Lo de Andreas Lubitz no fue ‘sólo’ una depresión

El que se lleva por delante a otras 149 personas provocando una espeluznante catástrofe con repercusiones mundiales no tiene sólo una depresión

Ana Villarrubia. 07/05/2015
Andreas Lubitz buscó en Internet cómo suicidarse un día antes de estrellar el avión
Andreas Lubitz buscó en Internet cómo suicidarse un día antes de estrellar el avión
Andreas Lubitz buscó en Internet cómo suicidarse un día antes de estrellar el avión

“Si estaba deprimido y quería suicidarse, ¿por qué se llevó por delante a otras 149 personas?”. Ésta es la pregunta que todos nos hicimos a medida que se iban publicando nuevas informaciones tras la abominable supuesta matanza aérea del pasado 24 de marzo en Los Alpes franceses. Saber que no había sido un accidente solo lo hacía todo aún más macabramente inquietante. 

En nuestro país se calcula que alrededor del 5% de la población sufre depresión (cifras que son más elevadas y llegan a duplicarse en el norte de Europa y Estados Unidos), siendo tres veces más prevalente este diagnóstico entre la población joven (de 18 a 29 años) y siendo dos veces mayor el riesgo de sufrir un episodio depresivo en mujeres que en hombres a lo largo de la vida. La posibilidad de que se dé una conducta suicida es elevada durante todo el tiempo en el que se prolongan los síntoma depresivos. De hecho, de los diez suicidios que al día se cometen, de media, en España, entre el 40% y el 60% se explica en el contexto de un diagnóstico de depresión. Y España tiene una de las tasas más bajas de Europa.

andreasavion
Andreas Lubitz estrelló un avión de Germanwings matando a 149 personas

El riesgo de suicidio en la depresión está directamente ligado a su patrón de pensamiento y su bajo ánimo, síntomas que le son característicos: la pérdida de placer en las actividades cotidianas y el ánimo constantemente deprimido se suman a un patrón cognitivo en el que reinan ideas de desesperanza, indefensión, inutilidad, culpa  y pensamientos de muerte recurrentes.

Cuando la persona con depresión decide ponerle fin a su vida es posible que no se hayan dado intentos de suicidio fallidos con anterioridad  porque la persona, llevada por intensas sensaciones de desesperanza, decide poner fin a su sufrimiento (y al de quienes a su alrededor también sufren su enfermedad) de forma drástica y definitiva. Cuando un deprimido se suicida lo hace porque no puede soportar más el sufrimiento y porque el autorreproche por hacérselo pasar mal a los allegados le resulta inaceptable.

Andreas Lubitz dijo a su ex
Andreas Lubitz dijo a su ex-novia: «Un día haré algo por el que todos conocerán mi nombre»

Si el primero a quien daña un depresivo es a sí mismo y la culpa por  generar sufrimiento a su alrededor le acompaña a lo largo de toda su enfermedad, ¿qué sentido tendría matar? El que se lleva por delante a otras 149 personas provocando una espeluznante catástrofe con repercusiones mundiales no tiene sólo una depresión. No se trata de un acto de discreto sufrimiento. No tiene sólo la intención de quitarse de en medio.

Juntemos entonces las piezas del puzzle. La frase que la novia de Lubitz aseguró que él había pronunciado: “Un día haré algo que cambiará todo el sistema y entonces todos conocerán mi nombre y lo recordarán”. Su fijación casi extravagante e irracional por volar. Un problema de visión que le apartaría de toda expectativa en el mundo de la aviación. La decisión voluntaria de hacer descender el avión. Los larguísimos ocho minutos en los que podría haber cambiado de opinión. La respiración sosegada registrada por la caja negra del avión.

librodepre2
Libro ‘Las Personalidades Antisociales’ de David T. Lykken. Haz clic para comprarlo

La maldad existe y se vincula a un perfil de personalidad con marcados rasgos psicopáticos y narcisistas. El llamado trastorno antisocial de la personalidad en el que está implícita la capacidad para actuar de forma impune, irresponsable  e imprudente sin consideración alguna del otro o de ningún tipo de norma social establecida; junto con un perfil narcisista en el que uno puede desenvolverse socialmente sin empatía alguna, absorto en delirios de grandeza, con tremenda arrogancia y una capacidad despiadada para utilizar a los demás como instrumento para la consecución de fines propios.

Esto daría lugar a una persona fría y orgullosa capaz de todo desprecio con tal de salvaguardar su fantasía delirante, su propia idealización personal. Fantasía que, en caso de destruirse irremediablemente, generaría la percepción de un inmenso agravio y una desmedida rabia contra el mundo. Tan desmedida como el delirio de grandeza inicial.

andreascorriendo
Andreas Lubitz era aficionado al running

Esta combinación, cuando es patológica, puede convertirse en la definición misma de la crueldad. «Si la vida del otro no tiene valor, la compasión no existe en mi vocabulario y considero que la herida en mi orgullo es imperdonable no solo deshumanizo a los demás sino que termino por deshumanizarme yo también». Todo síntoma aparentemente depresivo es un espejismo y se corresponde con el resultado anímico de  la desesperanza frente a la meta truncada y la bajísima resistencia a la frustración. Pero, en vista de lo sucedido, lejos de dejarse llevar por la tristeza, como lo haría un depresivo, Lubitz se dejó llevar por el resentimiento (quizá incluso la necesidad de venganza) y el deseo de pasar a la posteridad. Costara lo que costara. A los hechos me remito.

No todo perfil psicopático implica tales niveles de enajenación. Por eso, en este caso, el perfil narcisista y psicopático supondrían sólo un punto de partida; eso sí, teóricamente más acertado que el diagnóstico por depresión mayor. Y la posibilidad de no volver a volar un mero desencadenante. Mucho habría que bucear en la vida de Andreas Lubitz y ya sin una adecuada evaluación psicopatológica nos es imposible hacer un buen diagnóstico. Ahora bien, lo que sí podemos decir es que, para lo que ese hombre decidió hacer aquél día, hace falta tener algo más que una depresión.

Libro
Libro ‘Guía práctica contra la depresión’ de Enrique Rojas. Haz clic para comprarlo

Y, frente a esta reacción patológica, ¿qué habría hecho una persona sana en su lugar ante la negación a perseguir un sueño al cual se ha dedicado una vida? Seguramente pasarlo mal, con casi total probabilidad experimentar síntomas depresivos o de fuerte ansiedad, quizá incluso llenarse de ira y estallar con rabia pagando la frustración en casa con las personas de más confianza, a lo mejor también llorar desconsoladamente en soledad… Pero después habría salido del bache, habría utilizado otras estrategias de afrontamiento para rehacer su vida y, con más o menos ayuda, habría tratado de construir o reencauzar nuevos proyectos de vida.

Relacionados

Últimas noticias

Subir arriba

Este sitio utiliza cookies para prestar sus servicios y analizar su tráfico. Las cookies utilizadas para el funcionamiento esencial de este sitio ya se han establecido.

MÁS INFORMACIÓN.

ACEPTAR
Aviso de cookies
Versión móvil