Cómo evitar la obesidad infantil

¿Quién inventó eso de que un niño gordito en más sano? Un niño no tiene que estar gordo ni delgado, solo tiene que estar sano.

09 Ago 2017 Doctora María Jesús Pascual

Siempre me he hecho la pregunta de ¿por qué nos empeñamos en que el niño esté gordito?. Será quizás porque a mí me llegan la mayoría de los niños del otro lado, ‘los fenotipo llavero’ como yo les llamo cariñosamente. Pero claro, ¡ni tanto, ni tan calvo!. Posiblemente sea una creencia ancestral transmitida durante años. De generación en generación. Una creencia errónea y a día de hoy hasta peligrosa. Cada vez desgraciadamente en aumento, el sobrepeso y la obesidad infantil son ya una epidemia mundial.

En una era en la que no solo podemos curar las enfermedades, sino que podemos además prevenirlas y todos nos esforzamos por ello desde la infancia con nuestros hijos, dándoles lo que creemos lo mejor, es un poco triste que no nos demos cuenta de que el sobrepeso y la obesidad son un problema de salud pública. En este siglo “nadie debería morirse por estar gordo”.

La obesidad infantil es ya una epidemia del siglo XXI

La obesidad infantil a parte de condicionar muchísimos problemas médicos durante la infancia, (problemas osteoarticulares, respiratorios, digestivos y muchísimos problemas psicológicos), arrastra hasta la vida adulta una serie de enfermedades que van a provocar la muerte a edades que no nos deberían corresponder (enfermedades cardiovasculares, hipertensión, hipercolesterolemia, diabetes, todo englobado en lo que se conoce como síndrome metabólico). Enfermedades que se relacionan tanto con lo que comemos, en el fondo “somos lo que comemos”, como con los hábitos que adquirimos durante la vida. Sentarnos a jugar a la videoconsola en vez de saltar a la comba.

Algo, indudablemente, estamos haciendo mal. La vida evoluciona, eso ¡está claro! y todos tenemos poco tiempo. Con este ritmo de vida al final descuidamos algo tan importante como es la alimentación de nuestros hijos. No desayunan, comen en el colegio (no siempre de la manera más adecuada), meriendan lo que tenemos por casa o lo mas rápido para que se vayan a las clases extraescolares con el estómago lleno. Acaba la intensa jornada y cenan en muchos casos comida rápida, porque la vida no nos da para más.

Las nuevas generaciones llevan una vida más sedentaria

Tenemos coche, ascensores y en definitiva todo lo que nos facilita la vida. Llegan al colegio y sentados, clases particulares sentados, a casa a hacer los deberes también sentados. Si encima ven la televisión o están el ordenador el 90% del día están ‘sin gastar nada’. Se nos ha olvidado andar, montar en bici, jugar al ‘pilla pilla’ incluso quedar con los amigos en el parque porque ahora hablamos online. A parte de las muchas ventajas que tiene la socialización y que se nos está olvidando, estamos favoreciendo la mayor epidemia del siglo XXI, el sobrepeso y la obesidad.

¿Cómo prevenirlo? Desde pequeños, incluso antes de que nazcan, debemos cuidarnos a nosotros mismos. Cuando ya vienen al mundo, proporcionarlen lo mejor. La leche materna y en los casos en que no se pueda (que existen y tampoco hay por qué culpabilizarse), dándole una leche lo más parecida, con un contenido optimo de proteínas que permita su correcto desarrollo. Más tarde introduciremos la alimentación complementaria cuando haga falta.  No hay que ‘cebar’ al niño de pequeño, hay que  darle lo que tiene que comer cuando y como tiene que comerlo con el único objetivo de que crezca sano (que es lo que queremos), aunque sea menos cantidad de lo que a nosotros nos parece.

Educar a los niños desde pequeños a llevar una dieta sana puede prevenir la obesidad

Cuando van siendo mayorcitos educarles en lo que es una alimentación sana y equilibrada. Cinco comidas repartidas entre desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena. Un consumo de lácteos moderado (500cc al día), ingesta diaria óptima de hidratos de carbono (legumbres pasta y arroz) y no olvidar la fibra (frutas y verduras). Comer moderadamente proteínas de origen animal ( carnes, pescados, huevos) y dándole, porque también son necesarias para su crecimiento, grasas saludables (aceite de oliva). Evitar el consumo de grasas saturadas (bollería, fritos, comida rápida) así como hidratos de carbono de absorción rápida (zumos comerciales). En su lugar aumentar las dosis de agua y zumos naturales. Huir de los picoteos en la alimentación y favorecer que nuestro hijo esté activo, sin necesidad de que esté apuntado a nada. Hablo de subir las escaleras de casa, de ir andando a sitios cercanos,  jugar en la calle y evitar que su única diversión se centre en una pantalla.

Hacer, en definitiva, que nuestro hijo sea un niño más sano física y psíquicamente. Son todo cosas fáciles. Solo hay que hacerlas y practicarlas para que el día de mañana deje de transmitir eso de que un niño gordito es un niño sano (que no es verdad) y tampoco tenga que preocuparse por la obesidad (porque la hayamos erradicado). Tenemos todos que colaborar en que nuestro hijo aprenda a saber comer y a saber vivir de la mejor manera para que sea un niño, en su día un adulto, lo más sano que sea posible.

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