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¿Qué tipo de infidelidad prefieres?

¿Duelen más unas infidelidades que otras? ¿Infidelidad mental o carnal? ¿Cuál crees que te dolería más?

Ana Villarrubia. 23/02/2017

La infidelidad puede nacer de un deseo incontrolable o también a partir de una relación en la que poco a poco se van ganando confianza e intimidad. ¿Cuál de las dos opciones es peor? Puestos a sufrir una traición, ¿preferimos una tórrida noche de desenfreno o una relación en la que se han compartido sentimientos y confidencias?

Se perdona más fácilmente un acto sexual que una relación de complicidad
Se perdona más fácilmente un acto sexual que una relación de complicidad. Fotograma de ‘Una proposición indecente’

Películas como Solo una noche se han encargado ya de orquestar el planteamiento de este auténtico dilema. Su protagonista, Keira Knightley, confesaba durante la promoción de la película que no podía decidirse sobre qué tipo de infidelidad le resultaba más difícil de encajar. Añadía que en el equipo de rodaje se habían propagado las ambivalencias en cuanto a qué posición adoptar frente a esa cuestión. ¿Infidelidad sentimental o traición carnal? ¿Cuál duele más?

Desde el punto de vista psicológico se tiende a considerar que la infidelidad va mucho más allá de la traición más física o sexual. Compartir confidencias, experiencias, rituales o recuerdos íntimos fuera de la pareja son motivos comunes de discusión e incluso de separación. Uno o ambos miembros de la pareja suelen tildar este tipo de comportamientos o actitudes como verdaderos actos de infidelidad porque realmente lo viven y sienten como tal. Por tanto, atendiendo al enorme peso que lo emocional tiene en una relación de pareja, podemos afirmar que se es infiel con el cuerpo, pero también con la mente y el corazón.

Fotograma de la película Infie
Fotograma de la película ‘Infiel’, donde el contacto de ella con su amante era más físico que emocional

La fidelidad se convierte así en un movimiento que se demuestra andando. Y el contacto que el infiel establece con un tercero puede ser físico, pero también emocional. Hasta aquí la teoría. Pero veamos qué nos dice la práctica.

Por el nivel de profundidad al que tengo acceso en la consulta, y por lo variopinto de las historias que desfilan ante mis ojos, creo que  quienes han sufrido una infidelidad –sobre todo si ha sido inesperada o se ha descubierto en un momento especialmente traumático– se inclinan más hacia el lado de que el impulso sexual es más fácilmente perdonable que el establecimiento de otro tipo de relación de mayor continuidad, profundidad o reciprocidad.

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‘Match Point’ también trata el tema de la infidelidad

Quizá porque se puede entender como algo irrefrenable en algunos casos, o porque se plantea como un acto carente de sentido o de trascendencia en otros, frente a una infidelidad meramente sexual tendemos a ser más permisivos. Sin embargo, ante una relación en la que dos personas han llegado a involucrarse sentimentalmente, que se ha construido a base de emociones y en la que se ha confiado una parte de la intimidad personal, se acaban tejiendo lazos más allá de lo sexual que son más difícilmente comprensibles por quien se ha visto traicionado.

“Le llevó a nuestro rincón de Madrid”, “Visitó ese restaurante de Roma en el que nos habíamos enamorado”, “Repitió el viaje a las islas que habíamos hecho en nuestro primer verano de casados”, “Probó con él (o ella) aquel postre que siempre me llevaba a tomar el día de mi cumpleaños” o “Quedaron en su casa para ver nuestra película favorita”… No importa que la relación no pasara a mayores, no importa incluso que no llegara a consumarse acto sexual alguno, esa tensión emocional que une a dos personas puede suponer una traición aún mayor que la deslealtad en la cama. Quizá también porque se piensa que, de no haber pillado la infidelidad a tiempo, lo sexual habría acabado por suceder de todos modos… La duda está servida. ¿Cuál es tu posición al respecto?

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Más que la parte sexual, la infidelidad conlleva una parte emocional más difícil de perdonar

Hace poco, por añadir una nota de anecdótica frivolidad a este asunto, Netflix publicaba un estudio en el que afirmaba que España era el país en el que las parejas se profesan menos fidelidad… ¡En cuanto a series de televisión se refiere! Teniendo en cuenta que muchas series se empiezan a ver y se siguen en pareja, no es de extrañar que ver episodios de una serie a escondidas del otro (con todo el “desajuste” que ello conlleva) pueda también ser considerado como una infidelidad.

De hecho, este tipo de situaciones, por muy triviales que parezcan, generan habitualmente conflictos en las parejas. Si además no se hace a solas sino que se comparte con un tercero, cualquier tipo de ritual que habitualmente se asocia a la pareja y se comparte fuera de la relación se experimenta con rabia y sensación de haber sufrido una pequeña o gran traición.


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