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#CloseTo… Carmen Machi: «La gente que bebe cerveza es mejor persona»

Carmen Machi asegura que ser actriz no tiene nada que ver con una persona que se disfraza o se convierte en otros.

Amalia Enríquez. 08/10/2019

La primera vez que la entrevisté por Kamikaze, hace ya unos años, me avisaron que era muy tímida, así que nos íbamos a juntar el hambre con las ganas de comer. No fue difícil conectar, tal vez porque ambas nos movíamos en el mismo nivel de cautela. Desde ese día, nuestras conversaciones han fluido con mucha naturalidad y cierta complicidad incluso. No para de trabajar y acaba de estrenar Criminal, en Netflix, una serie de interrogatorios, acusados e inspectores muy adictiva.

El día que nos encontramos para esta entrevista hacía un calor de justicia, así que necesitó una cervecita fresca. Yo, abstemia practicante, hacía frente al sofoco con mi limonada… pero tuve que prometerle que probaría algún día una cerveza fría. Aún no lo he hecho…

Carmen Machi: ¡Viva la cerveza en verano e invierno!

The Luxonomist: Muy fan te veo…
CM: La cerveza es un reconstituyente natural. Los tenistas, ahora toman dátiles o complejos vitamínicos, antes tomaban cerveza. Y no hace tanto tiempo de eso. La tomaban porque reconstituye todas las sales minerales en cero coma y cualquier nutricionista te dirá que tengo razón.

TL: O sea, que tengo que acostumbrarme a tomarla…
CM: La verdad, al principio, es que está malísima porque es amarga. Hay que beberla fría y luego se te hace imprescindible. La gente que bebe cerveza es mejor persona que antes de tomarla.

TL: A mí me ayudaría con la timidez…
CM: Las dos somos tímidas, pero no tontas. Sabemos ponernos la coraza de la no tímida.

TL: No sé qué decirte a eso, a mí me salva que soy sociable…
CM: ¡Pues esa es tu coraza!

TL: Se acaba de estrenar Criminal, te espera teatro, vienes de promocionar Lo nunca visto. En esta película aspiras a ser alcaldesa, ¿cómo sería Carmen Machi en ese cargo?
CM: Yo no me la imagino. ¡Qué trajín! Yo hago personajes de lo que nunca haría en la vida (risas). Yo no soy tan activa como los que interpreto. Soy muy vaga

Carmen Machi acaba de estrenar ‘Criminal’, en Netflix, una serie de interrogatorios, acusados e inspectores muy adictiva

TL: ¡Pero si no paras!
CM: No tiene nada que ver. Yo hago lo que me gusta hacer y ya. ¿Alcaldesa? Esa es una responsabilidad enorme y, además, va unido a lo de ser político. Y eso no me motiva. A mí me resulta raro ser político, admirable pero muy extraño. Estamos en un momento complicado en ese aspecto y yo no entiendo de política, aunque parece que todo el mundo es muy erudito en el tema. Todo el mundo entiende de todo. Yo no, no entiendo de nada de eso, me reconozco ignorante.

TL: Hacer eso que nunca harías es la suerte que tenéis los actores…
CM: Totalmente. No es una terapia, porque a mí no me gusta asociarlo a eso, pero hay algo terapéutico. Yo me suelo guardar las emociones, porque no me apetece nada que me vean en un estado negativo, no tengo ningún interés en mostrarlo, pero que de repente seas asesina, no te vas a la cárcel, la has liado parda y al día siguiente estás en casa tan campante ¡es maravilloso! O te mueres y, al día siguiente, estás vivita y coleando. Eso me parece lo más. Los actores somos muy tontos y necesitamos hacer personajes que nunca podríamos hacer en la vida. Atracar un banco, hacer una peli de terror, hacer de moribunda ¡qué cosa más absurda! (risas). Pues todo eso nos encanta.

TL: ¿Alguno que se te resista?
CM: Espero que muchos, miles. Lo que me encantaría es hacer una película de terror, una de muchísimo miedo. Y yo soy de las que me cago viva cuando veo pelis de miedo, no puedo verlas sola.

TL: ¡No sabes cómo te entiendo! A mí me pasa con las películas y con las montañas rusas. Mi valor tiene un límite…
CM: A mí igual… ¡Tú y yo somos la misma persona! (risas). Menos en la cerveza (risas).

TL: ¿Sabes lo que pasa? Que nunca me he sentido menos que mis amigos que bebían y estaban chisposos. Yo me divertía igual sin tener que recurrir al alcohol…
CM: ¡Pues tienes toda la razón! La verdad es que si tú pruebas la cerveza por primera vez, no vas a decir ¡qué bebida más rica!, porque no es real, pero como empiezas a tomarla a los 16 años (aunque no creo que empecé a los dos y medio –risas-), se convierte en una bebida social, como lo era el fumar. Tienes que probar.

 

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TL: Te prometo que lo haré…
CM: Tiene que ser muy fría y en vaso ancho. Y verás como todas las sales minerales las repones en un segundo. Ya verás cómo serás más feliz y mejor persona (risas).

TL: Y esa mejor persona, en este caso tú ¿Qué le pide a un proyecto cuando ya lo ha hecho todo?
CM: Que tenga algo que contar y, si tiene un fondo de denuncia social, mejor. Yo, por ejemplo, soy muy exigente con la comedia cuando la leo. Y me gusta cuando un guion cuenta lo que ocurre en la vida porque, generalmente, lo que vivimos  supera la ficción.

TL: ¿Eres de las que crees en las señales?
CM: Sin duda existen. Yo soy de las que querer es poder, aunque no siempre se cumple porque hay momentos en los que no podemos luchar contra los elementos, pero no quiero quedarme con la duda de no haberlo intentado. Mi personaje en ‘Lo nunca visto’, Teresa, quería ser alcaldesa porque entendía que esa era la persona que debe solucionar los  problemas del pueblo. Por eso quería ese cargo. Yo no tengo pueblo, porque soy de Madrid, y me gustaba esa sensación. Yo siempre he envidiado a mis amigos, cuando llegaba el verano y se iban todos a su pueblo ¡Qué suerte tener un pueblo!

TL: Invéntate uno, busca uno que te guste y adóptalo como tuyo (risas).
CM: Voy a tener que hacerlo. A veces me refugio en uno que hay en la sierra de Madrid. Voy a pensarme eso que me dices, porque esa imagen de pueblo donde estaban los abuelos y demás, yo no la tengo.

TL: ¿Madrileña “gata” cien por cien?
CM: No. Padre madrileño, abuelo madrileño pero ya bisabuelo italiano. Y mi madre cántabra. Yo tengo la medalla de oro de Madrid y me encanta tenerla porque mi padre es muy madrileño. Somos cuatro hermanos, por el trabajo de mi padre, vivíamos en diferentes ciudades pero, cada vez que mi madre estaba embarazada, cogía el coche para que diera a luz en Madrid, así que somos todos madrileños porque sí. A mí no me tocaba ser madrileña porque vivíamos en Toledo (risas).

TL: ¿Hay tradición de artistas en ese cruce de madrileños, cántabra e italianos?
CM: Sí, todos los Machi, mis hermanos y la familia de mi padre son artistas, son músicos. Era normal en mi casa que la niña quisiera ser actriz. Lo tuvieron más complicado las hermanas de mi padre, que eran bailaoras. Eran otros tiempos y no lo tuvieron fácil. No estamos hablando de siglos atrás, sino de anteayer como quien dice. Y los prejuicios aún siguen.

 

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TL: ¿Cómo ve la Carmen mujer a la Machi actriz?
CM: Es la misma, no hay línea de separación. Piensa que me paso la vida haciendo de otras. Llevo toda mi vida viviendo de esto, toda mi vida, pero incluso antes de ser actriz. Ser actriz no tiene nada que ver con una persona que se disfraza o se convierte en otros. Es una sensibilidad muy extraña, que yo tengo desde muy pequeña. Es genético en mi familia. Todos mis hermanos con músicos autodidactas porque, en mi casa, se coge un instrumento y lo tocas. Tiene que ver con ese gen artístico. En mi caso salió por la interpretación.

TL: Y te ayudó a gestionar la timidez…
CM: Yo nunca hice de pequeña teatro en el colegio por vergüenza. Cuando actuabas de niño en el cole eras un niño gracioso, no un niño actor. Yo no era nada graciosa, ni soy nada graciosa. Lo que pasa     es que, desde niña, tengo una capacidad asombrosa para entender los sentimientos ajenos. Y yo entendía perfectamente los de los personajes. Lo que a mí me transmitían me hacían entender dónde estaba el clic de eso y estaba en la emoción. Lo que me había emocionado a mí, luego lo podía transmitir. Yo no hice comedia nunca hasta 7 vidas. Es muy difícil hacerla. Yo era una persona tremendamente tímida, que no hablaba con nadie. Y lo he pasado muy mal siempre en los sitios, he estado siempre escondida.

TL: Pues has elegido una profesión muy expuesta…
CM: Yo ahora estoy en modo actriz que hace entrevista porque, si no lo hago así, te acabaría contando otras cosas que no quiero que trasciendan Otra cosa es cuando se apaga la cámara y nosotras seguimos charlando de nuestras cosas.

TL: ¿Nunca ha habido arrepentimiento por haberte dedicado a esto?
CM: No, todo lo contrario. Yo he tenido mucha suerte, ya te lo digo. De verdad, de verdad. Yo sé de compañeros, que han sido mis referentes, que han estado sin trabajo años y es algo que nunca he podido entender. A mí nunca me ha ocurrido y me da mucha vergüenza decirlo.

TL: La suerte juega un papel, pero el talento también…
CM: El talento es una cosa que no tiene ningún mérito porque viene dado. Mérito lo tiene el esfuerzo, la tenacidad, el saber decir que no cuando debes hacerlo, decir que sí y no arrepentirte. Eso es el mérito, pero el talento… Eso se lo debo a los genes de mis padres, que me hicieron nacer con algo inevitable. Yo, por mucho que quiera ser escritora, nunca lo voy a ser porque no tengo ni la necesidad, ni la virtud para hacerlo bien. Tampoco puedo ser pintora, ni escultora, ni cantante. No tengo las bases para eso. Cada uno es lo que se le da bien y ya está.

Carmen Machi junto a Amalia Enríquez en un momento de la entrevista

TL: Y poder dedicarnos a ello es una suerte…
CM: Eso es verdad. La fortuna es que tú detectes lo que se te da bien y lo conviertas en oficio. Mucha gente pensará que ser actriz es un hobby y no es así. Es un oficio, una profesión. De esto se puede vivir y tienes que intentar que sea así porque, además, es un trabajo para deleite de los demás. Nosotros trabajamos cuando los demás están de ocio.

TL: ¿Qué hay de la Carmen niña en la mujer de hoy?
CM: No lo sé, supongo que sigo siendo la misma pero más vieja (risas), A mí no me importa decir envejecer. Y, en el plano profesional, creo que soy también la misma. Es muy raro esto, pero te lo digo en serio. Evidentemente, hay una evolución en muchas cosas pero, lo que más me gusta, es que cada vez necesito hacer menos para contar más. Eso lo aprendes con la edad y es un aprendizaje que no puedes forzar tampoco, porque todo tiene una evolución. Me encanta el vértigo, no me da miedo equivocarme, ni tengo miedo al fracaso. De verdad que no. Lo que sí me pone mala es hacer algo que no quería y que acabo haciendo por otros. ¿Por qué he hecho esto si yo sabía que no lo quería hacer?

TL: Porque muchas veces pensamos más en los demás que en nosotros…
CM: Totalmente de acuerdo. ¿Ves cómo somos la misma persona? (risas)

TL: Ya quisiera yo tener algo de tu talento…
CM: Tienes otro que yo no tengo: escribir… y sabes llevarnos por buen camino en las entrevistas. Contamos mucho… (risas)

TL: La próxima quedamos para una cervecita y la que habla, a lo mejor, soy yo…
CM: A ver qué efecto te hace (risas).

Localización: Guaimaro (calle Velázquez 48)
Próxima semana: Carlos Latre.

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