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#CloseTo Stany Coppet: “Mi padre dice que soy su héroe”

Hoy conocemos de cerca a Stany Coppet, un hombre espiritual, familiar y muy responsable que triunfa en cine y televisión.

Amalia Enríquez. 27/06/2017

Las travesías al éxito, en la mayoría de los casos, conllevan muchas renuncias, sacrificios, momentos de desánimo y, en la balanza con los buenos ratos, suele inclinarse a la decisión de ‘tirar la toalla’. Solo te mantiene en la pelea la vocación, la certeza de que la pasión puede más y de que vas a superar los contratiempos. Cuando conoces el camino a la fama de los que llegan a disfrutar del reconocimiento, valoras más que no se hayan ‘desmayado’ en el proceso.

Stany Coppet es hijo de una gala de la Bretaña, de ascendencia celta y gitana; y de un padre negro de la Guayana francesa. Licenciado en Comercio Internacional, llegó a su actual profesión más tarde de lo deseado. No había ascendencia profesional, en este sentido, en su familia. El tiempo se encargó de darle un lugar como actor y de poner en su vida a otra actriz de familia legendaria, Dolores Chaplin, nieta del gran ‘Charlot’, con la que tiene un hijo, Akilles. Su vida bien podría ser el guión de una película. Ahora protagoniza otras que le dejan la sensación de que ‘las aventuras’ tienen su recompensa…

Su nombre viene de una película que vieron sus padres cuando le esperaban

The Luxonomist: No sé si te gusta mucho rememorar lo pasado. Pretendía hacerte recordar…
Stany Copett: Volvemos la vista atrás todo lo que quieras. No me molesta recordar y lo suelo hacer. Forma parte del karma y del viaje que me ha traído hasta aquí. Compartir momentos de tu vida suele ser depurativo y te aseguro que, al recordarlos, suenan mejor que como los has vivido. Yo me lo planteo como el recuerdo de un viaje.

TL: Y cuando recuerdas ese viaje, ¿hay una imagen recurrente, esa que se repite una y otra vez?
SC: Hubo un momento en mi vida en el que soñaba ser tenista. Hay un instante claro de niño relacionado con eso. Siempre me pregunto si de haber triunfado en el tenis, el resultado de mi vida habría sido más feliz, diferente. Sigo preguntándome, a veces, cómo habría influido eso en mi vida. No deja de ser una manera de soñar. Pero, en mi vida, ha habido varios momentos que, de haberse producido, podrían haber cambiado mi rumbo. Sin embargo, procuro no darle muchas vueltas. La vida me ha regalado este viaje y no puedo más que disfrutarlo y agradecerlo.

Siempre piensa que pudo ser tenista como su ídolo, Rafa Nadal

TL: ¿Nos hemos perdido un gran jugador de tenis?
SC: No lo sé, tal vez porque no era malo de niño. A los 8 años jugué mi primera final de tenis en un torneo. Había ido mucha gente a verme porque despertaba bastantes expectativas. Recuerdo que tenía mucha presión y fue la primera vez que escuché aplausos por conseguir un buen golpe. Ese sonido del éxito creo que, a lo largo de los años, ha influido también en mi trabajo como actor. Que te aplaudan es mágico pero… ¡a lo que iba! Ese partido terminó mal, lo perdí ¿Habría cambiado mi vida si lo hubiera ganado?¿Me habría dado una fuerza diferente para enfrentarme a la vida? Me lo sigo preguntando a veces.

TL: ¿Es bueno cuestionarse lo que pudo haber sido y no fue?
SC: Me lo pregunto muchas veces, constantemente. Es posible que lo haga por el temor que tengo de dejar pasar por mi lado el destino. Desde pequeño he tenido una visión de mi vida muy clara. Siempre he pensado que mi misión en la vida era cumplir algo, ejecutar un destino que aún no sé cuál es, está por venir. No estoy seguro de que esté haciendo lo correcto, lo que tengo destinado hacer. Soy consciente de que me enfrento a un camino sin fin, en el que siempre me pregunto “qué habría pasado si…”, “qué debería haber hecho si…”.

Su encuentro con Spike Lee le cambió la perspectiva laboral

TL: Eso no te permite crecer, te hace el camino más difícil…
SC: Es posible, pero tengo muy claro que estoy viajando siempre, que es un viaje vital sin fin en el que crezco como persona. Me genera dudas, ¡por supuesto!, pero creo que, con aciertos y errores, estoy haciendo lo correcto. No me lo tomo como algo negativo, no me paraliza. Estoy en constante acción.

TL: Ahora que aludes al destino… ¿qué parte de suerte, casualidad o azar adorna tu vida o tu status actual?
SC: Creo que hay un poco de todo. La suerte juega mucho, pero intento negarlo. Me niego a pensar que lo que lo que le ocurre a uno en la vida es por ese factor. Lo que yo intento es trabajar lo más posible para que la suerte sea el factor menos influyente en mi camino. Una amiga mía siempre me recuerda que la suerte debe pillarte trabajando, al igual que la inspiración. Y me he dado cuenta de que es verdad. He vivido situaciones complicadas, en las que veía que no iba a salir un proyecto, pero nunca desistí de seguir luchando para que algo bueno saliera de eso. Algo positivo siempre sale de la lucha, si no decaes y peleas hasta el último minuto.

Ahora protagoniza junto a Paz Vega una serie en televisión

TL: ¿Cómo interpretas entonces ese momento en que, por azar, te encuentras con Almodóvar en una librería de París y te cambia la vida, o con Spike Lee y el cambio es más radical aún?
SC: Podría decirte que es una mezcla de casualidad y destino, pero tengo muy claro que estaba escrito que tenía que luchar para encontrarme con Spike Lee y llegar a compartir esa conversación, que fue tan determinante en mi vida. El encuentro decisivo con Almodóvar fue distinto. Yo salía de trabajar muy cansado ese día. Normalmente, cuando me pasaba eso, me iba a casa pero, ese día, no sé por qué, sentí que tenía que hacer algo. Escuché mi instinto. No me gusta ir a Les Champs Elysées pero ese día, pasé por alto esa animadversión y me fui a la tienda de discos Virgin Megastore, que en esa época estaba allí. Fui buscando algo, no sabía qué, pero lo hallé. Ese encuentro con Pedro fue una señal. En la vida hay que escuchar las señales.

TL: Una de esas señales es la que te ha llevado a la interpretación. ¿Alguna vez te has arrepentido del camino seguido?
SC: Jamás me arrepentiré de haber escuchado la voz que me dijo que tenía que ser actor. Esa llamada, junto con mi familia, es lo mejor que me ha pasado en la vida. He pasado por momentos muy difíciles, propios del joven actor que comienza y que tiene que buscarse la vida. Estoy en una profesión muy inestable, con momentos llenos de dudas, nunca sabes si puedes llegar a vivir con la incertidumbre de si tendrás trabajo o no, pero me siento tan feliz de haber elegido este camino, que no cambio por nada. Es mi camino de vida. Cuando elegí ser actor, tenía un miedo tremendo a envejecer sin ver que podía conseguir mi sueño. Siempre he sabido que mi misión era contar historias.

A los 20 años, con la posibilidad de una vida profesional resuelta en el Comercio Internacional, me pregunté a mí mismo: “¿Estarías contento Stany de encontrarte a los 70/80/90 años, revisar tu vida y darte cuenta que no tuviste la valentía de realizar lo que querías hacer?”. No podía mentirme, no me lo pregunté delante de un espejo, sino a mí mismo. No sería feliz, así que no me ha importado el precio que he tenido que pagar y que sigo costeando. No estaba preparado para ver a mi familia decepcionada por no haber sido valiente y, por supuesto, no ser feliz. Mi vida habría sido amarga sin la interpretación. He dado todo lo que podía de mí, incluso convencer a mis padres. La familia cuenta mucho para mí, es un pilar importante en mi vida. Les prometí que terminaría la carrera y obtendría mi diploma internacional. Lo cumplí y el día que tomé el camino que soñaba, fue muy feliz. Mi madre lloró y mi padre me dijo: “Si es lo que quieres ¡hazlo!, pero date un margen de tres años. Si no funciona en ese tiempo, vuelves a hacer algo normal”. Yo estaba convencido de que sería duro, pero lo conseguiría antes de ese tiempo, así que acepté el reto”.

Sus padres se sienten profundamente orgullosos de lo que ha conseguido

TL: ¿Qué dicen ahora?
SC: ¡Imagínate! Están muy orgullosos. Les hace muy felices mi trayectoria. Mi padre dice que soy su héroe, así que ponte en mi lugar para saber lo que eso significa para mí. Mi madre, que era la que lloraba, es la más orgullosa de todas. Ahora el reto de mi vida es dar un buen ejemplo a mi niño. La rueda ha cambiado de sentido.

TL: Anda que como llegue un día y te diga que quiere seguir tu camino…
SC: No me extrañaría. Por su personalidad veo que es un niño que le encanta ser el centro de atención, pero no en un aspecto negativo. Canta mucho, por ejemplo. Le gusta bailar y le encanta que le vea, que le preste atención. Es muy pequeño y puede cambiar, pero le gusta ser el líder del grupo. Juega con sus primos, que son mayores que él, pero es el jefe de la banda (risas). Me impresiona mucho su carácter.

Así se hizo el selfie de la portada con nuestra compañera Amalia Enríquez

TL: Conociendo todo el camino pedregoso por el que has tenido que pasar… ¿crees que sería su mejor elección?
SC: Lo que yo quiero es que sea feliz. Yo lo soy, a pesar de todas las penurias pasadas. Él podrá serlo también, estoy seguro. Si esa es su elección, le apoyaré, pero también te digo que quiero que luche para que dé valor a las cosas. Hacerle las cosas fáciles no es el mejor camino, especialmente en este tipo de trabajo. Mi sueño sería que fuera lo que yo no he logrado, ser un tenista profesional. Ojalá pudiese ver en él lo que yo no he podido ser, pero también soy consciente de que la vida de los deportistas de alto nivel es muy dura, pero pensar que puede serlo me hace soñar.

TL: ¿Eres soñador o tienes los pies en el suelo?
SC: Muy soñador, mucho. A veces los sueños se cumplen. Quiero creer que las cosas que pensamos pueden concretizarse, por eso hay que cuidar lo que soñamos. La fuerza del espíritu es grande. Juan Claude Van Damme siempre dice que “la fuerza de pensar algo, se convierte en palabras, las palabras en hechos y los hechos se hacen realidad”. Cuando soñamos pensamos que un día vamos a volar y al final, lo acabamos consiguiendo.

Su primera película en el cine fue una de Bernardo y Bianca. Le gusta también ‘La Vie Pure’

TL: ¿Te recuerdas un niño feliz?
SC: Me recuerdo un niño ansioso, demasiado serio, con el peso de saber que un día sería mayor, un adulto que llegaría a tener las preocupaciones de mis padres. Eso me preocupaba. Desde niño he querido cuidar siempre de ellos. Con el paso de los años me he preguntado varias veces por qué tenía esa obsesión y he llegado a la conclusión de que porque eran demasiado jóvenes. Cuando me concibieron, mi padre tenía 19 años y mi madre 17. Por un lado tenía la sensación de que no habían disfrutado mucho la vida. Mi misión como niño era cuidarles y darles el placer de la juventud que no habían aprovechado al tenerme tan pronto.

TL: Ese niño responsable y con preocupaciones de adulto para su edad, ¿iba al cine?
SC: Sí, sí. La primera película que vi fue con mi padre. Eran dibujos animados: ‘Las aventuras de Bernard y Bianca’. Tuve mucha empatía con la niña, que estaba perdida buscando el camino para volver a casa. Tenía una botella con un mensaje dentro que tiraba al agua. Recuerdo que me puso muy triste ver que ella no estaba con su familia y que les buscaba con un mensaje en una botella que, tal vez, nunca llegaría a ellos.

Admira profundamente a Robert de Niro

TL: El cine hace sufrir unas veces, pero resuelve con felicidad otras…
SC: Eso es verdad. ¿Sabes? yo creo que estaba predestinado a ser actor. Mi nombre viene de una película que mis padres vieron cuando mi madre estaba embarazada de mí. Estaban de vacaciones y se fueron a ver una película en la que el protagonista tenía mi nombre. Mis padres no se acuerdan del título y yo no he podido saber cuál es. Solo se acuerdan de que era un personaje seductor, con éxito, alto, moreno. Supongo que un poco premonitorio, así me querían y así salí (risas).

TL: En tu travesía vital, ¿cuál ha sido esa película que te ha marcado de manera especial?
SC: Hay muchas pero, sobre todo, ‘Into the wild’ (dirigida por Sean Penn). Es la historia de un soñador que no calibra las consecuencias y va hacia su sueño cueste lo que cueste, llegando a irse a Alaska para buscar su paz y concretizar su vida. No termina bien, pero es como ‘El alquimista’ de Paulo Coelho, la búsqueda de uno mismo. Es una película que me toca, que me habla. Lo mismo me pasa con ‘La vie pure’, una que protagonizo yo y que también se centra en un personaje que busca su identidad.

Recomienda encarecidamente estos dos libros

TL: ¿Qué buscas en el cine?
SC: Aprender algo y, a veces, ver una interpretación que me enseñe a evolucionar. Me gustan mucho los biopics porque encierran algo de realidad. Son vidas que normalmente no puedes vivir y, a través de la pantalla, entras en ellas y puedes llegar a compartir. Tanto en el cine como en los libros, me gustan estas biografías. Me gusta también el mundo de los espías, el mundo del secreto, de la intriga.

TL: Esos libros de cabecera…
SC: Ahora mismo estoy leyendo uno de espías (risas) de Gordon Thomas, ‘Gideon´s spies’, sobre la creación del Mossad. Es un libro que enseña bastantes cosas sobre lo que ha pasado y lo que está pasando ahora mismo en el mundo.

Es un hombre muy soñador y familiar

TL: ¿En qué idioma lees?
SC: En tres, alterno el francés, el inglés y el español. Este de Thomas lo estoy leyendo en francés. Otro libro que recomendaría, sobre todo para un actor, es la biografía de Robert de Niro, que es uno de los grandes, que sigue vivo y que no lo ha tenido fácil. Tampoco ha sido fácil la llegada a la cima de Meryl Streep o Dustin Hoffman, pero De Niro se hizo a sí mismo, sin la ayuda de nadie, poniendo su corazón y sus tripas encima de la mesa para conseguir lo que es hoy. Es un hombre muy tímido, que se mantiene al margen de todo el sistema de Hollywood y, como mestizo que soy de madre blanca y padre negro, me interesa su visión del mundo. Sus parejas siempre han sido negras y sus hijos mestizos. Para mí, eso define mucho al personaje y su percepción del mundo.

TL: Me pasaría horas charlando contigo, disfrutando de tu calma y de ese acento francés tan envolvente pero tenemos que ir acabando con la pregunta obligada de estos encuentros. ¿Qué pensaría el Stany con sueños de ser tenista en el hombre/actor que te has convertido?
SC: Con toda la humildad y honestamente, creo y quiero pensar que diría “Wow”. Solo esto. Yo, como adulto, sé que aún no lo he conseguido todo y que falta camino, pero el niño que yo era seguro que diría: “Quiero ser como tú”.

*Localización: Gran Meliá ‘Palacio de los duques‘ *Próxima semana: Imanol Arias


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