Consejos para conseguir que los niños se vayan a la cama en verano

La dificultad de acostarlos puede ser mayor durante las vacaciones.

Patricia Peyró. 25/07/2023
Foto Unsplash @anniespratt

Todos los padres tenemos alguna historia que contar sobre los hábitos de sueño de nuestros hijos.  ¿Quién no se identifica con lo del “vaso de agua” una noche sí y otra también?  Acostar a los niños, sobre todo en verano, puede convertirse en un verdadero reto si no establecemos cierto orden. Algo que ahora resulta más difícil por la propia dinámica de las vacaciones.

Así y todo, durante la época estival no debemos flaquear en el propósito de conseguir que los niños se sigan acostando cuando deben.  Toma nota de lo que puedes hacer para mejorar sus rutinas de sueño y conseguir que se vayan a la cama más fácilmente.  Les harás un favor a ellos, pero también a toda la familia.

Las vacaciones desajustan los ritmos de toda la familia

Lo sabemos:  las vacaciones son momentos en los que estamos mucho más relajados y en los que tendemos a ser igualmente laxos en cuanto a nuestros hábitos más saludables.  Al igual que comemos cosas que normalmente evitamos o podemos pasarnos un poco con el alcohol, tendemos a trasnochar y a “disfrutar de la vida” todo lo posible.

Por otra parte, lo hacemos con todo el derecho del mundo, ya que es muy importante desconectar física y mentalmente del trabajo cada cierto tiempo. Hasta ahí, bien. Sin embargo, esta alegría que nos pide el cuerpo suele ser incompatible con los niños pequeños. Tanto por sus necesidades como por sus demandas.  Entre las primeras se encuentran una serie de rutinas que hay que respetar para que se sigan criando sanos, y una de ellas pasa por respetar unos buenos hábitos de sueño.

Niños (Foto: Pixabay)
Los niños se resisten a irse a la cama porque prefieren seguir con sus padres en vez de estar solos. Foto: Pixabay

¿Por qué les cuesta tanto irse a la cama?

Para los niños, acostarse supone un ejercicio de separación de los padres, y esto no debemos olvidarlo.  Por ello, y de forma casi instintiva, tratan de posponer ese momento todo lo que pueden.  ¿Cómo lo consiguen?  Pues a base de condiciones a las que normalmente accedemos los padres, en un vaivén de negociaciones que puede volverse infinito.

Entre estas condiciones suele estar algún tipo de actividad que al final se convierte en una costumbre inamovible, en cuanto la repetimos dos días seguidos. “Leemos el cuento y a la cama”, “vale, dejo la puerta entreabierta”, “venga, que te acerco a tus tres peluches y ya te duermes”, “un besito y te dejo tu bebedor ahí”…. Seguramente te suenan alguna de estas frases.

Estos hábitos en forma de rituales antes de acostarse son muy positivos en la medida en que ayudan al niño a aceptar la separación y a sentirse más tranquilo para irse a dormir. Además, son una manera de fomentar el vínculo paterno-filial a través de una actividad agradable que les gusta a ellos pero también a nosotros.  No obstante, si no ponemos límites a sus demandas, estas irán a más.  Es decir, el vaso de agua no será uno, sino dos.  Y a lo mejor, su libro favorito, habrá que leerlo 5 ó 6 veces cada noche.

¿Cuántas horas deben dormir?

Irse a la cama no es una cuestión de que los padres puedan, por fin, descansar de sus hijos y tener un rato para ellos (que también).  Lo más importante de acostar a los niños a su debido tiempo, también en verano, es que ellos tienen que dormir una serie de horas.  Según la Asociación Española de Pediatría (AEPED), son las siguientes por edades:

  • Bebés:  entre 16 y 18 horas al día.
  • A partir de los 2 años:  13 horas diarias.
  • De 3 a 5 años:  entre 10 y 12 horas diarias.
  • De 6 a 10 años:  unas 10 horas al día.
  • Adolescentes: entre 8 y 10 horas diarias.
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Conseguirás que se vayan a la cama respetando y manteniendo unas rutinas. Foto Unsplash @kellysikkema

¿Por qué es tan importante que los niños duerman? 

Además de dormir un cierto número de horas, este sueño tiene que ser reparador para cumplir su papel en varios sentidos:

  • En primer lugar, porque la hormona del crecimiento se produce por la noche. Por lo que el hecho de no dormir afecta directamente a su crecimiento.
  • Durante el sueño de producen mecanismos neuronales que afectan al desarrollo cognitivo del niño.
  • La calidad del descanso estará relacionada con su desempeño académico. Sólo cuando haya descansado, el pequeño podrá responder adecuadamente a los estímulos de aprendizaje que se le presenten al día siguiente en el colegio.
  • Igualmente, en el entorno escolar, el haber dormido lo suficiente se reflejará en sus relaciones sociales.  Estas podrían verse afectadas por la falta de descanso y el impacto negativo en el humor y en la energía del niño.
  • Numerosos estudios han demostrado una relación entre la falta de sueño y la obesidad. El no dormir puede afectar al metabolismo, y en niños aumentar la probabilidad de que sean futuros adultos obesos.

Si no duermen bien o lo suficiente, se alteran

Por otro lado, un niño cansado es sinónimo de un niño nervioso. Estos nervios pronto se convertirán en llanto; llanto que, por su parte, conseguirá alterarnos a todos los demás, en un suma y sigue de problemas para toda la familia y que debemos tratar de evitar a toda costa.

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Leer un cuento y hacer algo con tus hijos antes de dormir es positivo porque les tranquiliza. Foto Unsplash @anniespratt

Consejos para favorecer sus hábitos de sueño

  • A los niños no les gusta salir a trasnochar ni ir a cenar por ahí con sus padres. Respeta sus necesidades, y si queréis salir vosotros, contratad a una canguro que se quede en casa con ellos.
  • Mantén un horario de verano para acostar a los niños a la misma hora todos los días. Este podrá moverse 1 ó 2 horas porque los días son muy largos, pero ha de ser consistente durante las vacaciones.
  • Dado que la luz puede dificultar la conciliación del sueño, cierra las persianas y evita que estén expuestos a las pantallas antes de irse a dormir. La luz de los dispositivos interfiere con la producción de melatonina.
  • Asegúrate de que haya un ambiente fresco en la habitación. Recuerda que es verano y las temidas “noches tropicales” no ayudan precisamente al descanso.
  • Procura que hagan algo de deporte o ejercicio adecuado a su edad un par de horas antes de irse a la cama para favorecer el sueño.  Las actividades al aire libre serán la mejor opción para que disfruten y luego quieran coger la cama.
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Conviene cerrar las persianas para contrarrestar el efecto de la luz. Foto Unsplash @thedakotacorbin
  • En verano también habrá que negociar un poco. Si no son muy pequeños, y no quieren dormir la siesta, a lo mejor se la pueden saltar y ver una película o jugar a algo tranquilo mientras tú descansas. También así dormirán mejor evitando el insomnio nocturno.
  • Salvo etapas de lactancia y cuando se practique el colecho, el niño debe tener su espacio y dormir en su propia cama, no con sus padres. Porque sea verano no quiere decir que haya que cambiar este hábito.
  • Respeta ese tiempo y rituales previos a la hora de meterlos en la cama, ya que son necesarios para darles tranquilidad. Podrás adaptarlos o acortarlos un poco, pero mantén alguna actividad conjunta con tu hijo, como pueda ser leer un cuento, escuchar su canción favorita o darle un pequeño masaje.

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