España, a cucharadas

Contamos con legumbres de altura como el judión de La Granja, las alubias de Tolosa, las de La Bañeza, las lentejas de La Armuña o de La Sagra.

Ignacio Peyró. 28/01/2016

Las legumbres tienen una fama equívoca desde que el viejo Pitágoras emprendiera una cruzada contra las judías y sin embargo es difícil pasar el invierno sin sentir la nostalgia de un guiso sustancioso, de uno de esos platos humeantes, maternales, que nos exigen tan poco como tener hambre y tener reservado un tiempo para la siesta.

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En España contamos con una materia prima excepcional para los guisos de cuchara

Comprobadas hoy las ventajas dietéticas de las legumbres, no está de más señalar que aquí en España, tienen un solar privilegiado. Contamos, en efecto, con no pocas legumbres con el marchamo aristocrático de su origen, del judión de La Granja a la verdina del occidente asturiano, de las alubias de Tolosa a las de La Bañeza o las lentejas de La Armuña o de La Sagra. Para esta España a cucharadas aún nos faltan esos garbanzos que aquí –de Pedrosillo a Fuentesaúco- hemos comido devocionalmente cuando en otros lugares se rechazaban.

Los garbanzos
Los garbanzos de Fuentesaúco, una delicia

Ahora, por honrar el producto y la estación, los restaurantes de El Corte Inglés de toda España nos ofrecen, hasta el día 31, unas Jornadas Gastronómicas de los Platos de Cuchara ideales para quien no sabe o no puede poner a remojo unas lentejas. Alubias bien sacramentadas, suntuosas verdinas con carabinero o con cocochas, callos con garbanzos gallegos o –por supuesto- fabada asturiana, además de unas lentejas con ese contrapunto que le aportan las piparras.

Las lentejas
Las lentejas de La Armuña, siempre un acierto

Quienes los hemos probado todos podemos dar fe de que son guisos muy fundamentados, cremosos, sin exceso de grasa, con el punto de la legumbre –indispensable- bien cogido. Ahí sólo hace falta ir a coger un buen tinto de la Rioja alavesa o de ese lujo que es la botillería del Club del Gourmet. Y después, naturalmente, prever un rato para dormir o simplemente meditar. Es uno de los gozos del invierno.

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