El lugar donde residen todos los sueños olímpicos

El Museo Olímpico de Lausana es un paseo por la historia, un homenaje a los deportistas y una evocación al espíritu de las Olimpiadas.

Agustín Castellote. 03/07/2017

En la localidad suiza de Lausana, a orillas del impresionante lago Leman, se encuentra uno de los lugares de culto del deporte. Una atracción única en el mundo que recibe a cientos de miles de visitantes cada año y es considerado como una auténtica joya del deporte y de la historia. Hoy en The Luxonomist, les invitamos a conocer el Museo Olímpico de Lausana, el centro de información más importante sobre los Juegos Olímpicos desde su nacimiento en Atenas 1896, hasta los últimos de Río de Janeiro, 120 años después.

El Museo Olímpico de Lausana es el centro de información más importante sobre los JJ. OO.

Lausana, capital del cantón de Vaud, es una ciudad suiza de 150.000 habitantes que desde 1915 alberga la sede del Comité Olímpico Internacional (COI), máximo organismo del olimpismo a nivel mundial. Allí, en 1993, el español Juan Antonio Samaranch, en su condición de presidente de dicho organismo, decidió crear un museo que recogiera toda la historia de los Juegos Olímpicos, desde la edad antigua hasta nuestros días.

Son 3.000 metros cuadrados de exposición en un edificio que consta de varios niveles en medio de 22.000 metros cuadrados de jardines en los que podemos admirar obras de Botero o Chillida, relacionadas siempre con el mundo del deporte.

La llama olímpica preside el museo

Todo el museo es una maravillosa evocación a los Juegos Olímpicos. Más de 1.500 objetos de deportistas, documentos, exposiciones interactivas, talleres educativos, películas, 22.000 libros, 500.000 fotos, colecciones filatélicas y numismáticas convierten el recorrido en un impresionante paseo por la historia del deporte. Un escenario que trasciende de lo que es un museo clásico y nos ofrece un lugar lleno de vida y sentimiento.

Antes de entrar al museo, la llama olímpica saluda al visitante. Una gran base, tallada en forma de trípode antiguo, sostiene el principal símbolo del olimpismo, que permanece encendido durante todo el año.

En el museo se recogen las gestas olímpicas y sus héroes

15 francos suizos (10 para los niños) es el precio de la entrada, a los que hay que sumar otros 3 francos para recibir un iPod donde se ofrecen las explicaciones de cada sala y cada recuerdo. Nada más pasar, se hace un repaso a la historia de los Juegos. Es el nivel 1 dedicado a los orígenes; más de 300 pantallas van recogiendo los momentos clave del olimpismo, sus gestas, sus héroes, sus grandes y pequeñas hazañas.

Por una galería accedemos al lugar donde se exhiben todas las antorchas que se han utilizado en los diferentes juegos desde 1936. Distintos diseños, desde los más clásicos hasta los vanguardistas; las banderas olímpicas, las medallas, las mascotas, trajes de las delegaciones en las ceremonias de apertura y clausura, y todos esos símbolos de cada ciudad, de cada país y de cada olimpiada que permanecen para el recuerdo.

El traje de Nadia Comaneci y el balón de baloncesto del ‘Dream Team’ expuestos en el museo.

Una gran sala nos invita a soñar, allí quedan expuestas pértigas, bicicletas, jabalinas y raquetas que ayudaron a los atletas a engrandecer la historia del deporte a lo largo de los años. Podemos ver el balón de la final con el que el ‘Dream Team’ de Michael Jordan, Magic, Bird y compañía lograron la medalla de oro en los Juegos de Barcelona 1992; o la flecha con la que el arquero Antonio Rebollo encendió el pebetero en esos mismos juegos.

La estatua de la leyenda Emil Zátopek, la locomotora humana, la bicicleta de Chris Boardman o la pistola que se retuerce sobre sí misma, en recuerdo de los once atletas israelíes asesinados en los Juegos de Múnich en 1972. 

Las zapatillas con las que Jesse Owens participó en los JJ. OO. de Berlín 1936.

Pero sin duda el lugar más evocador, el que más va a llamar nuestra atención y nos hará experimentar sensaciones muy particulares, es el piso superior. Allí se recogen objetos personales de los más grandes deportistas de la historia cedidos al museo.

Las zapatillas doradas con las que Carl Lewis ganó cuatro medallas de oro en Los Ángeles 1984, las de Jesse Owens en Berlín 1936, la raqueta de Roger Federer, el traje de Nadia Comaneci con el que consiguió el primer diez de puntuación en gimnasia en Montreal 1976, las botas de esquí de Alberto Tomba, la camiseta de Usain Bolt o el bañador del guineano Eric Moussambani, considerado el récord al nadador más lento del mundo en unos juegos olímpicos (Sydney 2000), pero que simboliza el esfuerzo y la lucha a través del deporte. Y así vamos encadenando recuerdos mientras nos trasladamos en el tiempo.

Diferentes esculturas relacionadas con el deporte lucen en los jardines del museo.

El museo recoge también un bonito y emotivo homenaje al deporte paralímpico y a sus héroes a lo largo de los años. El museo olímpico de Lausana es un tributo permanente a todos, deportistas y aficionados, que viven el espíritu olímpico y evoca un sueño eterno, el sueño del deporte como cumbre de la superación humana y fenómeno cultural universal.

 

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