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Claves para hablar de sexo con tus hijos

La naturalidad debe ser fundamental a la hora de enfrentarte a una charla sobre sexualidad con tus hijos, ya sean niños o adolescentes.

Patricia Peyró. 13/04/2016

¿Cuándo y, sobre todo, cómo debemos comenzar a hablar de sexo a nuestros hijos? Lo que podría ser la pregunta del millón conduce a la concepción de importantes tabúes en torno al sexo. Evitar el tema o demorar el enfrentarnos a sus interrogantes no es opción. En lugar de tratar el tema de forma más natural en casa, tendemos a evitarlo e incluso a hacer bromas con nuestra pareja, en ocasiones pasándonos la patata caliente el uno al otro, o consultando a amigos para ver cuál es su opinión. Aunque esto último puede tener algo de sentido, lo cierto es que hablar de sexo con los niños no es para tanto: la consigna es contestar siempre de acuerdo a su grado de comprensión.

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El joven necesita el apoyo de sus padres para no sentirse solo con sus problemas e interrogantes

¿Cómo plantear una buena educación sexual para los hijos?
Lamentablemente no puede hablarse de ningún procedimiento estandarizado. La base de la educación sexual, en todos los casos, ha de ser la naturalidad. Mostrar una actitud de desmitificación en la que se eviten las exageraciones y las omisiones que puedan llevar a creencias equivocadas será fundamental, ya que en edades tempranas es cuando se establecen los principios y valores relacionados con la sexualidad, difíciles de cambiar en la edad adulta.

La importancia de la comunicación. Tanto el niño como el adolescente son personas faltas de experiencia, pero no de capacidad para pensar ni para cuestionarse lo que ocurre a su alrededor. El joven necesita de sus padres una actitud de comprensión y colaboración, en la que se le aporten conocimientos sobre la realidad. Ahora bien, para que la comunicación funcione sin rechazo o incomodidad por parte del adolescente, los padres deberán evitar discursos morales o las posturas radicales y cambiarlos por un diálogo abierto a todos los temas, por duros o difíciles que parezcan.

Crear un clima de diálogo, escucha y comprensión es la clave de la educación sexual
Crear un clima de diálogo, escucha y comprensión es la clave de la educación sexual

Nunca es responsabilidad del colegio… sino de los padres
Tal es la ansiedad que el sexo genera a algunos padres, que pretenden que sea la escuela, en lugar de ellos mismos, los que instruyan a los niños en torno al tema. Pero esto no debe ser así: la educación sexual en ningún caso se limita a una asignatura escolar, sino que ha de formar parte de un proceso general en el que padres y educadores actúen de forma conjunta. De hecho, lo que se aprende en el colegio se refiere más a los aspectos biológicos de la sexualidad, entendida como sistema de procreación, y a la prevención de embarazos no deseados y de enfermedades de transmisión sexual, que a los aspectos relacionados con los valores humanos que se proporcionan en el seno de la familia.

Ni en la familia ni en la escuela deben formarse bandos enfrentados, sino que lo conveniente es integrar las aportaciones que cada uno puede hacer en una especie de debate conciliador. El niño o adolescente acudirá con dudas y los padres deberemos hablar desde la experiencia y conocimiento, pero también desde la empatía, intentando recordar la época en la que nosotros mismos experimentamos todos aquellos interrogantes.

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Cada edad necesita una serie de explicaciones

Estos son los pasos que debemos mostrar para hablar con ellos:

  • 1. Aceptar el tema de la sexualidad con naturalidad, sin darle demasiada importancia. Huir y evitar las conversaciones sobre sexualidad es tan malo como impartir clases magistrales que resultarán poco atractivas y tediosas.
  • 2. Integrar la sexualidad como una parte más de la educación, completando y compatibilizando lo aprendido en la escuela con lo que se enseña en casa, de forma que queden enriquecidas otras áreas de su educación.
  • 3. Contestar a todas las preguntas que hagan los niños en el momento en que lo hagan y sin dejarlo para más tarde, con un lenguaje que puedan comprender. Se trata de proporcionar una información congruente y adaptada a la edad del niño al que se dirige.
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No lo dejes pasar, contesta cuando el niño te pregunte
  • 4. Si no se sabe responder a la pregunta de un niño, actuar con serenidad, como pudiera suceder en cualquier otro tema, aceptando nuestras propias limitaciones pero mostrando un compromiso con el interés y la documentación sobre ello.
  • 5. Informarse sobre cómo actuar si se tienen dudas acerca de temas concretos de sexualidad o acerca de la educación sexual, recurriendo a libros o a profesionales.
  • 6. Concebirlo como un aspecto más de la educación, sin tratar de evitar la conversación.
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Es un aspecto más de la educación, háblalo con naturalidad
  • 7. No tratemos de delimitar lo que es bueno y lo que es malo, ni de mostrar modelos o ejemplos ideales de comportamiento sexual, puesto que cada persona y cada pareja es diferente.
  • 8. Los responsables de la educación son los adultos, nunca el niño. También en materia sexual y por más que se procure fomentar una comunicación horizontal y de mayor cercanía.
  • 9. Conviene supervisar lo que ya saben de sexualidad y, sobre todo, cuáles son sus fuentes de información, ya que los amigos de la misma edad con frecuencia se convierten en los principales comunicadores de la actividad sexual, normalmente cargada de mitos, como es de esperar a temprana edad.
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Sé flexible a la hora de tratar el tema del sexo con tus hijos
  • 10. Ser condescendiente respecto a temas como la masturbación, en la que pueden iniciarse también en la infancia, además de la adolescencia.
  • 11. Conviene aplicar la flexibilidad como consigna: el papel de los padres en la educación sexual y afectiva de sus hijos no tienen por qué tener una línea determinada e intocable, sino que, por el contrario, es bueno ser flexible y adaptarse a su conocimiento, ya que los jóvenes se nutrirán de otras fuentes menos controlables como los amigos y conocidos, el cine, los libros o los medios de comunicación.
  • 12. Los padres harían bien en formarse un poco en los aspectos básicos de la sexualidad, para distinguir entre aspectos como la orientación sexual y la identidad de género.
  • 13. Aceptar que la homosexualidad es una opción más que también podría sucederle a nuestro hijo. De hecho, es bastante común tener alguna experiencia homosexual a lo largo de la vida, particularmente en la infancia o adolescencia, y en forma de juego.
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Muestra seguridad y llama a las cosas por su nombre
  • 14. No abusar del comodín de “lo aprenden solos” y de este modo desentenderse. Conviene hablar de ello y un truco para acercarse al joven y de paso averiguar qué o cuánto sabe, será haciéndoles nosotros mismos algunas preguntas: “¿Qué sabes de este tema?”, “¿qué has oído hablar de aquello?”.
  • 15. No andarse por las ramas y mostrar seguridad en lo que uno dice. Es decir: tendremos que elegir si llamar a los órganos genitales vagina o pene, pero habrá que ponerle nombre a las cosas.
  • 16. Aprovecha las coyunturas accidentales que favorezcan hablar de temas sexuales y reproductivos. ¿Su mejor amigo va a tener un hermanito? Eso puede ser una ocasión de oro para sacar el tema de la verdad de la cigüeña.
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Es habitual que los niños experimenten con juegos sexuales, a veces de carácter homosexual
  • 17. Cuando son muy pequeños es bueno tratar de vincular lo sexual a lo afectivo para que comprendan que sus padres hacen el amor porque se quieren y que ellos nacieron de un acto así. Con ello transmitiremos actitudes positivas hacia la sexualidad y el respeto hacia la pareja sexual.
  • 18. Cuando llegan a la adolescencia habrá que introducir conceptos como la responsabilidad ante las posibles consecuencias del sexo, como el embarazo o las enfermedades venéreas. Lejos de lo que parece, la represión sobre el tema y la falta de información a las niñas aumentará sus posibilidades de un embarazo no deseado, según se ha comprobado en algunos estudios realizados por el Instituto de la Mujer.
  • 19. Dejarles espacio e intimidad cuando sus cuerpos cambien. Con la adolescencia llegarán momentos en los que quieran ocultar sus cuerpos y pierdan la espontaneidad y confianza infantil que solían mostrar. Es lo normal.
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