No todos los champagnes son iguales

(Foto: Gtres)

Cada vez que descorchamos una botella de champagne, estamos abriendo paso a un trocito de la historia de la región vitivinícola más conocida en el mundo por sus vinos espumosos. Reims y Épernay sean quizás los nombres más conocidos popularmente, pero, en ningún caso podemos olvidar que su viñedo se distribuye en cuatro grandes regiones. Dentro de ellas además hay 319 crus de los cuales 17 son gran cru y 42 premier cru. Para todos aquellos que aun no conozcan el término “cru” os lo simplificaremos diciendo que, en la AOC (Denominación de Origen) de champagne, es un municipio.

Independientemente de la calidad de sus terruños y del mimo con el producto principal, la uva, los vinos de champagne se caracterizan por ser los más glamurosos y lujosos, imprescindibles en las grandes celebraciones. Para mí, necesarios en el día a día, aunque no siempre podamos permitirnos el enorme placer de disfrutar de la magia de sus hacedores herederos de una tradición de cientos de años en la búsqueda de la excelencia escanciada en una copa

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(Foto: Unsplash)

Philipponnat, una Maison de larga tradición

En el epicentro de esas cuatro regiones, hoy me he decantado por elegir una, de la cual os voy a hablar un poco para que la conozcáis. Nos hemos trasladado hasta el corazón de champagne en Ay y Mareuil-sur-Ay, aunque toquemos otras localizaciones. Estamos hablando de Philipponnat, una Maison de larga tradición la cual tiene registros desde 1522 y fueron proveedores de la corte de Luis XIV por la calidad, ya por aquel entonces, de sus vinos. Casi cinco siglos después, Charles Philipponnat, el heredero directo, es quien dirige la bodega en la actualidad.

Cada vez que hablo de esta bodega, me gusta resaltar el enorme trabajo de soleras y de selección de vinos criados en barricas, que son utilizados en coupages de diferentes añadas. Todo ello

confiere una especial característica de equilibrio a la bodega, con la que tengo el gusto de disfrutar de sus espumosos desde hace más de veinte años. De entre sus creaciones, hoy os voy a hablar de tres de ellas incardinadas en la colección Cuvée 1522
, una nomenclatura en honor al año de la instalación de la familia en el pueblo de Ay.
(Foto: Philipponnat)

Equilibrio entre frescura y elegancia para un champagne muy gastronómico

El primero es el Philipponnat 1522 Grand Cru Extra Brut 2014. Está elaborado con Pinot Noir y Chardonnay y su dosaje es relativamente bajo para ser un brut. El enorme trabajo en el coupage de barricas y la larguísima crianza en segunda fermentación encuentran el equilibrio entre la frescura y la elegancia y amplitud provocada por las lías. Es maravilloso concentrar la vista en el anillo de sus burbujas y su color dorado.

En nariz nos regala aromas marcadamente florales y de cereza. Su paso en boca confirma la cereza junto con otras frutas rojas y toques de frutos secos. Es muy gastronómico y fresco para maridajes interminables.

(Foto: Philipponnat)

Un vino para acompañar una comida de principio a fin

Seguimos con el Philipponnat 1522 Rosé Premier Cru 2012. Para mi los rosados son un espumosos fetiche. Deberíamos beber más. Este está elaborado con Pinot Noir y Chardonnay y también se caracteriza por un dosaje bajo en azucares para ser un brut. Aquí también interviene un vino tranquilo. Visualmente es de color rosa cobre, pero que esto no os confunda con el menor atisbo de oxidación.

En nariz presenta toques especiados, fruta roja tímida y bizcochos tostados. Su acidez marcada le confiere mucho frescor en boca y esos toques minerales le dan cierta solemnidad. Me gusta mucho masticar sus burbujas para liberar matices a fruta roja que persisten y lo convierten en un vino muy gastronómico para acompañar una comida de principio a fin.

(Foto: Philipponnat)

Un champagne que hipnotiza por su bello color dorado y sus finas burbujas

Termino, poniéndome en pie, ante un enorme champagne como es el Philipponnat 1522 Grand Cru Extra Brut LV 2000. Elaborado con Pinot Noir y Chardonnay se pasa la friolera de 20 años en sus propias lías en una crianza de segunda fermentación que culmina en el degüelle a principio de este año. Cuando cae en la copa hipnotiza su bello color dorado y sus finas burbujas.

En la nariz ofrece mucha y dinámica información con el sello de la elegancia que da un largo envejecimiento. La fiesta llega en la boca. Sorprende la descarada frescura y su paso elegante, de textura voluptuosa y casi erótica. Frutas maduras, panadería artesana, tostados de pan recién hecho, sensaciones salinas y final interminable. El mejor acompañamiento para este champagne es este propio champagne.

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