Gastro

La Botera, esencia de la Terra Alta

La Botera es una bodega que se encuentra emplazada en Batea, una de las localidades de la comarca de la Terra Alta con tradición vitivinícola más arraigada, y que no sólo ha mantenido, sino que ha aumentado considerablemente en los últimos años.

Si hace unas semanas os contaba que la profesión de viticultor se encuentra en riesgo, después de visitar esta bodega, mis perspectivas han cambiado y soy un poco más optimista. Esta población, la de Batea, que cuenta con menos de 2.000 habitantes, se dedica casi en exclusiva a la viticultura y el legado se perpetúa no por imposición sino por convicción. Francis, uno de los socios de la bodega La Botera e hijo de sus fundadores, se define como agricultor y mirándole las manos, es totalmente innegable.

Una bodega muy especial que no para de crecer con mucho esfuerzo e ilusión

Lejos de conducir un lujoso vehículo como muchos bodegueros, tiene un destartalado pero funcional 4×4 que utiliza para ir de finca en finca a trabajar y a llevar a los que, como yo, quieren conocer La Botera. Una bodega que durante mucho tiempo se dedicó a vender vino a granel y en garrafa, y que pasó a embotellar tras convencer a sus mayores de que el camino era embotellar el producto que otros venían a compra a granel para crear otras marcas. Hoy en día, embotellan nueve vinos y pude comprobar y probar que se están “gestando” nuevos proyectos.

La Botera produce estos tres vinos bajo el nombre Vila-Closa

Sus tres Vila Closa (ciudad cerrada, de ahí el ojo de cerradura) guardan el encanto y la tipicidad de la Terra Alta, en un juego de palabras que culmina en su contenido más allá de especulaciones. En el centro «podemos ver sin Rubor» el mejor rosado 2018 de la Denominación elegido en cata ciega por un panel compuesto en su mayoría por enólogos, elaboradores, sumilleres y viticultores de la misma Terra Alta. Su chardonnay (muy atrevido en tierra de garnacha blanca) elaborado en La Macarena, despunta para aquellos que busquen un elemento diferenciador. Mudèfer, de garnacha y cariñena de cepas viejas, es su vino más exclusivo, de momento, y en espera de las novedades.

Mudèfer procede de un viñedo con casi cuarenta años de edad

De la visita me quedo con la humildad y con las personas conocidas en esta bodega, pero con una frase en defensa de la agricultura y que me cuentan, han leído en Facebook: “Necesitas un médico cuando estás enfermo, un mecánico cuando se te estropea el coche, un abogado cuando existe un problema legal, pero a un agricultor lo necesitas cinco veces al día”. Pues es verdad.


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