Bebidas

Dalí y Dom Pérignon, juntos para siempre

Los misterios de una metáfora…ese lugar donde Dom Pérignon Rosé 2005 vuela más alto, es más poderoso.

Isabel Chuecos-Ruiz. 18/04/2017

Como suele pasar cuando pareces estar en un sueño, siempre te queda la imposibilidad de saber ver si lo que creíste vivir fue verdadero o soñado…“Anoche tuve un sueño, voy a contártelo”… (dejadme navegar en la metáfora). El Museo Dalí fue el escenario elegido por LVMH para la presentación de la recién lanzada añada 2005 Dom Pérignon Rosé. La prestigiosa marca trabaja siempre con la ficción como punto de partida para hacernos perder el sentido de la orientación. Dom Pérignon plantea un juego para transmitir su mensaje, manteniendo la tensión hasta el final con su inesperada abstracción.

Y así hizo, iniciándole con un recorrido por el Museo Dalí, en el que quince periodistas de diversos medios, en la piel de visitantes en solitario, fuimos testigos de un relato que duró toda la noche. En nuestro papel de exploradores por unas horas todos tuvimos la sospecha, desde el principio, de que aquella iba a ser una gran noche.

Vincent Chaperon, winemaker de Dom Pérignon

Una noche convertida en metáfora cuyo eje temático fueron las burbujas, y en la que pudimos comprobar cómo el hipnotismo de aquel lugar permitía la exhibición de un mensaje que se iría dibujando. Con la genialidad de Dalí de frente ves cómo el surrealismo, el excentricismo del artista, combina con la austeridad, la sensualidad y la precisión del champagne más prestigioso del mundo, coincidiendo ambos en lo enigmático y lo excéntrico.

Allí, bajo la impresionante cúpula geodésica del Museo Dalí, el número dos de Dom Pérignon, Vincent Chaperon, con un lenguaje preciso y la agudeza de ser “la mano derecha” del chef de cave Richard Geoffroy, nos llevó con habilidad por los caminos secretos de la maison, describiendo la singularidad de un vino hecho para sí mismo.

Presentación 2005 Rosé Dom Pérignon en el Museo Dali

Una curiosidad que costaba disimular y que se fue haciendo mayor en el trayecto del Museo Dalí al Monasterio de Sant Pere de Rodes en Port de la Selva. Desplazándonos por el territorio a través de una tortuosa carretera que nos llevó de un lugar inspirador a un lugar mágico y lleno de significado. El monasterio convertido, por unas horas, en un escenario diseñado para la ocasión. Otra dimensión.

La metáfora de dos espacios que fragmentan el discurso, con un único propósito, encaminarnos hacia la contemplación del alma de Dom Pérignon. Brillante el paralelismo entre un monasterio benedictino, el de Sant Pere de Rodes que, haciéndonos retroceder al pasado, nos traslada al Monasterio de Hautvillers, también benedictino, donde nacieron las burbujas descubiertas por el monje Dom Pérignon.

Cena en el Monasterio de Sant Pere de Rodes

Tras poner en primer plano la escenografía, provocativa y estimulante, paso a describir la extravagancia que rodeó la cena propiamente dicha, en la que quince periodistas fuimos convocados para una experiencia común. En una atmósfera de ensueño y un escenario atemporal, la solvencia de Paco Pérez (Miramar, Llançà) puso el broche final a la noche con un “flotante” menú sutil y preciso. Reconozco que nuestros sentidos estaban distorsionados por el exceso de emoción.

No hay que olvidar que la estética, esa disciplina que estudia la esencia y la percepción de la belleza, juega un papel imprescindible en los ámbitos donde la  marca va más allá de la pura materialidad.

Dom Pérignon Rosé 2005 en el Monasterio Sant Pere de Rodes

El ideal estético de Dom Pérignon se sostiene sobre los valores sensoriales de precisión, intensidad, perfección, complejidad, yo diría que tiene esa habilidad material e intelectual de convertir la realidad en una belleza superior. Ahí radica la superioridad del lenguaje, la entonación de Dom Pérignon en una tradición que intenta desbrozar con precisión la belleza de un vino con burbujas.

Sin duda Dom Pérignon ha sido expresar la emoción de la Pinot Noir, llegando a tensar esta amada variedad y haciéndola vibrar. En 1959 tuvo lugar la primera cosecha Rosé, y a partir del 2000 el chef de cave empuja los límites del rosado marcando la identidad de la Pinot Noir y expresando todas sus facetas en las siguientes añadas.

Vincent Chaperon, Dom Pérignon con nuestra compañera Isabel Chuecos-Ruiz

Dom Pérignon Rosé 2002, 2003, 2004 y ahora 2005 representan las etapas de un champagne más singular fruto de la elegancia de grandes viñedos. Y el largo tiempo de crianza es, digamos, lo que permite a los vinos proyectarse en el tiempo, experimentar, crear y revelar el misterio de la variedad. El rojo de la Pinot Noir se une al blanco de la Chardonnay, donde una aporta profundidad y la otra armonía. Esta gran añada del champagne Rosé 2005, una añada de contrastes, cálida para lo que es la Champagne, pero que terminó con lluvias y un frío en septiembre que casi pone en peligro la madurez conseguida.

Aquella inolvidable noche poetizamos al ver cómo se revelaba la riqueza de un champagne rosé con estilo propio, en su vertiente más vibrante y seductora. La euforia inicial acabó con un brindis de D.P. Rosé 2005 quien nunca pierde su capacidad de sorpresa, de convicción, de fuerza, bajo una noche estrellada y un único protagonista…


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