Vinos para sorprender: de Sauzet al Fondillón

Hoy damos las notas de cata del célebre Fondillón El Abuelo, un Folatières de Sauzet, el Les Roises del joven maestro de la Champaña Collin y un burdeos clásico como es el Batailley. 

Ignacio Peyró. 20/01/2016

*Château Batailley 1996. Grand cru de Pauillac. Héritiers Casteja. Bordeaux (Francia)
Tomar un Pauillac con años es de esas decisiones en las que el corazón y la cartera entran habitualmente en colisión. No ocurre así en el caso del Batailley, uno de los destellos que ofrece la carta de Álbora. Sin la intensidad de alguno de sus ilustres vecinos, Batailley es un clásico en la zona del Burdeos más clásico: un ‘claret’ digno de un club inglés, con predominio de cabernet, con taninos ya redondos y con la estructura, la acidez y esa nariz –frutos rojos y negros, tabaco- que esperamos de un Burdeos más que competente. Es capaz de aguantar unos años más con garbo, aunque no va a mejorar. 

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Château Batailley 1996. Haz clic para comprarlo

*Fondillón Gran reserva Solera centenaria “El Abuelo”. Tiraje de 2012. Primitivo Quiles. Monóvar (Alicante).  
El fondillón es vino de historia noble y presente precario. Resulta difícil encontrarlo y resulta aún más difícil encontrarlo bueno. Siempre es de monastrell, y siempre –de ahí su alto grado- de uvas sobremaduradas en la cepa. Después, se cría en escala de soleras: básicamente, cada vez que se embotella una partida, la merma del tonel se rellena con vino viejo. La solera fundacional de El Abuelo proviene de 1892 y son muy pocas las botellas que la bodega –de las más arraigadas de Alicante- pone en el mercado: apenas 163 en 2012.

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Fondillón Gran Reserva Solera centenaria. Haz clic para comprarlo

El vino es extraordinario para sobremesa o –simplemente- pasar media tarde con él y, tal y como debe ser, no resulta dulce en exceso, avivado por una acidez que le da frescura. La nariz es un despliegue de frutos secos y pasos, orejones y tomate seco; después, tiene el bouquet –y un punto de humedad- característico de algunos vinos muy viejos. Un fondillón que honra su leyenda y una de esas arqueologías españolas que merece la pena buscar y descorchar.

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Les Folatières 2004. Haz clic para comprarlo

*Les Folatières 2004. Puligny-Montrachet Premier Cru. Etienne Sauzet. Puligny-Montrachet (Côte d’Or, Francia). 
La casa Sauzet está reputada como una de las mejores elaboradoras de blancos en la Borgoña, pese a haber conocido los problemas de la oxidación prematura tiempo atrás y ofrecer un estilo de vino particularmente musculoso e intenso, bien marcado por la madera. A cambio, son vinos muy longevos, y con fruta de una calidad que honra las prestigiosas denominaciones de sus pagos (el Montrachet de Sauzet me gustó más que el de Ramonet, por ejemplo). En este Folatières, el más grande y uno de los más afamados primeros crus de Puligny, encontramos un vino con mucha estructura, un paso de boca graso y una acidez vivísima. Tiene mineral y nervio, pero también el encanto de un fondo amielado y una nariz muy cítrica que confirma que aún le queda recorrido por delante. Un Puligny de manual y de nota.  

Champagne Ulysse Collin. Haz clic para comprarlo
Champagne Ulysse Collin. Haz clic para comprarlo

*Champagne Les Roises, Blanc de blancs, Extra brut, NV. Ulysse Collin. Congy (Francia).
Una ironía: la primera añada de Collin tenía que haber sido la 2003, pero una helada primaveral le arruinó los planes en un año que sólo se iba a hacer famoso por el calor. Discípulo de Selosse, Collin ya es nombre más consolidado que emergente en la Champaña. Tiene algo menos de nueve hectáreas al suroeste de la Côte des Blancs. El trabajo en las viñas es esencialmente orgánico. Las fermentaciones –largas- se realizan con levaduras autóctonas. Su fruta es muy madura y embotella con poco dosage.

Ulysse Collin
Ulysse Collin

Cuenta con tres terruños distintos, uno de los cuales es este Les Roises, con chardonnay de sesenta años. La producción es pequeña, y es de temer que los champañas de Collin se vayan a disparar de precio. Este, degollado en 2015, es un champagne que destaca por su equilibrio entre poderío y elegancia, con madera presente pero bien integrada, una burbuja elegante pero no excesiva, y un color precioso, ya doradizo. Perfecta armonía entre nariz y boca, con el punto algo más goloso del blanc de blancs y la acidez y las notas esperadas –mantequilla, tiza- en los buenos champañas. Le quedan años por delante, pero está en un momento estupendo. 

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