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¿El poder nos corrompe?

¿Existen líderes poderosos y no abusivos? Ejercer el poder es un arte que no todo el mundo es capaz de gestionar.

Ana Villarrubia. 13/04/2017

Los buenos líderes son personas poderosas y carismáticas, pues entre sus funciones principales se encuentran las de inducir respeto y lealtad ante el grupo al que representan o la de influir sobre él de la manera adecuada para servir de guía hacia la consecución de sus objetivos. Ejercer ese poder es un arte: el arte de motivar, de inducir obediencia, de generar sinergias y estrategias de cooperación necesarias para alcanzar una meta. Es un hecho que poder, liderazgo y carisma van de la mano pero… ¿qué hay del poder y la tiranía? ¿Son también compañeros de viaje?

Ejercer poder es un ejercicio de responsabilidad que no todo el mundo tiene

“El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”, rezaba Lord Acton en el año 1887. Y casi un siglo después, la ciencia trataría de demostrar la validez del análisis del escritor e historiador católico de origen británico y alemán. En 1971, un equipo de investigadores de la prestigiosa Universidad de Stanford liderado por el psicólogo Philip Zimbardo, se proponía estudiar el comportamiento de las personas en función de los roles sociales que nos toca desempeñar. Para ello, los alumnos de Zimbardo fueron asignados aleatoriamente a dos grupos bien diferentes en un original experimento, que funcionaba como un auténtico juego de rol en vivo: algunos desarrollarían el papel de carceleros, guardias ataviados con uniformes y objetos de inspiración militar para favorecer el ejercicio de su rol, mientras que otros jugarían a ser reos, con atuendo de prisioneros y en clara desventaja social con respecto a sus guardas en el escenario de una cárcel.

El experimento no duró más de seis días, ocho menos de lo que se había previsto. Un Zimbardo sorprendido y alarmado ante el descontrol y el dramatismo de las escenas que desfilaban ante sus ojos no tuvo más remedio que dar orden de paralizar la investigación, que nunca más fue retomada en los mismos términos. Los prisiones (recordemos que se trataba solo de un papel encarnado por estudiantes de universidad) se habían convertido en auténticos abusones capaces de dar un trato humillante y vejatorio a quienes hacía escasas horas habían sido compañeros de pupitre, y solo porque se les había concedido un poder que demostraron no ser capaces de gestionar. Los reos, por su parte, adoptaron un sorprendente rol de sumisión, y consintieron un trato inhumano en nombre de la autoridad.

El experimento dividió a los participantes en carceleros y reos

Otros estudios más recientes han matizado esta realidad, pero no la han desmentido. Desde la Marshall School of Business de la Universidad del Sur de California y bajo el mando del profesor Nathanael J. Fast se ha demostrado que no toda persona en un rol poderoso pervierte su inercia habitual hacia un lado más abusivo y cruento pero que algunas personas sí que caen en esa trampa y sufren una dañina conversión.

En una organización son las personas con poca cualificación o poca categoría profesional los que se transforman en líderes maltratadores cuando se les coloca en un rol de poder para el que no habían sido preparados, para el que no habían seguido un proceso de cualificación y formación progresivas. Se apoyan en ejemplos de grandes organizaciones como el ejército de Estados Unidos donde se han detectado casos de aberrantes humillaciones sobre presos cometidas por soldados de bajo rango a los que se había concedido repentinamente, en el contexto de un conflicto bélico, responsabilidades propias de un cargo que no habían ostentado nunca (y a la vista está que no estaban preparados para desempeñar).

Michelle Obama dijo de su marido que «ser presidente revela lo que eres, no lo cambia»

Así las cosa, creo que es más razonable quedarnos con la brillante frase de Michelle Obama, ex primera dama norteamericana que, refiriéndose al estilo de liderazgo de su marido y poniéndolo en comparación con el estilo de otros grandes líderes mundiales afirmó: “Ser presidente no cambia quién eres, lo revela«.

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