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Viajes perrunos: El Grand Canyon

El anochecer en el Gran Cañón es un sobrecogimiento en el que no cabe más que silencio...

Sebastián Puig Soler. 14/10/2015

Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz,
o fuego, o vida.
Y lo perdimos para siempre.  

(*Ángel González: “El otoño se acerca”)

Sirven las palabras del gran poeta para ilustrar mejor que nadie la sensación que uno tiene al contemplar el anochecer en el Gran Cañón: un sobrecogimiento en el que no cabe más que silencio. Es algo que ocurre con casi todos los viajeros, incluso con los grupos más numerosos. La humanidad se encoge para dar paso al respeto primordial, al reconocimiento de nuestra insignificancia frente a la enormidad que se abre ante nuestros ojos. Un portentoso hachazo en la tierra que la humanidad se ha encargado de rellenar de mitos. Bienvenidos a la maravilla.

grancañonamanecer
Amanecer en el Gran Cañón

La verdad es que llegábamos ya con el ánimo dispuesto tras haber disfrutado de una fantástica ruta desde Phoenix, pasando por Sedona y Flagstaff, con el eco añadido de las historias contadas por otros viajeros que nos antecedieron. El tramo final hasta Grand Canyon Village, en la parte sur del Cañón (South Rim) es una entretenida carretera de media montaña que asciende hasta los 2.134 metros de altura y se detiene a la entrada del Parque Nacional. Muy cerca de allí, el río Colorado discurre unos 1.600 metros abismo abajo a lo largo de más de 400 kilómetros.

La orilla norte apenas se divisa, a casi 30 kilómetros de distancia y con mayor elevación. Y pese a que el acceso al lugar está ahora regulado, organizado, urbanizado, con entradas, normas y recorridos, la impresión inicial del viajero novel sigue siendo de pura maravilla, pues cualquier descripción menoscaba la realidad. No en vano estamos ante un coloso natural de antigüedad inabarcable (la mitad de la edad de la Tierra, se estima) que muestra al viajero algunas de las rocas más venerables del planeta. A su lado, apenas somos efímeros microbios. Solo podemos rendir pleitesía.

Vistas del Gran Cañón desde
Vistas del Gran Cañón desde SkyWalk. Haz clic para reservar

Las opciones del visitante que llega el South Rim son diversas. Puede efectuar la ruta escénica de Hermit Road, que sigue la orilla del Cañón al oeste del Grand Canyon Village durante unos 11 kilómetros. Los coches no están permitidos y se accede al itinerario mediante autobús. Al este, uno puede recorrer en coche los 40 kilómetros de la espectacular ruta de Desert View (la que nosotros escogimos), con numerosos miradores y más libertad de exploración para el viajero curioso. En ambos casos hay que pagar para entrar al Parque: las tarifas varían desde los 30 dólares por vehículo, 25 por motocicleta o 15 para el visitante individual que accede a pie, en autobús o bicicleta. El pase es válido para 7 días.

Otra opción muy común en las rutas turísticas que salen desde Las Vegas es visitar el área más occidental del Gran Cañón (Grand Canyon West), donde se ubica el famoso mirador Skywalk en plena reserva de los indios Hualapai. Se trata de una ubicación muy popular, ampliamente criticada por los conservacionistas, pero que ofrece una vista impresionante… desde la que no se pueden hacer fotos. Oh.

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Un testigo silencioso del espectáculo y vista del viaje en helicóptero sobre el Gran Cañón. Clic para reservar

Mi recomendación es dejarse llevar y recorrer con tranquilidad las rutas menos transitadas. Es tan sencillo como dedicar una jornada de senderismo cañón abajo siguiendo uno de los muchos caminos habilitados para ello. O basta simplemente con apartarnos unos metros de los miradores “oficiales” para quedar en soledad y, de nuevo, sin respiración. En uno de esos vagabundeos, nos topamos con un joven trajeadísimo, arrodillado al borde de un acantilado y ofreciendo a su novia un anillo de pedida. Se notaba que había estado aguardando las últimas luces del día para realizar su petición de mano. El abrazo final de la pareja bajo la luz declinante, en el diámetro ínfimo de un peñasco imposible, parecía sacado de una película de Hollywood. Pensé que si sobrevivían a aquello, lo demás les sería coser y cantar. No los fotografié por pudor. Algo más allá, un viejísimo árbol ejerció de testigo mudo de aquella escena.

Otra de las actividades más recomendadas para los visitantes es el sobrevuelo del Cañón con helicóptero. La experiencia, en un día claro y apacible, resulta irrepetible. Volar en medio de tales parajes solo es apto para los que no tengan miedo a las alturas o no padezcan de vértigo, pero incluso así la fascinación suele acabar venciendo a la aprensión. Una forma inmejorable de calibrar la inmensidad del lugar. Imposible no acabar con mariposas en el estómago. Si por el contrario prefieren el agua en lugar del aire, no dejen de hacer rafting en las corrientes del Colorado. También pueden pasear a caballo o efectuar recorridos en todoterreno. Las opciones son muy diversas.

Hotel El Tovar en el Gran Cañón. Haz clic para reservar
Hotel El Tovar en el Gran Cañón. Haz clic para reservar

Los alojamientos en la zona son numerosos y se acomodan a todos los gustos y bolsillos. A los viajeros que quieren disfrutar de una experiencia especial al borde del Cañón, les recomiendo el veterano y acogedor Hotel El Tovar, construido en 1905 dentro del propio Parque Nacional. Hecho de piedra original de la zona y madera de Oregón, el establecimiento se diseñó con estilo europeo, entre suizo y noruego, muy al gusto de las clases acomodadas de la época. Hoy en día conserva su encanto y elegancia originales, siendo considerado uno de los alojamientos más emblemáticos de toda la red norteamericana de parques.

Y no les voy a contar nada más. Como les apunté anteriormente, todo lo que pueda decirles se queda pequeño ante la propia experiencia. Tan solo la poesía, o la música, aciertan a describir la grandiosidad de un lugar que nadie que pretenda conocer los Estados Unidos debe dejar de visitar. Poesía y música como la de “Clint Eastwood”, fantástico vídeo de Antònia Font inspirado en el Gran Cañón que no me resisto a compartir con ustedes. La traducción del catalán la tienen a continuación. Disfruten y sueñen.

¿Quién duda de Clint Eastwood
mirando el Gran Cañón del Colorado?
nubes alargadas y rojizas,
y el cielo se cuelga una estrella y se hace de noche,
y Clint, solo iluminado por la fogata,
se enciende el purito y guarda un secreto,
y guisa un conejo a la llauna.

Se duerme, sueña trenes y mercancías,
en indios cheyennes encima de una colina
a la luz de la luna,
se despeja, se levanta, orina y no tiene sueño,
y piensa “vaquerada western, cabrones,
ya veréis cuando inventen el cine”
friega, ordena y tira por la carretera hacia Denver.

Y un hombre a solas no siempre se basta,
¿Quién duda hoy en día de Clint Eastwood?
Y un hombre a solas se pierde y se cansa,
¿Quién duda hoy en día de Clint Eastwood?

Atardecer en el Gran Cañón
Atardecer en el Gran Cañón

Llega, dos hombres se le cruzan y le investigan,
quieren saber dónde está Morgan Freeman,
(que es el negro de Million Dollar Baby),
-Do you know?
-Maybe …
disimula, se los mira, desenfunda como un rayo
y los liquida, escupe y se caga en su vida,
siempre en el punto de mira del séptimo de caballería,
o de gringos forajidos,
o de sheriffs corruptos en casas de putas,
o de chinos drogadictos en Gran Torino.
-y Clint, qué quieres, aún estás en el siglo XIX
hace un año que no te duchas,
y esto solo son cuatro casuchas de muerte.

Y un hombre a solas no siempre se basta,
¿Quién duda hoy en día de Clint Eastwood?
Y un hombre a solas se pierde y se cansa,
¿Quién duda hoy en día de Clint Eastwood?

Y un hombre a solas se acostumbra y se cuida,
¿Quién duda hoy en día de Clint Eastwood?
Y un hombre a solas cenando en la cocina,
¿Quién duda hoy en día de Clint Eastwood?

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