Entrevistas

“Reinventarse es posible a cualquier edad»

Nuestra colaboradora Esther Rosa llegó a Nueva York rozando los cuarenta y habiendo dejado su trabajo de toda la vida. Se dio otra oportunidad y ahora triunfa en Nueva York como artista.

Almudena Calvo Domper. 24/05/2016

En un tramo de la legendaria Quinta Avenida de Nueva York, los museos desfilan imponentes ante la mirada tranquila de Central Park. Es la llamada Milla de los Museos, donde encontramos el grandioso Metropolitan o el vanguardista Guggenheim. Sin llamar tanto la atención, hay una casa estrecha y alargada que puede pasar desapercibida para los que no conocen la zona, pero que constituye una de las organizaciones artísticas más antiguas de Estados Unidos. La National Academy Museum and School of Fine Arts, que pronto mudará de piel dejando las paredes que la han albergado desde 1939.

El edificio de la
El edificio de la National Academy Museum and School of Fine Arts casi pasa desapercibido

La mansión de estilo Beaux-Arts engaña por fuera. Al entrar, uno descubre la cantidad de cuartos y espacios que esconde, llenos estos días de arte contemporáneo. Celebran la quinta exhibición anual Creative Mischief, donde más de cien obras seleccionadas de profesores, alumnos y antiguos alumnos de esta escuela de Bellas Artes se exponen hasta el 29 de mayo.

Escultura realizada con filtros de café, Esther Rosa
Escultura realizada con filtros de café, Esther Rosa

Aunque los enormes salones de estilo neo-renacentista exponen permanentemente una gran variedad de cuadros de arte americano, la casa museo está ligada de una manera especial a España. Fue propiedad de Archer Huntington, un filántropo y erudito de la historia, arte y literatura española, que la donó a los artistas para que continuaran su labor. Varias décadas después, en este lugar tan peculiar, una española que se reinventó profesionalmente en Nueva York vuelve a exponer su trabajo como artista emergente reconocida.

Esther Rosa expone sus obras hasta el 29 de mayo
Esther Rosa expone sus obras en la National Academy de la Quinta Avenida

Esther Rosa habla desde unos profundos ojos verdes con la tranquilidad de quien no tiene nada que perder. Y es que esa es la actitud con la que esta madrileña consiguió arrancar su carrera artística rondando los cuarenta años, nada más y nada menos que en la Gran Manzana. Antes de aterrizar en Nueva York, allá por el 2006, nunca se imaginó que estaría estas semanas exponiendo en el último evento de la National Academy de la Quinta Avenida.

Hasta que me mudé a Estados Unidos yo estaba totalmente centrada en mi carrera en el ámbito de empresa. Soy psicóloga y he estado trabajando en Recursos Humanos durante 17 años, sobre todo en televisión, llevando el área de formación, selección, desarrollo, política retributiva para mandos, etc. Soy de business, no tengo ningún familiar que esté relacionado con el arte… Nunca ni siquiera había tenido ese hobby. Si tenía tiempo lo dedicaba a cursos varios para reforzar mi carrera”, cuenta Rosa que desde el principio de la conversación relata su historia con naturalidad.

Escultura hecha con filtros de café, Esther Rosa
Escultura hecha con filtros de café, Esther Rosa

Pero un buen día a su marido lo destinan a Nueva York por trabajo y ella le sigue por amor, “no porque quisiera”. “Fue una decisión super complicada para mí. Era un momento único para él profesionalmente y, por otro lado, era también una experiencia única. Mis hijos tenían 3 y 6 años. Seguro hay mucha gente que se sorprendería de que no quisiera venir a esta ciudad y de que no me gustara la idea de dejar el trabajo y vivir la vida. Pero es que yo soy trabajadora, no me gusta estar parada; me gusta empujarme a mí misma, aprender, tener horarios y rutina… Necesito tener esa sensación de progresar profesionalmente”.

Así, como les ocurre a muchas mujeres, la artista cambió de país, dejó un puesto de trabajo en el que había progresado mucho y tuvo que reinventarse a una edad complicada: “Viniendo aquí Esther Rosa dejaba de ser lo que era. Por eso los dos primeros años fueron muy complicados para mí”. En Nueva York, donde la vida social es intensísima, es habitual que en cualquier evento la gente reparta su business card para presentarse. “Entonces tienes que contar qué haces y quién eres. Ahí me preguntaba todo el rato ¿Y yo quién soy? La esposa de mi  marido, la madre de mis hijos… ¿Y qué más? No me gustaba. Lo pasé muy mal”, cuenta Rosa.

Obras elaboradas con cera de abeja, Esther Rosa
Obras elaboradas con cera de abeja, Esther Rosa

Con ese carácter introspectivo que tienen los psicólogos, recalca cómo el trabajo en televisión era parte fundamental de su identidad: “La vida de uno la construyen muchas cosas. No solamente una pareja, unos hijos, una familia… Es el trabajo también, y el trabajo honra. Uno se define con el trabajo, es tu propio proyecto, independientemente de tus otros pilares”.

Rosa, cuyos cuadros decoran ahora la sede del IESE en Nueva York, estuvo un año dedicándose a organizar la vida familiar y pronto empezó a buscar trabajo en posiciones de dirección similares a las que tenía en su antigua empresa: “Sin embargo, empezar a trabajar como empleada americana era incompatible con lo que para mí era una máxima familiar a conseguir: que los niños hicieran sus propias memorias en España, aunque fuera solo en vacaciones de verano –ya que en las empresas americanas prácticamente no dan vacaciones-. Tuve que reconocer que el hecho de perseguir mi propio proyecto iba a perjudicarles en eso que considero fundamental: echar raíces en tu propio país y con tu familia. Así que, aunque hice entrevistas, decidí no continuar”.

Sus cuadros cuelgan de las paredes del IESE
Sus cuadros cuelgan de las paredes del IESE

Sabe que con su historia personal, que refleja de forma abstracta en toda su obra, puede identificarse mucha gente y por eso habla con una sinceridad aplastante. “Quería crear algo que tuviera peso, que me hiciese sentir una satisfacción interior. Pero eso no es fácil, nos flagelamos mucho, porque cuando llegas a cierta edad en tu vida parece que ya no puedes reinventarte y surge el miedo. Además de que el mercado laboral es muy cruel en ese sentido: a una persona cerca de los 40 años ya casi no le cogen en ningún sitio para empezar de cero”, relata.

Entonces llegó a la National Academy School casi por casualidad: “Me apunté a unas clases de dibujo. En un primer momento no visualicé que ese pudiera ser mi camino. Pero ir a esas clases los miércoles por la noche de siete a diez, empezó a ser un momento de paz para mí. No estaba con el runrún todo el rato de ‘quiero sentirme útil, quiero crecer…’. Esa pelea interior era muy fuerte, pero de repente en la dinámica de estas clases el tiempo se me pasaba volando”.

Serie 'Breathing', Esther Rosa
Serie ‘Breathing’, Esther Rosa

Aunque en los últimos años ha trabajado intensamente con la galería de arte Sohotel Artspace Gallery, situada en el Lower East Side de Nueva York, ha sido seleccionada varias veces para exponer el evento anual de la National Academy y también para la Galería Kreisler, la más antigua de Madrid, Rosa aterrizó en el mundo del arte sin ningún apoyo. Solo se dio, sin miedo, otra oportunidad: “Poco a poco fui descubriendo de mí misma algo que no sabía que podía hacer: y es que tenía capacidad artística. Los profesores empezaban a preguntarme si de verdad no había hecho nunca antes algo relacionado con el arte. Me empezaron a animar entonces a tomármelo más en serio y me hablaron del diploma que tenía esta escuela en Fine Arts”.

En sus cuarenta, esta artista ríe al contar que estuvo yendo entonces todos los días durante cuatro años otra vez ‘al colegio’.Nos flagelamos con lo de reinventarse a una cierta edad. Creemos que tenemos que seguir un camino fijo, y toda nuestra energía va encaminada a la búsqueda de lo mismo. En ningún momento nos planteamos mirar fuera de nuestra zona de confort y de manera inconsciente no nos dejamos explorar otras cosas”, declara.

Una de sus instalaciones en las emblemáticas escaleras de caracol de la National Academy
Una de sus instalaciones en las emblemáticas escaleras de caracol de la National Academy

Sin embargo, esta madrileña cambió totalmente de rumbo profesional y no se arrepiente. Al graduarse fue elegida para presentar un solo show y tras haber trabajado con muchas técnicas artísticas, se decidió por la pintura. Tuvo que volver a hacer un ejercicio de introspección para encontrarse a sí misma como artista: “Yo soy psicóloga, la persona es mi campo de interés, lo fue en el entorno empresa y podía serlo también en el ámbito artístico”.

De esta manera, su trabajo hablaba en cada gota de pintura sobre esa lucha por salir de situaciones difíciles: “Soy optimista por naturaleza y creo que no tenemos nada que perder, y aunque fracasemos siempre es un aprendizaje. Cuando miras la vida con esa perspectiva es mucho más fácil dar pasos, porque si uno se agarra al posible fallo nunca haces nada”.

Esther Rosa se decidió por la pintura tras tocar varias disciplinas
Esther Rosa se decidió por la pintura tras tocar varias disciplinas

Entre las paredes de la mansión artística con más historia de la ciudad, expuso su primer solo show al que llamó Respirando. Fue para ella la presentación en sociedad de su nueva persona: “Evidentemente yo soy la de antes, con mi background y mi mochila llena de cosas, pero estaba empezando una nueva etapa en mi vida. Nueva ciudad, nueva profesión, empezar de cero a los cuarenta que no es fácil… Respirar es la primera acción que realiza una persona cuando viene al mundo. Y para mí esto era una segunda oportunidad en la vida, volver a nacer”.

Rosa ha continuado explorando diferentes técnicas artísticas ya que no le gusta quedarse “anclada en un estilo, una paleta de color, un enfoque o un tema”. Su segundo trabajo llevaba el título de Gotas de Agua y nació de las cenizas que había dejado a su paso por Nueva York el huracán Sandy. Aquella tragedia le llevó a reflexionar sobre la felicidad y derivó en el sentido de las piezas que componían esa segunda serie.

Serie Breathing, Esther Rosa
Serie Breathing, Esther Rosa

La vida es así, es fluctuante: un día lo tienes todo y al siguiente lo pierdes. Cuando uno está sediento y caen gotas de agua, tiendes a poner tus manos para intentar cogerlas y poder beber de ellas. Hice este ejercicio de abstracción conceptual para hablar de que, en realidad, la felicidad es saber apreciar los pequeños momentos de la vida. Y disfrutar de ellos aún sabiendo que son fugaces y efímeros. No podemos centrarnos en desear que duren para siempre, hay que aceptar cómo vienen”, explica Rosa.

La combinación de sus experiencias profesionales hacen de ella una persona singular. Rosa crea como artista pero analiza la vida y aconseja como psicóloga. Su tercera serie, titulada Por debajo, vuelve a reflejarlo. Fue un año de mucha experimentación con materiales donde trabajó sólo con escultura. “Con ella trataba de explicar que todos tenemos muchas capas, muchos tendemos a protegernos en exceso. Esto me llevó a pensar en las redes sociales donde todos, sin excepción, mostramos el lado bonito de la vida. Todo se muestra perfecto. Es muy fácil caer en el error de desear la vida de otros. Tendemos a ensalzar la vida del resto y a penalizar nuestra propia realidad”.

Esther Rosa es una artista multidisciplinar
Esther Rosa es una artista multidisciplinar. Escultura Beneath, Esther Rosa

Redondas, de superficie lisa y tersa, suaves como la piel de un bebé. Así son aquellas esculturas por fuera, pero debido a la combinación de cemento blanco con fibra de vidrio con las que están hechas, pueden entreverse zonas rotas, arrugas, líneas, aberturas: “Podemos tener una capa exterior bellísima, pero cuando uno mira por dentro todos tenemos heridas que vamos acumulando en la vida, mucho dolor que vamos arrastrando…”.

Una de las partes más emblemáticas de la antigua casa de Huntington, que fue fundador también de la Hispanic Society de Nueva York, es su escalera de caracol. En ella, colgada hacia el vacío, se encontró una vez una de las obras más originales de Esther Rosa: una escultura que hizo con filtros secos de café. Gracias a estas esculturas, las socias de Sohotel Artspace Gallery se quedaron enamoradas de su estilo: “Quería hablar de las segundas oportunidades y encontré un material que me permitía expresar cómo mostrar belleza con algo que está hecho para otra cosa”.

Su última exposición en la National Academy, "Loose your ties"
Su última exposición en la National Academy, ‘Loosen up your ties’

Pero es en otro lugar de la casa museo donde expone estos días su última instalación, ‘Afloja tus ataduras’. De la pared caen diversas capas de resina blanca, sobrepuestas unas encima de otras, que transmiten una sensación de ahogo, de atadura. “Creo que la vida nos lleva tan a mil por hora que, desgraciadamente, los años pasan volando. Hay que tenerlo presente porque sino acabas enmascarándote en el ruido y te sientes atrapado, te enredas en tu actividad, en tu día a día, en distracciones”, comenta Rosa desgranando su obra.

Entre las piezas de resina que parecen una red desordenada, hay huecos libres. Sin dejar su actitud optimista, Rosa quería expresar que, “a pesar de que te encuentres atrapado, agotado, lleno de problemas, siempre hay resquicios para que entren rayos de sol. Como esa sensación de salir de un invierno extremadamente frío y recibir el primer rayo de sol de la primavera en tu piel”.

Esther ha sabido reinventarse y triunfar en NYC
Esther ha sabido reinventarse y triunfar en NYC

Ahora Esther Rosa está rodeada de personas que se acercan continuamente a preguntarle sobre su última obra, que descansa sobre la pared de la National Academy. Su arte se ha convertido en su nueva business card, en su manera de presentarse. Afirma sonriendo que vuelve a estar cómoda en sus zapatos, que le lleve por donde le lleve la vida, ya no puede dejar de ser artista. Una artista que pelea y gana en Nueva York reinventándose en cada nuevo reto.

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