¿Qué vínculo de apego le das a tu hijo?

La relación con nuestra figura de apego, normalmente la madre, marca el tono emocional con el que después nos relacionamos con el resto del mundo. ¿Cuál es tu estilo de apego?

Ana Villarrubia. 20/04/2017
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El vínculo de apego es nuestro lazo afectivo más primario, ese a través el cual nos adentramos en el mundo de las relaciones interpersonales y aprendemos que nuestras necesidades emocionales merecen ser atendidas y satisfechas. Nuestra figura de apego es esa que estuvo ahí desde primer minuto y nos enseñó un estilo muy característico a la hora de socializarnos, es decir, de relacionarnos con los demás. Normalmente es la madre la que encarna este rol pero por diversas circunstancias vitales este papel también puede venir representado por el padre, un abuelo o un cuidador, una persona que, en definitiva, se encargara de velar por nuestra protección y estuviera a nuestro lado desde bien temprano.

Más allá de su esencial guía en las primeras etapas de socialización, el apego tiene una trascendencia fundamental a lo largo de toda la vida. Porque el estilo con el que aprendimos a vincularnos deja en nosotros una impronta y marca una tendencia que tiende a repetirse. Podríamos decir que, en parte, nuestra forma de vincularnos con otras personas (amigos y parejas principalmente, hablamos siempre de relaciones con un componente de intimidad para apelar al estilo de apego y que éste sea relevante) quedó delineada gracias a la forma en la que aprendimos a relacionarnos con nuestra figura de apego.

El apego seguro es el mejor, el que nos hará sentirnos queridos y poder tener relaciones sanas

Por eso se dice que la relación de pareja, la de mayor intimidad y profundidad emocional de todas cuantas solemos compartir en la edad adulta, viene marcada también por nuestra forma de apegarnos al otro, esa forma que de bebés aprendimos y que nos acompañó a través de nuestras primeras etapas de socialización y desarrollo. A grades rasgos podemos describir cuatro tipos de vinculación de apego:

Apego seguro. Es el que adquiere el niño (y el futuro adulto) que ha aprendido que su cuidador le ama, le cuida y le protege de forma incondicional, habiendo podido recurrir a su figura de apego cuando la ha necesitado. Es capaz de construir relaciones de intimidad (sin temerla o rehuir de ella) y tiene la experiencia de que para él siempre ha habido un suministrador de afecto disponible, aun cuando hubiera que ponerle límites. Estos niños aprenden a sentirse seguros en las relaciones con los demás, tienen a ser confiados, son coherentes en su forma de acercarse a otras personas, y tienen la capacidad de sentirse queridos y seguros en la relación de dos.

El apego ansioso puede hacer que el niño sea excesivamente dependiente

Apego ansioso. Es el resultado de un cuidador excesivamente protector que no permite que el niño asuma ningún tipo de iniciativa, ni siquiera en relación  a aquellas que sí le corresponden por su nivel de madurez. El niño adquiere la idea implícita de que necesita ser protegido en todo momento y teme no serlo, llegando a llevarse importantes disgustos en caso de perder a su cuidador de vista y quedarse expuesto, sin la garantía de su protección. Corre el riesgo de ser dependiente y vive el alejamiento de su figura de apego con excesiva ansiedad y mucha angustia. De mayor vivirá preocupado por no ser valorado por otras personas del mismo modo que él las valora a ellas.

Apego ambivalente. El cuidador no ha sido consistente en su acercamiento al niño y tan pronto ha transmitido seguridad como le ha desprotegido o le ha empujado a ser independiente de manera injustificada, sin que estuviera preparado para ello. La falta de coherencia en la conducta de la figura de apego genera también respuestas ambivalentes o incoherentes en el niño que no llega a interiorizar un patrón claro de cuidado y protección por parte de su cuidador. No es exactamente seguro, ni puramente ansioso o evitativo, pero se ha encontrado en todas esas posiciones y reacciona con ansiedad y urgencia ante la incertidumbre o ante la incógnita de saber si podrá o no tener disponible a su figura de apego. El adulto con este tipo de vinculación desea tener relaciones cercanas con los demás pero al mismo tiempo teme ser herido.

El apego evitativo hará niños muy independientes

Apego evitativo. Es el resultado de un cuidador excesivamente independiente o distante desde demasiado pronto, que reacciona poco ante las demandas del niño tratando de transformarlo en un ser autónomo incluso cuando no está preparado para ello. Es una figura a veces inexistente ya que para el niño su cuidador no es una figura mucho más relevante que un extraño cualquiera. El niño es bastante indiferente a la presencia o ausencia de su referente y por ello su vínculo es paradójico pues también brilla por su ausencia. De niño tenderá a ser rebelde, de mayor tendrá dificultades para aceptar que otros cuenten con él y se sentirá autosuficiente incluso en terrenos en los que le sería más saludable contra con los demás, como en el ámbito emocional, por ejemplo.

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