Ayutthaya, capital del reino de Siam

¿Quién no recuerda a Yul Brinner y Deborah Kerr en la romántica película ‘El Rey y yo’? Hasta que Ayutthaya fue arrasada por los birmanos en 1767, fue durante más de 400 años la capital del comercio marítimo y núcleo espiritual del reino de Siam. Hoy en día, las ruinas de templos y palacios que se conservan y todo el Parque es Patrimonio de la Humanidad.

La paz lo inunda todo en Ayutthaya. En la foto, un monje da de comer a los peces del río

La anciana ciudad de Ayutthaya está vinculada al agua ya que tres ríos la rodean mientras Phra Mae Khongkha, la diosa del agua, ofrece su protección y fertilidad. En la luna llena de noviembre, una de las fiestas y tradiciones más bonitas y antiguas de Tailandia tiene aquí su epicentro. Es la fiesta del Loy Krathong, miles de cestas elaboradas con troncos de palma, hojas de plátano y flores de vistosos colores flotan en el río.

Krathong con buenos deseos

En su interior monedas, incienso, ofrendas, velas  y buenos deseos. Los krathong se depositan cuidadosamente como ofrenda y respeto al agua pero también como testimonio de renuncia a los pecados. No se conocen con certeza los años de las construcciones de estos templos y palacios, pero la gran variedad de estilos arquitectónicos del sureste asiático hacen de este lugar un recinto único en el mundo.

Paseo en el barco Thanatharee.

En ‘El Rincón de Carla’

siempre hay lugar a las sensaciones. Los datos técnicos están ahí, wikipedia y expertos nos contarán más datos e historia, pero viajando cada uno percibe de una forma diferente. Mi primer contacto con Ayutthaya fue recorriéndola en el barco Thanatharee. Aunque acababa de aterrizar en Bangkok, el cansancio era inexistente, menor aún al comenzar a vislumbrar belleza.
Pequeños barcos con grandes remolques

Pequeños barcos remolcan grandes contenedores de arena, sorprende la fuerza del pequeño. Así es la vida, con energía todo se puede cargar y contra todo luchar. El río es voz de una vida que avanza invencible, como la propia Ayutthaya.

Atardecer sobre el templo de Chaiwatthanaram

La gran mayoría de turistas que se acercan a la vieja ciudad lo hacen por la mañana desde Bangkok y regresan tras la visita. Así pues teníamos la ciudad para nosotros solos, lo cual es un auténtico lujo. Estar en cierta soledad te permite admirar rodeado del silencio que proporciona el espectáculo ancestral. Primero el atardecer cayendo sobre las Prang y Chedis del templo Chaiwatthanaram. No hacía falta mucha imaginación para verse rezando ahí en la época de los reyes de Siam. Desde el silencio del barco, el río era enlace entre pasado y presente. Otros templos, palacetes, viviendas y la atracción de observar otra forma de vida. Cierto voyerismo emparentado con el interés cultural.

El gran Buddha reclinado de Lokaya Sutha. 42 metros de largo y 8 de alto

Empieza a caer la noche y el gran Buddha reclinado nos invita a descansar

, a meditar. Estamos en el templo de Lokaya Sutha.
Templo iluminado de Phra Sri Sanphet

Continuamos  paseando por el parque acompañados de murciélagos que nos enseñan el camino. Los templos se iluminan a nuestro paso, no en vano el guía conocía bien a los guardas nocturnos. La luna llena ilumina el resto. Wat Phra Sri Sanphet, la que fuera capilla privada del Rey era ahora nuestro privado espectáculo.

Visión diurna y nocturna de la cabeza de Buda preservada por las raíces del árbol de la vida en el templo Wat Maha That

La leyenda se hace realidad ante mis ojos cuando llegamos a Wat Maha That

y contemplamos con inquietud la cabeza decapitada de un buddha rodeada de raíces. Dicen que durante el asedio birmano rompieron su estatua y dejaron caer la cabeza del buda. El misterio, la magia y seguramente la fe budista hicieron que las gigantes raíces del árbol de la vida protegieran la testa sagrada que más de 250 años después puede admirarse y confiar en la esperanza. Tener fe en el bien y adorar la grandeza de la naturaleza.

Espectaculares vistas a los templos desde el hotel Sala Ayyuthaya desde donde lanzamos al río nuestro Krathong

Una cena tailandesa nos espera en el hotel Sala Ayyuthaya. El río a nuestros pies. La luna llena entre farolillos rojos. En la mesa, la felicidad de estar en uno de los lugares más bellos del mundo

. Y rodeados de una magia que lo embriaga todo, es el momento de lanzar al agua nuestro Krathong. Una tertulia entre amigos pone el colofón a un día inolvidable.
Hora del rezo en el templo de Yai Chai Mongkhon.

Queremos madrugar para volver a recorrer el Parque Histórico. Amanecer entre templos con la luz especial del sol naciente. Es la hora del rezo para los monjes budistas y nada mejor que empezar en Wat Yai Chai Mongkhon. Aquí se exhumaron los restos de dos príncipes muertos prematuramente de cólera. Otro gran buda reclinado observa el paso del tiempo. Al igual que el hombre, Buddha siente frío durante la noche y es abrigado con telas doradas.

Templo de Yai Chai Mongkhon

El templo principal está vigilado por cientos de buddhas. Un lugar que invita al recogimiento y a la admiración por esa filosofía de vida tan hermosa que es el budismo. Uno promete ser eternamente bueno. Y yo me pregunto, si la búsqueda de la bondad, hacer el bien al prójimo y amar por encima de todas las cosas, también nos lo dijo Jesucristo. El tailandés lo cumple como forma de vida mientras nosotros nos limitamos a admirarles. El espíritu Thai, el Thainess es un ejemplo de cómo puede ser fácil y hermoso sentirse bien y hacer el bien. La paz y la tranquilidad de este lugar replantean  la esencia del ser humano.

La destrucción birmana del siglo XVIII en el templo de Wat Maha That

Volvemos al templo del buda entre raíces. A la luz del amanecer y en contraste con el Thainess del templo anterior, puedo observar lo que fue el vandalismo birmano. El templo de Wat Maha That que la noche anterior nos había sobrecogido con la magia y la leyenda, es ahora un lugar destruido.

La destrucción birmana es palpable en el templo Wat Maha That

El bien frente al mal. El amor frente al odio. La paz contra el rencor y el fanatismo. Sin duda y tristemente,  la vida misma. Viajar es la mejor manera de aprender, pero también nos hace mejores personas.

Templo de Phra Mahathat

La influencia de la arquitectura camboyana y el estilo khmer se aprecia en Wat Phra Mahathat. Paseamos entre prangs que parecen caerse. Pero la vejez les hace fuertes. Otra gran lección. Otro paseo entre la historia del bien y del mal. Y antes de volver a Bangkok quiero ver con la luz del día el gran templo de Wat Phra Sri Sanphe. Si la noche anterior nos deslumbraba iluminado, ahora la belleza se transforma en campanadas de color. Si viajar nos hace mejores personas, en Ayyuthaya lo tendremos claro.

*Fotografía de portada: Carla en el templo de Phra Sri Sanphe. *Más información en Turismo Tailandés.

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