Belleza

¿De verdad nos gusta y convence la cosmética natural?

El consumidor identifica el concepto de “belleza natural” con valores como el bienestar, la salud y el respeto por el medio ambiente.

The Luxonomist. 14/03/2019

Aunque lo natural suele ser lo mejor, a veces las decisiones de compra no tienen en cuenta este tipo de valor. La cosmética natural no para de crecer en los últimos años, pero en España aún tiene mucho camino por recorrer tal y como explica el amplio estudio llevado a cabo entre consumidores y presentado esta misma semana por la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética, Stanpa.

El consumidor identifica y relaciona estos productos naturales con valores como el bienestar, la salud y el respeto al medio ambiente. Sin embargo, algunas conclusiones muestran que el interés declarado y el mercado no siempre se comportan de la misma manera.

Perfil definido

El perfil del heavy user de cosmética natural es una mujer urbana, con hijos o embarazada, de edad comprendida entre 30 y45 años y poder adquisitivo medio-alto que persigue un estilo de vida saludable y declara estar interesada en un tipo de alimentación muy concreto (vegetarianas-veganas). Además, utilizan las redes sociales, foros y blogs femeninos para mantenerse informadas sobre belleza, cosmética, nutrición, hijos, etc.

La cosmética natural interesa más a mujeres urbanas

Por debajo de nuestros vecinos

El peso en España de este tipo de cosmética es un 10 % inferior al que se observa en otros países como Alemania, Francia o Reino Unido, posiblemente por las características de los productos en los diferentes mercados y el distinto peso de los productos de higiene y cuidado personal básico.

Este mercado en España creció significativamente hace unos años, permaneciendo estable desde 2015. Su valor alcanza los 780 millones de euros según estimaciones de Stanpa, lo que equivale a un 11 % del mercado, a pesar de que el 30 % de los lanzamientos se vincula de una u otra forma con esta categoría. Los productos más demandados son los de aseo e higiene (cremas de manos, pies y cuerpo, jabones, geles, depilatorios y afeitado) y cuidado del cabello.

Algo más de un tercio de consumidores sabe distinguir un cosmético natural

El cuidado del entorno, vital para la decisión de compra

El medio ambiente es la razón principal por la que el 62 % de los consumidores de belleza natural españoles elige comprar estos productos. Un 46 % esgrime la simplicidad, entendida como fórmulas con menos ingredientes, como una razón para tener en cuenta, atributos que pudieran ser más propios de la alimentación que de la cosmética. También se alega como tercer factor la transparencia, entendida como valores éticos de las compañías y las marcas.

El 59 % de los españoles, sin embargo, piensa que los productos naturales no necesariamente funcionan mejor que el resto de productos y dos de cada tres (66 %) cree que no tienen por qué ser más éticos que los que se encuentran fuera de esta categoría. Sólo el 36 % de los consumidores afirma poder distinguir qué cosméticos son naturales y cuáles no y en más de la mitad de los casos lo hacen a través de la información de la etiqueta. En torno al 15 % lo hace porque observa un sello o certificado. La prueba del ‘Eye Tracking’ matiza esta afirmación: el consumidor mayoritariamente solo mira la información frontal del producto sin llegar a la lista de ingredientes.

El consumo de cosmética natural en España es menor que en otros países europeos

¿Es posible trasladar los hábitos de alimentación a la cosmética?

En los últimos años, la tendencia a ser más “saludables” en los hábitos de alimentación se ha transferido también como valor al ámbito de la cosmética. Aunque el 77 % de los consumidores afirma dar importancia a los ingredientes naturales en los productos cosméticos, en el proceso de compra se observa que el interés se reduce, pues sólo el 47,7 % presta atención a si los cosméticos son naturales o no.

Por su parte, hay un 19 % de consumidores que trasladan directamente sus hábitos de alimentación a la cosmética llegando incluso a afirmar que “no se pondrían nada en el cuerpo que no se pudieran comer”, pese a que ingerir un alimento y aplicártelo sobre la piel son cosas totalmente distintas.


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