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#CloseTo Mario Casas: «Por como me he criado tengo la necesidad vital de ser padre»

Se sumerge tanto en sus personajes que eso le pasa factura a nivel personal. Ahora estrena 'Adiós', con un papel verdaderamente difícil de interpretar.

Amalia Enríquez. 14/01/2020

Hace tiempo que Mario Casas está lejos de aquel ídolo de adolescentes que revolucionó el panorama televisivo. Su físico se exportó al cine y rompió las taquillas. Siempre con cabeza y arriesgando, marcó espacio entre esa imagen y las interpretaciones de los últimos años. No se arrepiente de esa etapa de fama desaforada, pero entiende que los años pasan y que, si quieres permanecer en una profesión como la suya, hay que lanzarse a muchas aventuras. A la espera de dos estrenos en los próximos meses, todavía resuenan los ecos de su trabajo en ‘Adiós’. De eso hablamos en nuestro último encuentro.

The Luxonomist: Espero que nos queden cosas por contarnos, porque ya he perdido la cuenta de las entrevistas que llevamos.
Mario Casas: Muchas, la verdad. Y que venga otra cantidad más. Sería buena señal para los dos. Al final, lo bueno es verse, seguir informándonos y teniendo nuestras conversaciones.

TL: La próxima ¡sin cámaras delante!
MC: Eso sería lo bueno porque podríamos charlar de manera tranquila, tomándonos una copa o un café. Tenemos que hacerlo…

TL: Te veo muy fashion últimamente, desplegando todo un abanico de sombreros y gorras.
MC: Todo tiene su por qué. He estado rodando una peli, ‘El practicante’, para Netflix, y me han hecho un estropicio en la cabeza que ni te cuento. Estoy medio calvo, medio con pelo corto…

TL: Y condiciona ¿eh?
MC: ¡Vaya si condiciona! Llevo casi tres meses así. No puedo más y hasta me deprime un poco (risas), sobre todo cuando me quito la gorra y me veo en el espejo. Me rapaban dos veces al día al cero, porque me crecía el pelo muy rápido. Ya sabes que a las seis o siete horas ya te empieza a crecer… pero me gusta mucho lo que hago y voy hasta el final.

TL: Siempre has sido de llevar tus interpretaciones al límite.
MC: Pues sí, ya me conoces, pero es ahora cuando me empieza a afectar porque ya es mucho tiempo viéndome así. ¿Y sabes por qué afecta el ánimo? Porque, cuando ya has acabado un proyecto y dices ¡ya está!, quieres volver a verte como antes y eso no es posible en casos así. Quieres salir del personaje, pero el físico te lo sigue recordando. Solo espero que, a partir de ahora, me vuelva a salir mi pelo porque, como me lo han rapado tanto, igual ya no me crece (risas). En maquillaje, para vacilarme, me decían eso.

Mario Casas by Brian Hallett.

TL: La última vez que nos vimos estrenabas ‘Instinto’ y ya me hablabas de ‘Adiós’. Recuerdo que me dijiste que estabas preparado para las críticas que ibas a recibir por el acento andaluz.
MC: (Risas) Y no me he equivocado. Ha habido de todo, eso es verdad. Siempre te lo digo. Intento no leer mucho lo que escriben sobre mis trabajos, pero siempre te llegan comentarios.

TL: Los inevitables cantos de sirena…
MC: Exacto (risas). El estreno lo hicimos en Sevilla y la gente decía que no estaba mal. Me lo trabajé mucho, pero mira. Hay una cosa que es muy difícil. Yo conozco tu tono de voz, sé cómo hablas y, si de repente, te empiezo a escuchar en andaluz ¡me volvería loco y se me haría raro!, porque sé cómo te expresas, tus dejes gallegos e identifico tu modo de hablar desde el primer momento. En mi caso le habrá pasado igual a la gente. Es normal que choque escucharme con otro acento, yo lo sabía y por eso me lancé a la piscina con todas sus consecuencias. Lo que sí me ha dicho la gente es que, a medida que vas entrando en la película, también entras en el juego que te estoy ofreciendo. Entiendo que haya gente a la que le cueste verme. Fíjate que a veces voy por la calle y la gente se gira al identificar mi voz, antes de verme incluso. Así que entiendo perfectamente lo que la gente pueda pensar de mi acento andaluz, porque tienen tu voz situada en la mente y es complejo situarte en otro sitio.

TL: Lo que yo no sabía es que en Sevilla hay muchos acentos distintos. Eso lo complica todo mucho más…
MC: Para mí era esencial dominar el seseo. Yo trabajé el acento con David, un chico al que llaman ‘El torero’. Cuando él me decía “qué está muy bien, Mario, que está muy bien”, para mí era suficiente. Estoy muy contento de que él esté orgulloso del trabajo que hemos conseguido.

TL: Conociéndote, me juego que te has pasado todo el rodaje hablando en andaluz con todo el mundo.
MC: (Risas) ¡Cómo me conoces! Con todo el mundo. Primero estuve un mes y pico ensayando con David, aprendiendo el acento de las tres mil viviendas, el barrio sevillano en el que se desarrolla la película, y empapándome de cómo era y se expresaba el propio David, lo que me emanaba, su esencia, cómo explicaba las cosas. Era lo que yo quería captar. Mi madre dice que conociéndole a él y al ver la película, se dio cuenta de que nos parecíamos mucho. Si te digo la verdad, yo creo que le imité.

TL: ¿Lo más difícil de todo?
MC: El contener la pérdida de una hija. Yo no soy padre, pero estuve dos meses y medio trabajando la pérdida de un hijo. Estuve viendo muchos vídeos en Youtube de padres que han perdido a sus hijos. Descubres el vacío. Hay un vacío de tristeza, parece que nada está pasando, pero ves que ya lo han llorado todo. Eso y convivir con ello fue lo más difícil. Tienes que buscar dentro de ti la pérdida para poder expresarla y hay veces que te vas a sitios muy oscuros.

Mario Casas junto a Alain Hernández en ‘Palmeras en la Nieve’

TL: ¿De dónde arrancaste ese dolor?
MC: No lo quiero ni pensar, ni siquiera decirlo en voz alta porque es muy duro, pero te vas a los tuyos. A alguien que quieres lo sitúas ahí y, desde ese lugar, buscas. Después de hacer la película, de interpretarla y de vivir todo eso, lo único que pensaba y pedía era ¡ojalá nunca me pase esto! Ha sido demoledor ponerte en esa situación de perder a una hija. No sé lo que haría si eso me pasara a mí.

TL: Harías lo mismo que hace Juan, tu personaje. Seguro…
MC: Es posible, es posible…

TL: ¿Ya te imaginas padre?
MC: ¡Por favor! Ya sabes que sí. Lo hemos hablado muchas veces. Por cómo me he criado tengo la necesidad vital como hombre de poder, algún día, criar y educar a un niño. Igual lo hago fatal (risas), pero quiero vivir esa experiencia y disfrutar de ese proceso para madurar y aprender de la vida.

TL: Solo falta encontrar a la persona apropiada…
MC: Eso es lo más complicado, aunque también te digo que, a veces, el problema está en uno mismo y no tiene que ver con la otra persona. A veces pasa.

TL: ¿Me dices que el fallo está en ti?
MC: No que solo pueda ser por mi culpa, pero tengo mi parte de responsabilidad. Yo soy muy estricto, sobre todo en el tema laboral. Como persona, tú me conoces, soy muy llevable, pero es verdad que mi profesión es otro miembro más de mí como lo es un padre, una madre, un hermano…

mario casas b
El actor en ‘Bajo la piel del lobo’, otro de sus trabajos dramáticos

TL: No todo el mundo entiende eso.
MC: Es complicado, incluso si quien tienes al lado es de la profesión. Es más entendible, porque comparte ausencias, que conozcas gente, que viajes, pero no siempre es la solución. Yo me sumerjo mucho en los personajes, mucho. Puedo llegar a apartar a una persona que tengo al lado, lo sé. En esta última película de ‘El practicante’, mi madre me decía “acaba ya, acaba ya” porque estaba en un sitio que no era sano. Y todo eso afecta a los que te rodean. Les pido perdón porque, en realidad, es un síntoma de egoísmo pero, si no lo hago así, tendría la sensación de estar engañando a mis seguidores, a los que me ven. Si no me arranco la piel y me sumerjo por completo, sentiría que soy un fake.

TL: ¿El Mario hombre y el actor son paralelos o se cruzan?
MC: Son paralelos. En mi vida personal procuro ser muy lineal, en el trabajo soy obsesivo. Soy muy pesado y creo que eso laboralmente me beneficia. Otra cosa ya es en el terreno personal. El exponerte tanto en un personaje, cruzar límites, te pasa factura en la trayectoria vital seguro. Soy de los que me llevo el personaje siempre a casa y eso afecta al entorno, lo sé. Intento no salirme del personaje y tener un background importante.

TL: Me aventuro a decirte que esa obsesión vas a tener que gestionarla…
MC: Ya tengo ayuda psiquiátrica desde hace tiempo. Es más, el psiquiatra me ayuda a crear los personajes y, en el último personaje, creo que le volví un poco loco a él (risas). Como siga así ¡voy a tener que cambiar de terapeuta! (risas)

TL: ¿No tienes necesidad de pedir a gritos una comedia?
MC: Sí, la verdad es que sí. He estado a punto de hacer una que, al final, no se ha dado por problema de fechas. Lo mío, últimamente, es puro sufrimiento (risas). En la comedia disfruto muchísimo y, en el fondo, reconozco que tampoco se me da del todo mal.

TL: Es un privilegio ir encadenando rodajes pero ¿no tienes la sensación de que te estás perdiendo algo?
MC: Me estoy perdiendo vivir algunas cosas, es verdad. Lo que me estoy perdiendo es mi familia, que para mí es fundamental. Me estoy perdiendo poder estar en mi casa, dormir en ella, disfrutar de ella, estar con mis padres, hermanos. Eso sí me lo he perdido este año y no va a volver a ocurrir. Estoy notando esa ausencia y me está pasando factura.

TL: Espero que la próxima vez no me traspases tu intensidad y me hagas sufrir menos.
MC: (Risas) No me digas eso (risas), porque la próxima no va a ser relajada (risas)

TL: Pues nada, me acostumbraré al nudo en el estómago.
MC: Piensa que siempre hay luz, como en ‘Adiós’. Hazme caso.

 

*Localización: Hotel Índigo Madrid.

*Próxima semana: Brays Efe.

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