El polo y la equitación: símbolos de prestigio, síntomas de privilegio

(Foto: Gtres)

Todos sabemos que las carreras y los deportes con caballos son disciplinas que otorgan una marca de distinción social. De hecho, en muchas regiones del mundo, las clases populares miran con desdén el polo y la equitación profesional. Es que se trata, en efecto, de prácticas tradicionalmente aristocráticas que en los últimos siglos fueron reapropiadas y reinventadas por la burguesía.

Así y todo, los deportes con caballos no son exclusivos de las clases dominantes. La equitación y la doma por ejemplo tienen un origen que no se relaciona con una clase social definida. De esa manera, ¿qué es lo que hace que ciertas prácticas se conviertan en un blasón de clase? En este artículo arrojamos un poco de luz sobre este tema.

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El lugar de los caballos hoy en día: costosos, campos y apuestas

Lo principal sobre el tema es que la cría y la manutención de un caballo de raza son sumamente costosas. No solo es caro alimentar al animal, sino disponer de la infraestructura para que se desarrolle: establos, campos, monturas, herraduras, etc.

Además, los caballos de carreras están muy ligados al mundo de las apuestas deportivas. Según estafa.info, las apuestas a caballos son de larga tradición española. De hecho, hay tantos intereses puestos en las carreras de jockeys, que muchas veces los caballos reciben mejores cuidados que los seres humanos.

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Su labor ha evolucionado con los tiempos

El rol de los animales como ayuda en las labores de campo ha quedado en el pasado, gracias a la innovación en materia tecnológica en ese sector. No obstante, los caballos de equitación siguen siendo un atractivo de los terratenientes españoles.

Para poder disponer de ellos, no solo es necesario contar con recursos para mantenerlo, sino también es imprescindible disponer de grandes parcelas de tierra para el esparcimiento del animal. Esta es una tradición que viene de la nobleza europea, que utilizaba los caballos para salir de caza por sus cotos.

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La historia de las carreras de caballos

Montar caballos y hacerlos participar en carreras parecen haber sido eventos casi simultáneos. Se piensa que la domesticación de este animal se dio primera entre los hititas de la Anatolia turca, cerca d

el 1400 a.C. Este pueblo enseguida comenzó a recrearse en las carreras, y esto los convirtió en expertos en el uso de los caballos. Tanto es así, que aún hay constancia de la sólida caballería hitita que se enfrentó al ejército egipcio de Ramsés II en 1274.

Así los caballos también llegaron a Egipto, que era la potencia de esos tiempos, y de ahí se hicieron conocidos en el resto del mundo. Su uso estaba ligado tanto a las labores agrícolas como a las técnicas militares, pasando por el esparcimiento de las clases dominantes.

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Los caballos españoles tienen gran reputación

En la península ibérica, los caballos lograron desarrollarse de manera excelente, y los animales españoles cobraron excelente reputación en todo el mundo, en especial durante el siglo XIX. De hecho, a mediados de ese siglo, el Duque de Osasuna y sus amigos cercanos fundaron la Sociedad de Fomento de la Cría Caballar. De esta forma, la cría de caballos y las prácticas ligadas a esos animales fueron cobraron un tinte de profesionalismo. Con esto, se abrió la puerta a las carreras de caballos.

Los hipódromos comenzaron a proliferar en España durante el siglo XX. Si bien se trata de un entretenimiento para todo el público, que puede divertirse apostando, la actividad en sí parece estar reservada para las personas de élite. ¿A qué se debe esto?

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Polo y equitación: vestigios de viejos privilegios

Ocurre que la tradición de las actividades con caballos está vinculada con las prácticas de la nobleza europea, como ya hemos señalado. Esto ha producido que mucha veces el ambiente sea restrictivo, elitista y desigual. Claro que, con el correr del tiempo y la progresiva desaparición de la vieja aristocracia, el mundo de los deportes a caballo se hace cada vez más plural y heterogéneo, pero aún no ha perdido su carácter exclusivo.

Así pues, tanto poseer caballos como utilizarlos en deportes son marcas de distinción social. Esto indica que los participantes de esas disciplinas han tenido ciertos privilegios que los han conducido a ese lugar. La pregunta del siglo XXI es: ¿qué hacer con esos privilegios? En tiempos donde se extiende el pensamiento deconstructivo, es una buena idea preguntarse hacia dónde van los deportes con caballos. ¿Es posible una plebeyización de estas prácticas o es inviable? ¿Cabe analizar el lugar de los animales en estas disciplinas, en tanto personas sintientes? Ya veremos la evolución de estas cuestiones a lo largo del siglo.

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