rutas con su destino a cuestas. Imposible no caer rendido a ese encanto, no amar tal sensación.

Sedona
Sedona

Desde Phoenix acompañan al viajero extensiones de cactus, matojos y terreno árido. Una leve pero continua ascensión por la highway I-17 N en la que las llanuras van dando paso a suaves colinas punteadas de matorral que nos hicieron sentir como en casa. En algunos momentos parecía que estuviéramos recorriendo esas mismas elevaciones en Murcia o Almería, como si de pronto, al salir de una curva, fuéramos a toparnos con Cieza, Abarán o Tabernas. Pero no, después de más de 100 millas nos encontramos con Sedona.

Sedona, a la que sus habitantes denominan orgullosamente “The Most Beatiful Place On Earth” (In So Many Ways) es un oasis para el viajero desprevenido. Para llegar a ella, debe cogerse la carretera 179 N, que parte de la I-17 hasta alcanzar otro lugar de reminiscencias legendarias, Flagstaff, parada icónica de la ruta 66.

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Midgely Bridge entre Sedona y Flagstaff

El recorrido es puro deleite: las monumentales formaciones rocosas iniciales que tachonan de ocre un relieve accidentado y pleno de verdor; la carretera sinuosa que invita a perderse; el cuidado casi artesano de viviendas y calles en las villas de paso, los restaurantes y hoteles exquisitos, el tramo final por el retorcido cañón de Oak Creektodo queda grabado para siempre en el recuerdo del visitante. Al abandonar la 179 y enfilar desde Flagstaff la ruta 180 N camino al Gran Cañón, uno se pregunta si no acaba de atravesar un sueño. Awesome.

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L´Auberge de Sedona. Haz clic para reservar

Al viajero que leyendo estas líneas se anime a visitar Sedona, le recomiendo que, si dispone de tiempo, permanezca dos o tres días en la zona y se dedique a disfrutarla con la minuciosidad que merece. Pesca, senderismo, ciclismo y equitación son algunas de las actividades más populares. También hay un casino y campos de golf.

L´Auberge de Sedona
L´Auberge de Sedona

La oferta hotelera es abundante y de buena calidad, aunque si me dan a elegir un establecimiento yo me quedo con L’Auberge de Sedona, un hotel exquisito, lleno de detalles y opciones para sus huéspedes. Ah, y lo mejor de todo: se admiten mascotas. Canela ya nos lo ha advertido: la próxima vez, o es con ella, o no volvemos. Habrá que hacer el esfuerzo, ¿no les parece?

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