Viajando por el Mundo (II): La historia de Chomsky

No todos los perros pueden viajar con sus amos a los Estados Unidos.

perro
Chomsky con la cara de felicidad del recién llegado

Este buen mozo que aparece en la foto que da comienzo al presente artículo es mi ciber-amigo Chomsky. Digo ciber porque todavía no lo conozco en su macizo cuerpo perruno presente. Sí, ambos vivimos en Estados Unidos, pero teniendo en cuenta que en este país caben unas 19 Españas, las distancias son diferentes a lo que estamos acostumbrados. Aunque todo llegará. Entretanto, Chomsky nos ha escrito una carta a The Luxonomist con motivo de la lectura de mi anterior entrada ‘Viajando por el Mundo‘. Aunque el texto completo lo podéis leer en este enlace, aquí os extracto lo más interesante. En primer lugar, la presentación:

“Hola a todos, me llamo Chomsky, tengo cuatro años y medio y soy un cruce de perro super mono y perro super bueno, aunque muchos se empeñan en decir que parezco un Corgi; supongo que será por mi porte aristocrático, mis patitas cortas y mi cola-plumero blanca y canela. Actualmente vivo en Columbia, la capital de Carolina del Sur y estoy aquí para contaros cómo fue mi viaje desde España hace ya poco más de un año.

Lo primero es contaros que yo soy un perro asturiano, aunque mi nombre sea el de un lingüista con apellido polaco, que vivía en un bonito pueblo llamado Candás, a unos 15km de Gijón, con mis dos humanos y mi felino. Pero como uno nunca sabe a dónde le va a llevar la vida, en agosto de 2013 mi humana se fue a trabajar a Estados Unidos como maestra de español y yo me quedé con mi humano y mi felino a la espera de que pronto pudiéramos estar todos juntos de nuevo”.

Cacesa. Haz clic para saber más
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El problema surgió, nos cuenta Chomsky, cuando su “otro humano” tuvo que trasladarse también a los Estados Unidos, sin que pudiera acompañarle por las restricciones que os conté la semana pasada. Chomsky se quedó en Málaga compuesto y sin humanos… ¿Cómo lo solucionaron? Nos lo explica él mismo:

“Ahí empezó mi aventura de volar yo solito desde Málaga hasta Estados Unidos. Lo primero que tuvieron que hacer fue visitar a un veterinario que me hiciera una revisión y me pusiera las vacunas pertinentes. Después, con el documento que afirmaba que estaba sano como una lechuga, tuvieron que ir al Punto de Inspección Fronterizo (PIF) de la Junta de Andalucía para que firmasen la autorización para que yo viajara y, con ese documento firmado, cuya validez era de diez días, fueron a una empresa del Aeropuerto de Málaga que sería la encargada de llevarme. La empresa se llama CACESA y está en la terminal de Cargo del Aeropuerto. Deciros que, si no fuera porque estoy un poco rechoncho, yo podría haber viajado en cabina con ellos pero, por culpa de esos kilitos de más que uno siempre arrastra, no me quedó más remedio que viajar solo”.

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Chomsky con sus amos en su nuevo hogar

El presupuesto para el viaje del pobre Chomsky no fue moco de pavo: 1.500 euros (mis amos, por ejemplo, pagaron 150 por llevarme en cabina), más el trasportín ese que a mi amigo no le gusta nada, nadita. Pero no hubo otro remedio:

“Y llegó el día de mi viaje. A las 9 de la mañana tenía que estar en el aeropuerto dentro de esa jaula infernal y sobre las 11 embarqué en un avión de Lufthansa rumbo a Frankfurt. Sí, no fui en un vuelo directo. Esa noche la pasé en un hotel para mascotas del aeropuerto, bueno, hotel lo llamaban ellos, yo diría que no llegaba a motel de carretera, y al día siguiente volé desde Frankfurt hasta Atlanta. Como os podréis imaginar, pasé nervios y mucho miedo, especialmente durante el despegue y el aterrizaje, y también hubo algunas turbulencias que me hicieron pensar que mejor me hubiera quedado en Málaga con el felino, aunque maullara y me robara los trozos de jamón cocido”.

“Pero todo sacrificio tiene su recompensa, o al menos el mío lo tuvo. Mis humanos viajaron desde Carolina del Sur hasta Atlanta para recogerme. Eso sí, antes de poder verme tuvieron que pasar por la aduana con mi documentación y esperar a que un señor muy serio pusiera el sello correspondiente que me dejara entrar en el país. Después de eso, por fin, pude escuchar sus voces y me dejaron salir del trasportín para mover el rabo como nunca lo había hecho. Creo que estuve varios días con dolor de espalda y todo de haberlo movido tanto. Y nunca olvidaré nuestro viaje en coche desde Atlanta hasta Columbia, los nuevos paisajes, la gente hablando en inglés cuando hacíamos paradas en estaciones de servicio, mi nueva casa, ¡el balcón para poder asomarme!”.

Ahora Chomsky, como yo misma, es un perro feliz y perfectamente adaptado a la vida en Norteamérica, donde las posibilidades de viajar para un perro son muchas. Os dejo encima el vídeo de cómo fue su llegada y también podéis seguirle en Twitter. ¿A que os ha gustado la historia? Es lo que tiene viajar con animales: no resulta fácil; hay ser responsables y estar bien preparados. A este respecto, nada mejor que una buena guía, como las que para Madrid y Barcelona acaba de publicar SrPerro, la web preferida de los urbanitas perrunos en España, con direcciones y pistas favoritas para ambas ciudades. Dos guías tan útiles como originales para que los dueños de canes puedan disfrutar aún más de sus paseos cotidianos por la ciudad. ¡Guau y reguau! ¡Mola un hueso (o dos)!

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