El ‘secreto de la vida’

Celebramos pronto el aniversario de un descubrimiento que cambió la ciencia. El del ADN

Rafael Timermans. 14/04/2015
Cadena del ADN
Cadena del ADN
Cadena del ADN

Hemos estudiado en el colegio, creo que tanto los de ciencias como los de letras, la elegante, simple, bella incluso, estructura del ADN (Ácido Desoxirribonucleico). Ese lugar mágico que encierra la información esencial del ser humano, de la vida, de la herencia, de la individualidad. Los que la describieron fueron premiados con el premio Nobel, como no podía ser menos. Recibieron todos los honores y fueron aclamados por sus contemporáneos y hasta hoy nos impresiona su hallazgo. Se investiga día tras día en busca de cura a enfermedades de origen genético, mejora de la salud, medicina personalizada, prolongación de la vida. Y así sin fin.

Con enorme modestia y en un breve artículo en la revista Nature, Watson y Crick escriben en 1953: «Deseamos sugerir una estructura para la sal del ácido desoxirribonucleico (ADN). Esta estructura posee nuevas características que son de considerable interés biológico». Y tanto interés. No hemos parado desde entonces de darle vueltas. Y lo que nos queda.

Watson y Crick con una arcaica representación del ADN
Watson y Crick con una arcaica representación del ADN

Esa sencillez con la que informan al mundo científico de una propuesta, una suposición, una intuición sobre una estructura. Más aún: ambos autores lo que habían hecho era recopilar toda la información disponible hasta ese momento en experimentos y, con cartones, alambres, palos habían buscado una estructura que respondiera a ella. Aunque el debate posterior fue más una pelea de egos científicos, ya que parte de la comunidad científica acusó a ambos autores de apropiarse de investigaciones ajenas y de no tener mérito por haber únicamente deducido a partir del trabajo de los “auténticos investigadores”, hoy en día son reconocidos por su perspicacia, ingenio y trabajo. 

El trabajo de investigación, imprescindible, por el que se premió a Maurice Wilkins junto a ellos, pero no a Rosalind Franklin, lo que llevó a ciertas acusaciones de machismo en ambientes académicos, fue en este caso complementado por científicos que sin contribuir a la ciencia con aportaciones experimentales, lo hicieron con el pensamiento.

Maurice Wilkins y Rosalind Franklin
Maurice Wilkins y Rosalind Franklin

Cuando los gurús de la empresa nos recomiendan que periódicamente, digamos una vez a la semana, nos sentemos en el trabajo solo a pensar, a organizarnos, a llegar a conclusiones. Cuando los gurús del crecimiento personal recomiendan pensar, dejar la mente en blanco, pararse periódicamente. Va a ser que vamos deprisa. Que no llegamos. Que corremos por obtener resultados cuando en tantas ocasiones lo que debemos es parar, pensar, releer, mirar a otro lado, incluso cerrar los ojos.

Va a ser que las cosas son más simples de lo que creemos. No siempre, pero en tantas ocasiones que lo que buscamos es el retorcimiento, la segunda intención, la verdad oculta. Que para el muro de Facebook parece bonito poner la simplicidad de las miradas de los niños, sus respuestas ante situaciones que creemos irresolubles. Pero en el día a día nos empeñamos en retorcerlo todo. Celebramos pronto el aniversario de  un descubrimiento que cambió la ciencia. Quizá un día empecemos un escrito escribiendo: “Propongo una nueva, elegante, y sencilla solución al problema descrito…”. Quizá, mejor, lo simple.

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