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¿Cuándo llevar al niño al psicólogo?

Acudir al psicólogo ha pasado de ser un estigma a ser una visita profesional tan frecuente como lo pueda ser ir al médico.

Patricia Peyró. 21/11/2017

Se suele decir eso de, “Zapatero, a tus zapatos”.  Y es que no hay nada como encargar a un profesional un trabajo que sabe hacer y sobre el que es especialista para que las cosas salgan bien. Este mismo consejo se ha de aplicar, y quizá con especial rotundidad, al tema de la psique en relación con las emociones, la conducta y el desarrollo evolutivo. Ante una dificultad presentada por nuestro hijo en cualquiera de estos campos, lo mejor es acudir a la consulta de un psicólogo, ese espacio neutral donde hacernos entender sin juicios de valor en el que los profesionales pondrán en marcha los mecanismos necesarios para mejorar una situación que nos preocupa y seguramente tenga solución.

Especialmente cuando se trata de niños, hemos de entender lo efímero de nuestro paso por la vida y enseñarles a que sean capaces de defenderse en ella dignamente y a ser posible sin dependencias. Esto implica educación, convivencia y competencia, motivos frecuentemente alterados en el ámbito de su desarrollo personal, familiar o social. Por ellos, y también por el futuro de toda la humanidad, nos conviene resolver esos pequeños y grandes problemas que con frecuencia les afectan y que pueden ser una razón suficiente para acudir a un psicólogo.

Con frecuencia al ir al psicólogo se “tocan” o “descubren” cosas que afectan a toda la familia y que alimentan el problema

¿Por qué llevar a un niño al psicólogo? 
La psicología es una ciencia muy amplia que abarca muchos aspectos, aunque podrían resumirse en tres: emociones, conducta y cognición. Entre ellos se afectan entre sí y por ello su engranaje debe resultar equilibrado para no estropear todo el sistema, que al fin y al cabo, es la propia persona. Un sistema que por otra parte, pertenece a otro sistema más amplio que es el familiar y el social, y al que todos pertenecemos.

En resumen y poniendo un ejemplo: un problema de ansiedad en el niño le hará sentir malestar a él mismo, se acusará en su comportamiento y tendrá consecuencias familiares y sociales. Por ejemplo, en el colegio, teniendo malas notas o a un profesor enfadado o con un Efecto Pigmalión negativo. Estos son los principales motivos de consulta de un psicólogo infantil o juvenil:

Los motivos más frecuentes son los problemas de conducta

Problemas de conducta
Los psicólogos de corte más psicoanalítico consideran el síntoma como un altavoz de lo que sucede en casa. Sin entrar en traumas graves o severos, cuando un niño se porta mal en casa o en el colegio, es habitualmente el reflejo de una dinámica familiar permisiva o falta de autoridad, en la que no existen los límites o estos no son suficientes. Podrá deberse en algunos casos a la ausencia de las figuras paternas y a la sustitución de éstas por cuidadoras, algo habitual en nuestros días y en familias en las que normalmente trabajan fuera de casa ambos progenitores. Aunque el poco tiempo que se pasa con los niños se procura que sea de calidad, y los padres se documentan e intentan hacerlo lo mejor posible, con frecuencia incurren en el error de evitar el conflicto a base de regalos materiales y de permisividad.

Sucede algo así: para un rato que estamos, no nos apetece “educar” y le damos hamburguesa en vez de verdura; o le dejamos que esté horas con los vídeo-juegos, o con Internet, haciendo quién sabe qué. El resultado será que el niño se crezca en poder y termine haciendo lo que le dé la gana, sin capacidad para gestionar la frustración, a la que típicamente responderá con violencia.

Si un niño entiende como normal la agresión, la adoptará para sus valores

A largo plazo la ausencia de límites puede convertir al niño en un pequeño tirano o en lo que se ha dado en llamar “Niño emperador”. El psicólogo ayudará a detectar la génesis del problema y lo que lo mantiene. Será a base de instrucciones a toda la familia, eso sí, y podrá suponer ciertas resistencias por parte de algunas figuras familiares.

Dentro de los problemas conductuales también podrían surgir algunos en relación con el mundo emocional del niño y que se manifiestan en conductas regresivas, como pueda ser el volverse a hacer pis en la cama (enuresis) tras haber pasado la edad evolutiva en la que sería normal hacerlo. El psicólogo podrá encontrar el origen emocional de esta enuresis, además de proponer un procedimiento específico para darle fin.

El psicólogo considera la herencia biológica, pero muy especialmente tiene en cuenta los factores relativos al aprendizaje y sus relaciones

Problemas en el colegio
Podrán ser conductuales, cuando el niño refleje algo de lo que le esté pasando en el hogar y manifieste un mal comportamiento. En este caso el profesor será posiblemente el que se dé cuenta de que algo sucede, y si tiene buena voluntad, quizá podamos arreglarlo si éste comprende la situación por la que pasa el niño. Eventos estresantes como vivir un mal ambiente en casa, la separación de los padres, o problemas de salud de alguno de sus miembros podrían explicar un empeoramiento en las notas.

Cuando los problemas son de aprendizaje y conductuales, unidos a la incomprensión del profesor, es posible que estemos frente a un problema de aprendizaje o de desarrollo como el Trastorno de déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH), ante un trastorno del espectro autista (TEA) u otro tipo de afección neurológicas. En estos casos será necesario acudir a un experto en la materia, aunque un psicólogo clínico o infantil podría derivarnos a otro especialista al detectar estos indicios.

La depresión en niños afecta al cinco por ciento de la población infantil

Problemas de ansiedad o depresión
La depresión en niños es más habitual de lo que pensamos, y afecta hasta un cinco por ciento de la población infantil. Se manifiesta de forma similar que en los adultos, a través de síntomatología típica como la tristeza, la apatía y la falta de interés por relacionarse o salir de casa. Junto a la depresión, la ansiedad es otro de los problemas más frecuentemente expresados por los padres que acuden con sus hijos a consulta.

Como sucede con el mal comportamiento, será importante descubrir el origen de esta ansiedad y su manifestación conductual, descartando algún tipo de patología orgánica, en primer lugar, para a continuación abordar aspectos sociales que pudieran estar afectando al niño, como pudiera ser incluso el acoso escolar o algún problema surgido en el entorno de las nuevas tecnologías.

Los niños especiales tienen también mayor riesgo de padecer bullying

Problemas de adaptación social
Un clásico motivo de consulta en el psicólogo se da cuando el niño presenta dificultades para integrarse entre los de su grupo de edad, y fundamentalmente en el colegio. Las razones pueden ser múltiples, pero habitualmente serán por timidez, por falta de habilidades sociales o como consecuencia de algún trastorno subyacente, como alguna discapacidad física o intelectual. No olvidemos que los niños especiales tienen también mayor riesgo de padecer bullying y esto incluye a los niños con TDAH, los eternos incomprendidos tanto por el maestro como por sus propios compañeros: al no ser capaces de mantener la atención durante largo rato y al mostrarse impulsivos, desde fuera se ven como tendentes a desobedecer.

Trastornos de alimentación y de adicciones
Llegada la adolescencia los problemas de consulta cambian y se relacionan con conductas autopunitivas, bien sea por exceso o por defecto. Por exceso hablaríamos de las adicciones y la ingesta excesiva de alcohol y sustancias, así como del abuso de dispositivos y tiempo enganchados a Internet. En el plano alimentario, la bulimia y los atracones forman parte de los trastornos de alimentación más frecuentes, junto con la anorexia, que lleva a las niñas a dejar de comer y puede llevarlas a la muerte. Los trastornos de alimentación necesitan un tratamiento multidisciplinar entre médicos, psiquiatras y psicólogos, y este último tiene que estar altamente especializado.

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