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#CloseTo Jose Coronado: “La interpretación es el amor de mi vida”

Hablamos de cerca con uno de los galanes más queridos de nuestro país. Amante de su profesión, se confiesa afortunado y feliz.

Amalia Enríquez. 18/04/2017

Una tiene sus debilidades. Entre las confesables sin disimulo está él. Son ya muchos años de entrevistas y, aún a riesgo de que acabara hartándose de mí, quise volver a tenerle delante para hablar un rato e intentar hacerle recordar.

En su biografía lo definen como “galán”, algo que él asume con cierta resignación, porque no puede volver la espalda a una realidad que marcó el comienzo de su carrera. Nunca ha ido de guapo, siéndolo, y cultiva con maestría el encanto del desaliño. Rebelde comprometido con su tiempo, anuncia con la misma credibilidad los yogures más sanos o el chocolate más tentador que la película de turno. Esta vez “toca un nuevo palo”, el de la animación, y pone voz a un bebé muy peculiar…

Jose Coronado dice haber empezado “tarde” en el mundo de la interpretación

The Luxonomist: Solo te faltaba hacer esto, Jose…
Jose Coronado: Es lo que tiene esta profesión, que posee tantos tentáculos y ramificaciones, que nunca sabes lo que vas a acabar haciendo. Es un complemento más de un mundo que me apasiona, el del doblaje. Me divierto mucho haciéndolo. Hoy en día, además, no solamente quieren tu talento, sino también que los actores nos convirtamos en vendedores del producto, no cabe duda de que una cara conocida vende más que un anónimo. Doblando no siento presión, me dejo llevar y disfruto mucho, esa es la verdad.

TL: Ya tienes algo que contarles a tus nietos, porque tus hijos ya están creciditos para estas cosas…
JC:¿Te digo la verdad? Hice ‘El bebé jefazo’ porque no sé decir que no, Amalia. Tú me conoces (risas). A mí me dicen: “A la playa o al plató”, y me voy directo a rodar, de cabeza, sin pensarlo. Me enamora mi profesión y un actor de este siglo tiene que “tocar todo los palos” y dominar tanto el cine, como el teatro o la televisión. A mí me gusta todo eso y recitar poesía, doblar dibujos, poner voz a documentales de naturaleza… Cualquier cosa que pueda expresar mi profesión en los diferentes formatos.

TL: ¿Alguna vez consigues no hablar de trabajo?
JC: (risas) No sé, la verdad es que la interpretación es el amor de mi vida. Es una constante porque, sin premeditarlo, la mayoría de las veces te llevas el trabajo a casa. Por mucho que sepas colgar el traje cuando terminas de rodar, un actor está siempre construyendo y moldeando el personaje, lo que por otra parte es maravilloso porque te alimentas también de ello. En la medida que tú bucees en la elaboración de tus personajes, no dudes que te puede enriquecer personalmente y ayudarte a sacar conclusiones de trabajos que has hecho. Si no incides en eso, nunca te habrías parado a pensar en la aportación emocional que te ha generado.

TL: ¿Cuándo descubres que hay vida más allá del set de rodaje?
JC: Sé que la hay y que está llena de cosas buenas, pero tengo la suerte de que lo que realmente me divierte es mi trabajo. Por supuesto que hago otras cosas. Las disfruto, como cualquier otro ser humano, pero las vivo de puertas adentro con mi familia, mis relaciones y mis amistades. Mi gran fortuna es que el trabajo no es trabajo, es una forma de vida que me está continuamente haciendo crecer. No voy a entender nunca la vida alejada del trabajo, no sé si sabría vivir. Si ahora me pones en una montaña en un sitio maravilloso y me dices que allí me puedo quedar a vivir, no sería feliz.  Todavía me siento fuerte para poder seguir aportándome cosas a mí mismo y a la sociedad.

Reconoce que cambia de canal si de repente ve una película suya

TL: Es decir, no te imaginas haciendo otra cosa.
JC: No, no, no… Por suerte, en esta profesión que yo tengo, podrían pasar 300 años y nunca te aburrirías, no dejarías de aprender, ni de crecer personal y profesionalmente.

TL: Siempre incides en que empezaste muy tarde en esta profesión, a los 30 años. A esa edad, otros tienen ya su carrera encauzada. Sin embargo, tu currículum es para tenerlo en cuenta. ¿Si vuelves la vista atrás te reconoces inquieto, piensas en todo lo que te ha dado tiempo a hacer?
JC: Pienso en la suerte que he tenido, Amalia. Pienso en qué tipo más privilegiado soy, cómo me ha tratado de bien la vida. He luchado siempre por dar la talla, estar a la altura de la circunstancias e intentar no defraudar. Cada día que me levanto, cuando veo un nuevo trabajo que me ofrecen, pienso que algo he debido hacer bien en la vida para ser tan afortunado y estar recibiendo tanto.

TL: ¿Qué habría sido de tu vida si no hubiera aparecido la interpretación?
JC: Sin duda alguna habría sido una vida mucho más pobre, seguro. Mucho menos enriquecedora, mucho menos divertida. No sé lo que hubiera sido de mí. He sido un superviviente desde los 18 años, fui feliz hasta los 30 en todo lo que hice, pero no tanto como cuando descubrí esta profesión, que hace que me levante todas las mañanas con una sonrisa aunque sean las cinco y media de la madrugada, cuando suena el despertador, y tenga que rodar con frío, lluvia o nieve.

TL: ¿Te reconoces en aquel superviviente?
JC: Sí, claro que sí. Sobre todo porque lo sigo siendo. Llevo 30 años sin parar de trabajar, pero sigo teniendo la sensación de que me tengo que ganar el siguiente trabajo. Nunca bajo la guardia porque no tengo claro que esté todo ganado.

Reconoce haber sido feliz siempre

TL: ¿Cómo es posible que tengas esas dudas?
JC: No lo sé. No soy inseguro a la hora de trabajar pero, personalmente, me supera y abruma tanta suerte en mi vida. No quiero creerme nada y, por tanto, me aplico la humildad lo máximo posible. Te confieso que pido, por Dios, que esto no se acabe.

TL: ¿Cuánto crees que hay entonces de suerte, casualidad, trabajo o causalidad en tu éxito?
JC: Lo importante es el trabajo. La suerte solo llega si te pilla trabajando, como decía Picasso. Yo creo que es fundamental saber trabajar, tener una disciplina, un conocimiento de las herramientas de la profesión para que, luego, te llegue esa suerte. Factores para que eso ocurra son, al margen de que yo pueda brillar en un personaje es que, como ser humano, deje una buena impronta, una buena estela detrás de mí, cargada de respeto y admiración, así como la capacidad de que pueda abarcar y desarrollar mi trabajo en diferentes formatos. Todo eso hace que vaya sumando. Por ejemplo, para mí ahora es importante saber controlar y manejarme bien en las redes sociales. Es un mundo que no me gusta en el terreno personal, pero entiendo que profesionalmente es eficaz y es la realidad en la que vivimos, por lo que hay que jugar y participar en ella.

TL: ¿Te recuerdas un niño feliz?
JC: Absolutamente, no tengas la menor duda.

TL: ¿Y ese niño iba al cine, había descubierto ya su magia?
JC:¡Claro que iba!

Jose con nuestra compañera Amalia, hace unos años

TL: Si te pregunto por esa primera película que te viene a la memoria… ¿la recuerdas nítidamente?
JC: Creo que fue ‘Bambi’.

TL: Un denominador común en la gente de tu generación…
JC:¿Te lo dicen todos? (risas). No somos originales, pero la que me marcó por completo fue ‘Peter Pan’.

TL:¿Por algo en concreto?
JC: Porque todos llevamos un Peter Pan dentro y, desde que vi esa película, supe que siempre tenía que ser ese personaje. El secreto de sobrevivir en esta profesión está en no dejar de ser niño por dentro, conservarlo, no perder su inocencia porque, si caes en el error de intelectualizarla, te equivocas.

TL: En la travesía hacia la madurez, ¿ha habido otras que se hayan instalado en tus preferencias?
JC: Yo vivía en la plaza de Chamberí y me acuerdo que, enfrente de mi casa, estaba el cine Chueca, en el que ponían doble sesión e ibas a echar la tarde ahí. Me acuerdo de ‘El mayor espectáculo del mundo’ y ‘La conquista del Oeste’. Entrar allí, en ese cine, era soñar. Por supuesto no tenía ni pensado dedicarme a ser actor y ¡mucho menos! imaginaba que podía tener cabida en este mundo. Disfrutaba solamente como espectador. Me encantaban las superproducciones americanas como ‘Cleopatra’, por ejemplo. Me haces recordar y, la verdad, disfrutaba mucho.

‘Peter Pan’ y ‘La Muerte íntima’ le marcaron mucho. Cada una de una forma.

TL: Imagínate que estás viendo la tele y ponen una película tuya. ¿Cambias de canal o te quedas a verla?
JC: No me quedo a verla, cambio. Me auto flagelo mucho con mis trabajos. No he aprendido aún a poder disfrutar de lo que hago, tal vez alguna película muy determinada pero… no, no la volvería a ver. Solamente puedo hacer un visionado más tranquilo con alguna película que haya quedado muy redonda sin castigarme, pero tiendo a ver lo que pude hacer mejor, decir esa frase de otra forma. Me castigo mucho y prefiero no verlas.

TL: Ser tan severo te impide ser más feliz, ¿no?
JC: Es posible, pero no puedo hacer nada contra ello. Me hierve la sangre cuando veo que una frase podía haber tenido otra entonación o que, en un plano, en lugar de mirar de lado tenía que haber mirado a la chica. No tengo remedio.  He aprendido a mentalizarme que “secuencia hecha, secuencia muerta”, porque el sufrimiento es innecesario. En el teatro es distinto porque lo maravilloso que tiene es que te permite seguir evolucionando y creciendo cada día, ninguna función es igual a otra y eso es maravilloso.

TL: Dicen que en el teatro es donde se ven los buenos actores…
JC: Sin duda alguna. Encima de un escenario es donde tienes que trabajar con todos los elementos, con tu voz, con tu cuerpo, con tu verdad, con una proyección de voz que es mucho más difícil que en el cine y es donde, de verdad, aprendes a construir personajes. Yo empecé con teatro y, cada vez que me viene un proyecto de cine, pienso que es teatro. Cuando llego el primer día a rodar, me da igual la secuencia que sea. Tengo la película en mi cabeza y me dispongo a trabajarla con las mismas pautas que tengo en el teatro.

TL: En tus prioridades… ¿estaría a la cabeza?
JC:¿El teatro? Sin duda alguna, porque es un aprendizaje constante. Me gusta y me divierte porque es donde puedo aprender y disfrutar de la historia en toda su vertiente. En el teatro eres tú el creador, el que marcas el ritmo, el silencio, el tiempo. Es una ceremonia en vivo, en la que puedes jugar con el público. Desde el escenario no les puedes mirar a los ojos, pero sí percibes su energía. Y eso te permite hacer malabarismos.

Reconoce amar profundamente el teatro. Foto: Javier Naval

TL:¿Es cierto que escucháis lo que ocurre en el patio de butacas?
JC: Se escucha todo, pero a mí no me afecta porque ya me he acostumbrado y educado para que no me saque de mi concentración ni el sonido de un móvil. Lo que sí me molesta enormemente es que sean compañeros, entre bastidores, los que hablen o hagan ruido mientras estás actuando. Eso sí que me saca de mis casillas, porque me parece una gran falta de respeto. Por lo demás, no soy de los actores que miran desafiantes al público si hablan, hacen ruido o no han apagado el teléfono.  Creo que hay que aguantar, sin inmutarse, esos chaparrones y lo que sea.

TL: ¿Eres de los que piensas que va en el sueldo?
JC: Por supuesto que sí, sin duda alguna.

TL: ¿Hay libros de cabecera en tu biblioteca o en tu mesilla de noche?
JC:¡Ya me gustaría tener más tiempo para leer! Vivo ahora una etapa menos lectora porque solo puedo concentrarme, en estos momentos, en los guiones que me llegan. De más joven leía muchísimo. Un imprescindible para mí es ‘La muerte íntima’, la historia de una doctora que ayudaba a morir a la gente en estado terminal. Me marcó muchísimo. Como comentábamos antes, como mi camino profesional va siempre bastante ligado al personal, lo leí cuando estaba interpretando una obra que se llamaba ‘Algo en común’, que era la historia de un homosexual que perdía a su marido a consecuencia del sida. Ese libro a mí me ayudó a contemplar algo tan tremendo como es, para cualquier ser humano, enfrentarte a la muerte y pensar sobre ella. Ese libro me hizo pasar de tener miedo al fenómeno de la muerte a hacerme amigo de ella y a considerarla, desde ese momento, un proceso de preparación para que, cuando llegue el día, no te digo que sea un momento de celebración, pero sí de aceptación absoluta.

TL: ¿Aceptarla tú o en un ser querido?
JC: La mía propia. Además, he descubierto que hasta llegar a ese punto, lo importante es vivir bien, que no llegue la hora y que te des cuenta qué mal has vivido, qué poco has disfrutado. Si has vivido bien y tienes un mínimo de racionalidad, de entendimiento y de aceptación, pues dices “bueno, pues ya está. He vivido, esto tenía que llegar y hasta aquí mi aventura”.

Así se hizo el selfie de la portada con nuestra compañera Amalia Enríquez

TL: Y en todo este camino vivido ¿has conseguido ser feliz?
JC: Yo siempre he sido feliz, Amalia. Siempre lo he sido, siempre.

TL: ¡Qué privilegio!
JC: Sí, lo sé. Siempre lo fui por suerte, por naturaleza. Y, luego, la vida me ha regalado tanto que no me permito la infelicidad, ni la protesta, ni el pataleo.

TL: ¿Eso te lo ha dado la madurez o ha sido siempre así?
JC: He sido un privilegiado desde niño y los años han hecho que, cada vez más, sea agradecido.

TL: Ese niño feliz y privilegiado, ¿qué diría del Jose hombre de hoy?
JC: Quiero pensar que pensaría “qué suerte ha tenido ese tipo, adónde ha llegado, qué bien le ha tratado la vida”. Lo digo porque yo veo que mis hijos me quieren, les gusta cómo soy y no me dicen lo contrario, no les doy vergüenza. Les gusta mi forma de vida y, por lo tanto, eso es lo que me importa. Mis hijos y mis amigos se alegran de cómo llevo la vida y de lo que he conseguido. Eso es lo que fundamental. Y ese niño fliparía con lo que me ha pasado, ni en el mejor de mis sueños imaginé todo lo logrado. Pensé que la vida iba a ser mucho más dura y aburrida. Y yo he tenido una vida muy fácil.

Localización: Hotel Urso. Próxima semana: Ana Milán.


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